Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Mazatepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Viernes de la III Semana del Tiempo Ordinario.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del segundo libro de Samuel 11, 1-4a. 5-10a. 13-17.
Al año siguiente, en la época en que los reyes van a la guerra, David envió a Joab con sus oficiales y todo Israel, a devastar la región de los amonitas y sitiar a Rabá. David, mientras tanto, se quedó en Jerusalén; y un día, a eso del atardecer, se levantó de la cama y se puso a pasear por la azotea del palacio, y desde la azotea vio a una mujer bañándose, una mujer muy bella.
David mandó preguntar por la mujer, y le dijeron: «Es Betsabé, hija de Alián, esposa de Urías, el hitita.»
David mandó a unos para que se la trajesen. Después Betsabé volvió a su casa, quedó encinta y mandó este aviso a David: «Estoy encinta.»
Entonces David mandó esta orden a Joab: «Mándame a Urías, el hitita.»
Joab se lo mandó. Cuando llegó Urías, David le preguntó por Joab, el ejército y la guerra.
Luego le dijo: «Anda a casa a lavarte los pies.»
Urías salió del palacio, y detrás de él le llevaron un regalo del rey. Pero Urías durmió a la puerta del palacio, con los guardias de su señor; no fue a su casa. Avisaron a David que Urías no había ido a su casa. Al día siguiente, David lo convidó a un banquete y lo emborrachó. Al atardecer, Urías salió para acostarse con los guardias de su señor, y no fue a su casa. A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por medio de Urías. El texto de la carta era: «Pon a Urías en primera línea, donde sea más recia la lucha, y retiraos dejándolo solo, para que lo hieran y muera.» Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías donde sabía que estaban los defensores más aguerridos. Los de la ciudad hicieron una salida, trabaron combate con Joab, y hubo bajas en el ejército entre los oficiales de David; murió también Urías, el hitita.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la primera lectura
Este pasaje que acabamos de leer nos presenta hasta dónde se pueden llegar a complicar las cosas cuando dejamos que el pecado crezca en nuestro corazón, y peor aún, cuando pensamos que podemos engañar a Dios y salir adelante en nuestra maldad. David, que sabe que ha hecho mal, busca darle solución a su pecado, y busca hacerle creer a Urías que el hijo que espera su esposa es de él. Sin embargo, las cosas se empiezan a complicar y en su afán de tapar su culpa y su pecado, llega, incluso, al asesinato. Esto nos muestra cómo el pecado es como una inmensa bola de nieve, que va en caída y que destruye todo a su paso y la cual, sólo puede ser detenida cuando nosotros aceptamos nuestra culpa y dejamos que sea Dios quien ponga remedio a nuestra vida. Dios sabe que somos débiles, por eso nos invita, ante todo, a evitar las ocasiones de pecado; y si el pecado nos sorprende y nos toma sin suficiente fuerza, es mejor reconocer nuestra miseria y dejar que Dios tome inmediatamente cartas en el asunto, de lo contrario, hemos visto hasta dónde nuestra naturaleza puede llegar en su maldad. No permitas que el pecado te domine, mantén tu vida lejos de las ocasiones de pecado y busca por todos los medios fortalecer la gracia, esto hará de tu vida una experiencia de paz.
Salmo 50, 3-7. 10-11.
R/. Misericordia, Señor: hemos pecado.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.
Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.
En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre. R/.
Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa. R/.
Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 4, 26-34.
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: «El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha».
Les dijo también: «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra».
Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Santo Evangelio
¿Alguna vez te has sentido frustrado porque sientes que tus esfuerzos no dan frutos inmediatos o porque las cosas no avanzan al ritmo que tú quieres? Jesús nos explica en este Evangelio que el Reino de Dios es como la imagen de alguien que siembra una semilla y luego sigue con su vida, durmiendo y despertando, mientras la semilla brota y crece sin que la persona sepa cómo.
Es el recordatorio que nos hace Jesús de lo importante que es soltar el control y dejárselo todo a Él. A veces nos desgastamos intentando que todo suceda ya, en el momento que nosotros queremos, pero debemos saber que hay procesos espirituales que solo Dios maneja. El tiempo de Dios es diferente al nuestro.
Nuestra tarea es sembrar lo bueno, con confianza, el crecimiento es un misterio que sucede en silencio, incluso cuando no estamos mirando o llega a ser algo que quizá ni alcancemos a ver.
A veces pensamos que para generar un impacto real necesitamos recursos enormes o acciones espectaculares, pero el ejemplo del grano de mostaza nos dice todo lo contrario. El ejemplo del grano de mostaza nos quiere recordar que los grandes resultados en nuestra vida se dan en la medida en que cada uno de nosotros hacemos pequeños esfuerzos cotidianos y de manera perseverante. La semilla de mostaza que puede llegar a pasar desapercibida o casi invisible a los ojos, termina convirtiéndose en un arbusto tan grande que es capaz de dar una gran sombra, y hasta los pájaros encuentran refugio en sus ramas.
No subestimes tus pequeños gestos de fe, ese pequeño cambio de actitud o esa palabra de aliento que diste hoy. En realidad, lo que parece insignificante a los ojos del mundo, tiene a los ojos de Dios el potencial de transformarse en algo que es capaz de dar sombra y descanso a alguien que lo necesite.
Lo que Jesús nos quiere decir es que la vida espiritual es una fuerza silenciosa, pero imparable. Vivimos apurados, pero la naturaleza y la gracia tienen su propio tiempo. Si hoy sientes que lo que haces es poco o que tus oraciones no tienen respuesta, descansa en esta promesa.
Dios está trabajando en lo secreto, en el silencio de la tierra de tu corazón, preparando una cosecha que te va a sorprender. Al final, se trata de empezar con poco, aunque sea del tamaño de una semilla de mostaza. Si se lo entregamos a Él, te sorprenderá lo grandioso que puede llegar a ser.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Recemos juntos el Santo Rosario con el P. Javier Olivera Ravasi, SE, San Francisco, USA. Canal QNTLC.
Hoy contemplamos los Misterios Dolorosos.
Continuamos compartiendo esta bella serie: La vida espiritual, con los hermanos sacerdotes de la Orden San Elías (OSE)
Conozcamos a los santos de hoy, Santa Martina de Roma y San Fulgencio de Ruspe, con El santo del día y David Galván Bermúdez con el P. José de Jesús Aguilar Valdés.
Ver también: Santa Misa y Liturgia De La Palabra del Jueves de la III Semana del Tiempo Ordinario 29012026
