Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Pochauixco , estado de Guerrero, México.
Santa Misa presidida por Mons. Rafael Escudero López-Brea, Obispo de la Prelatura de Moyobamba, Perú.
Liturgia de la Palabra del Viernes de la XIII Semana del Tiempo Ordinario
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del libro del Génesis 23, 1-4. 19; 24, 1-8. 62-67.
Sara vivió ciento veintisiete años, y murió en Villa Arbá (hoy Hebrón), en país cananeo. Abrahán fue a hacer duelo y a llorar a su mujer. Después dejó a su difunta y habló a los hititas: «Yo soy un forastero residente entre vosotros. Dadme un sepulcro en propiedad, en terreno vuestro, para enterrar a mi difunta.»
Después Abrahán enterró a Sara, su mujer, en la cueva del campo de Macpela, frente a Mambré (hoy Hebrón), en país cananeo. Abrahán era viejo, de edad avanzada, el Señor lo había bendecido en todo. Abrahán dijo al criado más viejo de su casa, que administraba todas las posesiones: «Pon tu mano bajo mi muslo, y júrame por el Señor, Dios del cielo y Dios de la tierra, que, cuando le busques mujer a mi hijo, no la escogerás entre los cananeos, en cuya tierra habito, sino que irás a mi tierra nativa, y allí buscarás mujer a mi hijo Isaac.»
El criado contestó: «Y si la mujer no quiere venir conmigo a esta tierra, ¿tengo que llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?»
Abrahán le replicó: «De ninguna manera lleves a mi hijo allá. El Señor, Dios del cielo, que me sacó de la casa paterna y del país nativo, que me juró: «A tu descendencia daré esta tierra», enviará su ángel delante de ti, y traerás de allí mujer para mi hijo. Pero, si la mujer no quiere venir contigo, quedas libre del juramento. Sólo que a mi hijo no lo lleves allá.»
Mucho tiempo después, Isaac se había trasladado del «Pozo del que vive y ve» al territorio del Negueb. Una tarde, salió a pasear por el campo y, alzando la vista, vio acercarse unos camellos. También Rebeca alzó la vista y, al ver a Isaac, bajó del camello y dijo al criado: «¿Quién es aquel hombre que viene en dirección nuestra por el campo?»
Respondió el criado: «Es mi amo.»
Y ella tomó el velo y se cubrió. El criado le contó a Isaac todo lo que había hecho. Isaac la metió en la tienda de su madre Sara, la tomó por esposa y con su amor se consoló de la muerte de su madre.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Aunque el objeto del Escritor Sagrado, en este pasaje, es el de mostrarnos de qué manera Dios va realizando la promesa de la posesión de la tierra, la cual inicia con la adquisición de un sepulcro, quisiera que centráramos nuestra atención en el hecho de cómo Dios consuela a su pueblo, sobre todo, a aquellos que han perdido un ser querido. El relato nos dice que con la llegada de Rebeca, Dios consoló a Isaac de la muerte de su madre Sara.
Y es que Dios, como nos lo ha revelado Jesús, es, ante todo, un papá bondadoso que nunca desatiende las necesidades de sus hijos, y busca por todos los medios el hacerlos felices. La muerte es el hecho natural de la existencia humana por el cual el hombre entra en posesión total de la tierra prometida, pero es al mismo tiempo un acontecimiento que deja un profundo vacío en los que amaron a la persona. Por ello, Dios nos consuela cuando alguno de nuestros familiares se une a él mediante la muerte. Esta consolación, aunque es divina y se realiza en lo más profundo de nuestro corazón, requiere, como en el caso de Isaac, de la participación humana.
Es ahí donde nosotros, la comunidad cristiana, jugamos un papel muy importante. Nuestra presencia, nuestras atenciones, nuestro cariño son parte de la consolación que Dios da a las personas que sienten la ausencia del ser querido. Que nuestra participación en los funerales no sea un vacío: «lo siento mucho» o «recibe mis condolencias»; que ante todo sea una muestra de cariño y solidaridad, orando por ellos y acompañándolos con las mejores muestras de nuestro amor para ellos.
Salmo 105
R/. Dad gracias al Señor porque es bueno
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su alabanza? R/.
Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí por amor a tu pueblo. R/.
Visítame con tu salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 9, 9-13.
En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él se levantó y lo siguió.
Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: «¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?» Jesús los oyó y les dijo: «No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores».
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
Si el Evangelio no ha penetrado los medios más difíciles de nuestra sociedad, pudiera ser porque en muchos hermanos aún permanece la conciencia farisaica de no juntarse con los pecadores, con aquellos a los que, por sus múltiples pecados, son considerados indignos de Dios.
Este pasaje, y en general todo el evangelio, nos muestra que precisamente éstos son el objeto de la evangelización. Ciertamente que no es fácil esta tarea, pues exige de parte del evangelizador una conciencia pura y una espiritualidad centrada en Dios, de tal manera que pueda ser luz en las tinieblas. De otra manera, las tinieblas pueden opacar, e incluso, apagar su luz.Por otro lado, Jesús, nos invita a recibir con gran amor y misericordia a aquellos que, a pesar de sus limitaciones en la conversión, están buscando llevar una mejor relación con Dios.
Recordemos que la conversión es un proceso y un camino; hay algunos hermanos que van más adelante y otros más atrás. Recuerda que si tú eres de los que van adelante, no eres mejor que el que va atrás, y que con la medida (misericordia) que midas, con esa misma serás medido. Abre tu corazón a los pobres, a los pecadores, de la misma manera que a los que están buscando amar más a Dios, pero que se debaten aún en el pecado.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús. Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, María y José.

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Presentamos a nuestra Santa de hoy, Isabel de Portugal, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
