Santa Misa con el P. José Arturo López Cornejo desde Viramontes, estado de Guerrero, México
Liturgia de la Palabra del Jueves después de la Epifania
con el Pbro. Ernesto María Caro.
Comparte: P. Roberto Rodríguez – Rector del Seminario Mayor de Guayaquil
Lectura de la primera carta del apóstol San Juan 4, 19–5, 4.
Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: Quien ama a Dios, ame también a su hermano. Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a Dios que da el ser ama también al que ha nacido de él, En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos. Pues en esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no, son pesados, pues todo lo que ha nacido de Dios vence al mundo. Y lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe.
Palabra de Dios
Reflexión de la Primera Lectura
Mucha gente tiene la idea de que el cristianismo es una doctrina de la «negación», de la restricción y esto los desanima a participar activamente de ella. Sin embargo, esto es falso, al contrario, es la religión del amor, del «sí» total, de la apertura a la libertad. Los mandamientos, como nos lo dice hoy san Juan, «no son pesados» porque en ellos descubrimos, no una medida restrictiva, sino una protección para nuestra felicidad.
Cada uno de los mandamientos asegura nuestra felicidad y la paz en el alma. Sin embargo, para el mundano, para el que, sin importar las consecuencias, desea hacer siempre lo que le viene en gana, lo que sus pasiones le inspiran, por supuesto que encontrará en el cristianismo una religión que lo restringe, que no le permite hacer lo que sus pasiones querrían. Es necesario entrar en el misterio de Dios, y desde ahí, comprender que cada uno de los mandamientos de la Ley expresan el amor de un Padre que ama a su hijo y busca por todas las formas, protegerlo contra lo más destructor que hay en él: sus pasiones.
Quien inicia una vida en Cristo, poco a poco, el Espíritu Santo le irá dando la libertad que le hará ver el pecado como lo que realmente es: una trampa mortal para nuestra vida en la tierra y en la futura; desde ahí descubrirá el amor que Dios ha tenido al prevenirnos sobre todo aquello que nos perjudica. Realmente para el hombre nuevo, nacido del Espíritu, la ley no es pesada, es una hermosa herramienta que nos ayuda a discernir las áreas de peligro para alejarnos de ellas.
Salmo 71, 1-2. 14-15bc. 17.
R/. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud. R/.
Él rescatará sus vidas de la violencia,
su sangre será preciosa a sus ojos.
Que recen por él continuamente
y lo bendigan todo el día. R/.
Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol;
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 4, 14-22a.
En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él.
Y él se puso a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Palabra del Señor
Reflexión del Evangelio
Qué importante es iniciar nuestro año con la seguridad de que la misión de Jesús ha sido ya realizada, por lo que, como lo hemos escuchado hoy en el evangelio, somos libres de todas nuestras ataduras, de nuestros temores, de nuestras inseguridades; que ahora somos capaces de ver que, el mundo creado por Dios, es bueno y que nos necesita para que en él se instaure el Reino.
Y que éste, como todos los años vividos en el Señorío de Cristo, son años de verdadera gracia, en los que el amor y la paz nos salen al paso a cada momento. Vivamos, pues, este año como un verdadero año de gracia en el Señorío de Cristo.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
Hoy Jueves Sacerdotal y Eucarístico, Jesús, te espera en el Santísimo Sacramento del Altar.

