El Orgullo de Ser Ecuatoriano: ¿Tenemos motivos?

Imagen de Santa Narcisa de Jesús Martillo Morán, la gran Santa ecuatoriana de Nobol.

Hoy, mientras México celebra la memoria de San José Sánchez del Río, el valiente «Niño Cristero» que entregó su vida por su fe en Cristo, nosotros, los ecuatorianos, nos encontramos en una encrucijada moral. Nos enorgullecemos de figuras que, nada talentosas, se convierten en referentes y hasta ídolos y no siempre representan los valores más elevados.


Hemos levantado monumentos y entonado canciones en honor a quienes, con manipulación, mostrando sus cuerpos de manera inmoral, vicios, excesos y vida escandalosa, conquistaron multitudes. Mientras en otras tierras se enaltece a mártires y santos, en Ecuador muchas veces el reconocimiento se otorga a quienes no siempre fueron ejemplos de virtud y de talento.

No se trata de borrar la historia, sino de preguntarnos qué clase de legado queremos dejar. ¿Acaso no podemos aspirar a más? ¿No podemos anhelar una nación donde el orgullo provenga del verdadero arte o la destreza, de la integridad, el sacrificio y la fe inquebrantable?

Países como México y El Salvador tienen en su historia héroes espirituales, hombres y mujeres que dieron su vida por ideales que trascendían lo terrenal. Ecuador también ha tenido almas virtuosas como Santa Narcisa de Jesús, conocida como la Violeta de Nobol, pero ¿las recordamos con la misma devoción? ¿O seguimos aferrados a ídolos de barro, a figuras que entretuvieron de manera insana pero que no necesariamente nos guiaron por un camino de verdadera grandeza?

El orgullo de ser ecuatoriano no debe basarse solo en la nostalgia por voces que son sinónimo de ebriedad, antros, bares, fiestas con borracheras y que vergonzosamente marcaron una época o en el reconocimiento de quienes brillaron en su campo, no por el arte sino por demostrar que solo piensan en lucro. Debemos elevar la mirada y buscar ejemplos que nos inspiren a ser mejores, que nos enseñen que el verdadero legado no es la fama, sino la virtud.

Que nuestro país no solo sea tierra de talento, sino también de fe, sacrificio y honor. Porque Ecuador merece más que solo aplausos efímeros; merece la grandeza de un pueblo que se levanta con dignidad y valores inquebrantables.

Ver aquí la vida de San José Sánchez del Río, el Niño Cristero

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