Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde la Capilla de San Juan Diego, Pueblo de Mazatepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Miércoles de la XX Semana del Tiempo Ordinario.
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del libro de los Jueces 9, 6-15.
En aquellos días, los de Siquén y todos los de El Terraplén se reunieron para proclamar rey a Abimelec, junto a la encina de Siquén.
En cuanto se enteró Yotán, fue y, en pie sobre la cumbre del monte Garizín, les gritó a voz en cuello: «¡Oídme, vecinos de Siquén, así Dios os escuche! Una vez fueron los árboles a elegirse rey, y dijeron al olivo: «Sé nuestro rey.» Pero dijo el olivo: «¿Y voy a dejar mi aceite, con el que engordan dioses y hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?» Entonces dijeron a la higuera: «Ven a ser nuestro rey.» Pero dijo la higuera: ¿Y voy a dejar mi dulce fruto sabroso, para ir a mecerme sobre los árboles?» Entonces dijeron a la vid: «Ven a ser nuestro rey.» Pero dijo la vid: «¿Y voy a dejar mi mosto, que alegra a dioses y hombres, para ir a mecerme sobre los árboles?» Entonces dijeron a la zarza: «Ven a ser nuestro rey.» Y les dijo la zarza: «Si de veras queréis ungirme rey vuestro, venid a cobijaros bajo mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano.»
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Esta pasaje es una de las críticas más fuertes que se han escrito contra los oportunistas, contra aquellos que, sin importarles la voluntad de Dios, buscan su propio provecho. Al leer el libro de los Jueces nos encontramos con que el pueblo fiel a Dios no reconocía a ningún otro rey sino a YHVH, pues recordaba bien que la alianza decía: «Ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios». Sin embargo, otra parte del pueblo buscaba ser como «los demás pueblos» y tener un rey humano. Con una serie de figuras, el autor nos muestra cómo el pueblo, con tal de «ser como los demás pueblos» ha escogido lo peor como rey (que de hecho llevará a Israel a la secularización y a la idolatría). Esto puede pasar también en nuestras vidas cuando buscamos hacer nuestra vida al margen de Dios, cuando nos olvidamos que nosotros somos cristianos y que, por lo tanto, no somos como el resto del mundo aunque vivamos en el mundo. Oportunidades no nos faltan, el mundo nos ofrece fama y prestigio si aceptamos «cobijarnos bajo su sombra». El resultado siempre será el mismo: tristeza, soledad, angustia, miedo. Dios quiere reinar en nuestras vidas, quiere ser el centro de nuestra existencia, no porque necesite de nuestra alabanza o nuestro servicio, sino porque cuando él es Rey puede darnos la verdadera paz y la alegría del Reino en el cual «él reina». No nos dejemos engañar, la verdadera felicidad sólo está en Dios.
Salmo 20, 2-7
R/. Señor, el rey se alegra por tu fuerza
Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios. R/.
Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término. R/.
Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 20, 1-16a.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía otros que estaban en la plaza y les dijo: ¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar? Ellos le respondieron: Porque nadie nos ha contratado. Él les dijo: Vayan también ustedes a mi viña. Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamar al propietario, diciéndole: Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor. Pero él respondió a uno de ellos: Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno? De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos; es bien difícil de entender esto, pero detengámonos un momento a desgranar estas palabras que tienen mucho sentido. Los que hacen deporte, los atletas se saben ubicar, es decir, saben comportarse como lo que son, atletas, deportistas y saben que si ganan o pierden, no importa. Es decir, lo importante es que hayan dado lo mejor en la cancha, en el campo. Un verdadero atleta sabe que lo más importante es competir contra sí mismo, romper sus propios récords. Y es lo mismo a lo que nos invita Jesús. Nosotros somos campeones de otro deporte, nosotros somos campeones de la caridad y no vamos buscando ni medallas ni reconocimientos, sino vamos a dejarlo todo ahí afuera, fuera de mí, en mi familia; fuera de mí, en mi comunidad; fuera de mí, en mi trabajo, en mi entorno, en mi país. Nosotros los que portamos la camiseta de Cristo, no vamos buscando ser el número uno, sino vamos buscando ser el número tres: Dios, otros, yo. Ahí está la clave para ganar el cielo, para ganar la vida eterna, porque el último será el primero en ser sencillo, agradecido, recordado, aplaudido; vivir hacia afuera, centrada en coronar al otro y no a mí mismo. Hoy te invito a hacer feliz a quien te rodea, una palabra de aliento, una sonrisa, un gracias con sentido, un abrazo caluroso, cinco minutos de atención. Hoy, hacer feliz a quien nos rodea.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Conozcamos al santo de hoy, San Bernardo Abad, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México y el canal Shajaj Ministerio Católico.
