Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de La Mojonera, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Martes de la I Semana del Tiempo Ordinario.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del primer libro de Samuel 1, 9-20.
En aquellos días, después de la comida en Siló, mientras el sacerdote Elí estaba sentado en su silla junto a la puerta del templo, Ana se levantó y, con el alma llena de amargura, se puso a rezar al Señor, llorando a todo llorar.
Y añadió esta promesa: «Señor de los ejércitos, si te fijas en la humillación de tu sierva y te acuerdas de mí, si no te olvidas de tu sierva y le das a tu sierva un hijo varón, se lo entrego al Señor de por vida, y no pasará la navaja por su cabeza.»
Mientras ella rezaba y rezaba al Señor, Elí observaba sus labios. Y, como Ana hablaba para sí, y no se oía su voz aunque movía los labios, Elí la creyó borracha y le dijo: «¿Hasta cuándo te va a durar la borrachera? A ver si se te pasa el efecto del vino.»
Ana respondió: «No es así, Señor. Soy una mujer que sufre. No he bebido vino ni licor, estaba desahogándome ante el Señor. No creas que esta sierva tuya es una descarada; si he estado hablando hasta ahora, ha sido de pura congoja y aflicción.»
Entonces Elí le dijo: «Vete en paz. Que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.»
Ana respondió: «Que puedas favorecer siempre a esta sierva tuya.»
Luego se fue por su camino, comió, y no parecía la de antes. A la mañana siguiente madrugaron, adoraron al Señor y se volvieron. Llegados a su casa de Ramá, Elcaná se unió a su mujer Ana, y el Señor se acordó de ella.
Ana concibió, dio a luz un hijo y le puso de nombre Samuel, diciendo: «Al Señor se lo pedí.»
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la primera lectura
Jesús les dijo a sus discípulos: «Todo lo que pidas con fe lo recibirás». Pero, ¿Qué significa pedir con fe? La respuesta la encontramos en este pasaje, en el que el autor sagrado nos dice que después de orar y de hablar con el sacerdote, «el rostro de Ana ya no era el mismo». Es decir, la mujer apesadumbrada que va a pedir a Dios un hijo para consagrárselo de por vida, es ahora una mujer feliz que efectivamente cree que esto será a su tiempo. Creer significa actuar como si lo que habrá de suceder en el futuro fuera ya ahorita una realidad. Esto quita de nuestro rostro el rasgo de la angustia y de la frustración ante la seguridad de que Dios ha escuchado, y lo que hemos pedido ya está realizado en el futuro. Sin quitar la libertad de Dios que sabe lo que es bueno y lo que no para nuestra vida, por lo que ninguna oración o actitud lo pueden convencer de darnos algo que no fuera bueno para nosotros. Esta actitud de fe nos hace esperar con paz a que la voluntad de Dios actúe en nosotros y en nuestras familias. Cuando pidas algo al Señor, cambia tu rostro y tu actitud creyendo firmemente que Dios, en sus planes, ha dado ya cumplimiento a lo que pediste. Esto traerá paz y alegría a tu vida.
Salmo 1S 2, 1. 4-8abcd
R/. Mi corazón se regocija por el Señor, mi salvador
Mi corazón se regocija por el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación. R/.
Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía. R/.
El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece. R/.
Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria. R/.
Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 1, 21-28.
En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios». Jesús le ordenó: «¡Cállate y sal de él!» El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: «¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen». Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
El pasaje del Evangelio de hoy nos sitúa en la sinagoga de Cafarnaúm, donde Jesús empezó a enseñar. Lo que más impacta a la gente no es solo el contenido de lo que dice, sino cómo lo dice. El texto menciona que enseñaba con autoridad y no como los escribas.
En nuestra realidad moderna estamos llenos de información en las redes sociales por los influencers y personas que hablan mucho, pero dicen poco. Sin embargo, cuando alguien habla con la verdad y desde el corazón, se nota la diferencia. Jesús no repetía de memoria las leyes, sino que hacía las cosas, las ponía en práctica desde el corazón, su Palabra conectaba con la vida real de la gente.
Eso nos invita a pensar ¿a quién le estamos dando autoridad en nuestra vida? ¿Escuchamos el ruido del mundo, el influencer de moda o el conferencista famoso? ¿o buscamos mejor la voz de Jesús que realmente conoce nuestra esencia?
De pronto, el hombre del espíritu inmundo interrumpe la escena gritando. El mal siempre intenta meter ruido cuando la verdad se hace presente. Jesús no se desgasta en discusiones largas ni entra en el juego de la provocación, simplemente da una orden clara: ‘cállate y sal de él’.
Esos son los espíritus o ruidos mentales que nos quitan la paz: la ansiedad por el futuro o la culpa por el pasado. Con su actitud, Jesús nos demuestra que su autoridad tiene el poder de poner orden en nuestro caos interno. Él viene con autoridad a nuestra vida, a expulsar con su Palabra todo aquello que nos impide ser libres y felices.
Necesitamos recordar que esa misma autoridad de Jesús está disponible para nosotros. No tenemos que luchar nuestras batallas solos ni intentar callar nuestros miedos con nuestras propias fuerzas. Si dejamos que Jesús sea quien tome el mando de nuestra vida, su palabra de poder empezará a limpiar esos rincones oscuros que tanto nos pesan.
Al igual que en la sinagoga, su presencia en nuestros días puede traer esa libertad que tanto estamos buscando. Seguro que hay algún espíritu impuro o un pensamiento negativo que te puede estar robando la paz: miedo al futuro, algún problema económico, de salud o la falta de trabajo o estabilidad.
No dejes que ese pensamiento crezca. Haz un ejercicio de autoridad espiritual, cierra tus ojos por un momento y con mucha fe, di en voz alta o en tu mente: ‘en el nombre de Jesús expulso ese pensamiento de miedo, de angustia o de temor y dejo que el poder de Dios me dé la gracia para resolverlo. Señor, toma tú el control de mi mente. Amén’.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Recemos juntos el Santo Rosario con el P. Javier Olivera Ravasi, SE, San Francisco, USA. Canal QNTLC.
Hoy contemplamos los Misterios Dolorosos.
Continuamos compartiendo esta bella serie de vídeos: La vida espiritual, con los hermanos sacerdotes de la Orden San Elías (OSE)
Conozcamos al santo de hoy, San Hilario, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México y el canal de Youtube El Santo del día.
Ver también: Santa Misa y Liturgia De La Palabra del Lunes de la I Semana del Tiempo Ordinario 12012026
