Ecuador: La Borrachera, un Mal que Destruye Familias y Sociedad

Foto: Imagen de borrachos en Tarqui, Manabí. Cortesía: El diario.ec

 

En nuestro país, la borrachera se ha convertido en un mal endémico, una plaga social que destruye hogares, arrebata vidas y siembra violencia en cada rincón. No es solo un vicio personal, es un problema familiar y colectivo que arrastra a inocentes al sufrimiento. Sin embargo, lo más alarmante es la indiferencia con la que se lo toma. Se hacen concursos de quién bebe más, se celebran «hazañas» alcohólicas y hasta se crean páginas en redes sociales promoviendo la embriaguez como si fuera un orgullo y no una vergüenza.


Pero, ¿qué es lo que realmente ocurre en la vida de quien cae en la esclavitud del alcohol? Se convierte en un peligro para sí mismo y para los demás. Conductores ebrios que asesinan en las carreteras, esposos y esposas que, bajo los efectos del alcohol, destruyen a sus familias con violencia y maltrato, padres irresponsables que dan un nefasto ejemplo a sus hijos, adultos que pierden el respeto por sí mismos y se hunden en la promiscuidad y el adulterio. ¿Y qué hacen las autoridades? Nada. Son cómplices, alcahuetes, y en muchos casos, ellos mismos forman parte del problema.

La Biblia es clara al respecto:
«El vino es escarnecedor, la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio.» (Proverbios 20:1)

«Ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los robadores, heredarán el Reino de Dios». (1 Cor 6:11)

No hay sabiduría en quien se entrega al alcohol. No hay honor en quien destruye a su familia por una botella. No hay justificación para los que conducen borrachos y siembran el terror en las calles. La borrachera no solo despoja a las personas de su dignidad, sino que también las convierte en verdugos de su propia sangre.


Es necesario que el Gobierno tome cartas en el asunto con sanciones severas. Un borracho al volante es un asesino en potencia. Un borracho en casa es un agresor en potencia. Un borracho en la sociedad es una bomba de tiempo. Basta de permisividad. En otros países, la embriaguez pública es sancionada con cárcel, mientras que en Ecuador, es motivo de risa. Luego, nos sorprende que nuestros compatriotas sean deportados por su comportamiento en el exterior.

«No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu.» (Efesios 5:18)

Es momento de buscar un cambio real. El alcoholismo no es cultura, no es diversión, no es normal. Es una enfermedad del alma, un enemigo de la familia, un veneno de la sociedad. Ecuador no necesita más borrachos, necesita ciudadanos responsables, padres y madres ejemplares, jóvenes con futuro y gobernantes valientes que no se escondan en la corrupción de la indiferencia.


Si seguimos tolerando la borrachera como parte de nuestra identidad, nos condenamos a seguir siendo un país donde la violencia, la muerte y la descomposición social sean el pan de cada día. Es tiempo de despertar, de cambiar, de actuar. Porque el verdadero progreso no viene en una botella, sino en la conciencia de un pueblo que decide decir ¡basta!.

«El fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.» (1 Pedro 4:7)

La decisión es nuestra. ¿Seguiremos celebrando la borrachera o construiremos un Ecuador donde la responsabilidad y la vida valgan más que un trago?


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