Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Viramontes, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Martes de la XX Semana del Tiempo Ordinario.
Tomado de: Palabra diaria con San Pablo.ec
PRIMERA LECTURA
Del libro de los Jueces 6, 11-24
Oh Dios, que admirablemente elegiste al presbítero san Juan Eudes para anunciar las incalculables riquezas de Cristo, concédenos, por su palabra y por su ejemplo, crecer en tu conocimiento, y vivir en fidelidad conforme a la luz del Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo… Le contestó Gedeón: “Perdón, señor mío. Si el Señor está con nosotros, ¿por qué han caído sobre nosotros tantas desgracias? ¿Dónde están todos aquellos prodigios de los que nos hablaban nuestros padres cuando nos decían: ‘El Señor nos sacó de Egipto’? Ahora, en cambio, el Señor nos ha abandonado y nos ha entregado a los madianitas”.
Entonces el Señor se volvió hacia Gedeón y le dijo: “Usa la fuerza que tienes, para ir a salvar a Israel del poder de los madianitas. Yo soy el que te envía”. Le respondió Gedeón: “Perdón, Señor mío; pero ¿cómo voy a salvar yo a Israel? Mi familia es la más pobre de la tribu de Manasés y yo, el más pequeño de la casa de mi padre”. El Señor le respondió: “Yo estaré contigo y tú derrotarás a todos los madianitas como si fueran un solo hombre”. Gedeón le dijo: “Si he alcanzado tu favor, dame una señal de que eres tú el que me habla. No te vayas de aquí, por favor, hasta que vuelva con una ofrenda y te la presente”.
Él respondió: “Aquí me quedaré hasta que vuelvas”. Gedeón entró en su casa, preparó un cabrito, y con una medida de harina, hizo unos panes sin levadura; puso la carne en una canastilla y el caldo en una olla, lo llevó bajo la encina y se lo ofreció al ángel. Pero este le dijo: “Toma la carne y los panes sin levadura, ponlos sobre esa roca y derrama encima el caldo”.
Gedeón lo hizo así. Luego el ángel del Señor acercó la punta del bastón que tenía en la mano y tocó la carne y los panes sin levadura. Salió fuego de la roca, consumió la carne y los panes, y el ángel del Señor desapareció. Entonces se dio cuenta Gedeón de que era el ángel del Señor y exclamó: “¡Ay, Dios mío, he visto al ángel del Señor cara a cara!”. Pero el Señor le dijo: “Que la paz sea contigo. No temas; no morirás”. Gedeón levantó un altar al Señor en aquel lugar y lo llamó: “La paz del Señor”.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 84
R. Escucharé las palabras del Señor.
Escucharé las palabras del Señor, / palabras de paz para su pueblo santo / y para los que se convierten de corazón. / Está ya cerca nuestra salvación / y la gloria del Señor habitará en la tierra. R/.
La misericordia y la verdad se encontraron, / la justicia y la paz se besaron, / la fidelidad brotó en la tierra / y la justicia vino del cielo. R/.
Cuando el Señor nos muestre su bondad, / nuestra tierra producirá su fruto. / La justicia le abrirá camino al Señor / e irá siguiendo sus pisadas. R/.
SANTO EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos”. Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron: “Entonces, ¿quién podrá salvarse?”. Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió: “Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible”. Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: “Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?”.
Jesús les dijo: “Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o esposa, o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Y muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros”.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión
Con el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
En la antigüedad, las ciudades amuralladas tenían puertas principales y otras más pequeñas, como el ojo de la aguja, que se utilizaba cuando la puerta principal estaba cerrada o en situaciones específicas.Estas puertas eran muy pequeñas y muy estrechas, permitían el paso de personas, pero no de animales grandes como camellos y menos si venían cargados. Me imagino que si llegabas de noche, por ejemplo, era necesario quitar todo lo que traían cargando para poder entrar por esa pequeña puerta; quizá hasta dejaban el camello afuera con algo de lo que traían cargado, con el riesgo de que se perdiera la carga o incluso que se llevaran hasta el camello.Las posesiones y el dinero son sinónimos de autosuficiencia. Nos dan seguridad, bienestar, satisfacción, posición, estatus, poder. Cuando tenemos todo eso, es común que podamos sentir que no necesitamos nada, incluso ni a Dios, porque ‘lo tenemos todo’. Y ese es el peligro de las riquezas o posesiones o cualquier otra cosa material que podamos tener: creer que no necesitamos a Dios.Seguramente has escuchado ese dicho que dice: ‘esa persona es tan pobre que lo único que tiene es dinero.’ ¡Triste!, ¿verdad? Qué difícil, cuando nos sentimos autosuficientes y no reconocemos que lo que tenemos proviene de Dios y que la felicidad no depende de nuestros bienes o de nuestras posesiones, sino de ser libres y seguir siendo felices el día que, por alguna circunstancia, perdamos algo de lo que tenemos. Porque ¿Qué pasará el día que no lo tenga? si de eso depende mi felicidad.Jesús no está en contra del dinero o de que tengamos bienes materiales. Lo que nos quiere advertir es que tengamos cuidado de cómo lo usamos y que el dinero o los bienes no nos quiten la libertad y la mirada de Él; tener, sin retener.Lo primero que debemos reconocer es que si Dios nos ha permitido tener lo necesario para que no nos falte nada, es por su providencia. Dios nos ha dado los dones y de nosotros depende administrarlos, dar fruto y repartir la bendición. Mucho, poco o lo necesario; la clave es ser humildes para que seamos capaces de reconocer que todo proviene de Él y ser agradecidos.En el libro de Proverbios 30 del 7 al 9, hay una muy buena clave para ubicarnos en esto dice: “Solo dos cosas te he pedido, oh Dios, concédemelas antes de que muera: aleja de mí la falsedad y la mentira. Y no me hagas rico ni pobre. Dame solo el pan necesario porque si me sobra, podría renegar de ti y decir que no te conozco. Y si me falta, podría robar y ofender así, tu divino nombre”.Dios sabe lo que necesitamos. Para entrar al reino hay que despojarse de aquello que nos estorba, ser humildes y sencillos. Revisa si en tu vida hay tantas cosas materiales, apegos o ídolos que no te dejan pasar por esa puerta estrecha para poder entrar en el reino.Piensa si hay algo que te cuesta dejar: tu tiempo, tu comodidad, tus ambiciones personales o incluso relaciones personales; piensa como administrador, no como dueño. En el reino de Dios, los valores se invierten. Vale más el que sirve, el que pone antes a los demás, que a uno mismo. Muchos primeros serán últimos y muchos últimos primeros.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazón. Cómo Maria, todo por Jesús y para Jesús. .

Conozcamos al santo de hoy, San Bernardo Tolomei, con el Padre Idinael Bedoya Guzmán, desde la Parroquia Madre del Redentor, Bogotá, Colombia.
