Imagen de Nuestro Señor Jesucristo Crucificado – Cortesía: P. José Gabriel Ansaldi (OSE).

Imagen de La Piedad de Miguel Ángel, Basílica de San Pedro en el Vaticano.
Viernes Santo de la Pasión del Señor | 03-04-2026 | Pbro. Javier Martín, FM
VIERNES SANTO, Celebración de la Pasión del Señor.
Desde la parroquia de santa Teresa del Niño Jesús, Barcelona, España. Preside: Rvdo. Enric Ribas, pbro. Concelebra: Rvdo. Xavier Pagès, pbro.
Misal Romano – Viernes Santo: Celebración de la Pasión del Señor
Triduo Pascual
VIERNES SANTO
1. Según una antiquísima tradición, la Iglesia no celebra la eucaristía ni en este día ni el
siguiente.
En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la
celebración de la Pasión del Señor; a los enfermos, que no pueden participar en dicha
celebración, se les puede llevar a cualquier hora del día.
2. El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candelabros, sin manteles.
Celebración de la Pasión del Señor
3. Después del mediodía, cerca de las tres, a no ser que por razón pastoral se elija una hora
más tardía, tiene lugar la celebración de la Pasión del Señor, que consta de tres partes:
liturgia de la palabra, adoración de la Cruz y sagrada comunión.
4. El sacerdote y el diácono, revestidos de color rojo como para la misa, se dirigen al altar,
y, hecha la debida reverencia, se postran rostro en tierra o, si se juzga mejor, se arrodillan, y
todos oran en silencio durante algún espacio de tiempo.
5. Después el sacerdote, con los ministros, se dirige a la sede, donde, vuelto hacia el pueblo,
con las manos juntas, dice una de las siguientes oraciones:
Oración
No se dice: Oremos
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas, santifica a tus hijos y protégelos siempre,
pues Jesucristo, tu Hijo, en favor nuestro instituyó por medio de su sangre el misterio pascual.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.
O bien:
Oh Dios, tu Hijo Jesucristo, Señor nuestro, por medio de su pasión ha destruido la muerte que, como consecuencia del antiguo pecado, a todos los hombres alcanza. Concédenos hacernos semejantes a él.
De este modo, los que hemos llevado grabada, por exigencia de la naturaleza humana la imagen de Adán, el hombre terreno, llevaremos grabada en adelante, por la acción santificadora de tu gracia,
la imagen de Jesucristo, el hombre celestial. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R/. Amén.
Primera parte: Liturgia de la palabra
6. Luego todos se sientan y se proclama la lectura, del profeta Isaías (52, 13-53, 12), con su
salmo.
7. A esta lectura sigue la de la carta a los Hebreos (4, 14-16; 5, 7-9), y el canto antes del
Evangelio.
8. Finalmente se lee la historia de la Pasión del Señor según san Juan (18, 1-19, 42), del
mismo modo que el domingo precedente.
9. Después de la lectura de la Pasión es oportuno hacer una breve homilía. Al final de la
homilía, el sacerdote puede invitar a los fieles a que permanezcan en oración silenciosa
durante un breve espacio de tiempo.
SANTO EVANGELIO
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 18, 1-19, 42
† Cristo: Sacerdote
C. Cronista: Diácono o lector/a
S. Sinagoga: Un lector hombre o mujer
P. Pueblo: Toda la asamblea de los fieles
C. En aquel tiempo Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Entonces Judas tomó un batallón de soldados y guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró en el huerto con linternas, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
†. «¿A quién buscan?»
C. Le contestaron:
S. «A Jesús el Nazareno».
C. Les dijo Jesús:
†. «Yo soy».
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Jesús les volvió a preguntar:
†. «¿A quién buscan?»
C. Ellos dijeron:
S. «A Jesús el Nazareno».
C. Jesús contestó:
†. «Les he dicho que soy yo. Si me buscan a mí, dejen que éstos se vayan».
C. Así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste». Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
†. «Mete la espada en la vaina. ¿No voy a beber el cáliz que me ha dado mi Padre?»
C. El batallón, su comandante y los criados de los judíos apresaron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año. Caifás era el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo».
Simón Pedro y otro discípulo iban siguiendo a Jesús Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedaba fuera junto a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:
S. «¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?»
C. Él dijo:
S. «No lo soy».
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le contestó:
†. «Yo he hablado abiertamente al mundo y he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, sobre lo que les he hablado. Ellos saben lo que he dicho».
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias le dio una bofetada a Jesús diciéndole:
S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»
C. Jesús respondió:
†. «Si he faltado al hablar, demuestra en qué he fallado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba de pie, calentándose, y le dijeron:
S. «¿No eres tú también uno de sus discípulos?»
C. El lo negó diciendo:
S. «No lo soy».
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquél a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»
C. Pedro volvió a negarlo y en seguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al Pretorio. Era muy de mañana y ellos no entraron en el palacio para no incurrir en impureza y poder así comer la cena de Pascua. Salió entonces Pilato a donde estaban ellos y dijo:
S. «¿De qué acusan a ese hombre?»
C. Le contestaron:
S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos traído».
C. Pilato les dijo:
S. «Pues llévenselo y júzguenlo según su ley».
C. Los judíos le respondieron:
S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie».
C. Así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el Pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó:
†. «¿Eso lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?»
C. Pilato le respondió:
S. «¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿Qué es lo que has hecho?»
C. Jesús le contestó:
†. «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí».
C. Pilato le dijo:
S. «Conque ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó:
†. «Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz».
C. Pilato le dijo:
S. «Y ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez a donde estaban los judíos y les dijo:
S. «No encuentro en él ninguna culpa. Entre ustedes es costumbre que por Pascua ponga en libertad a un preso. ¿Quieren que les suelte al rey de los judíos?»
C. Pero todos ellos gritaron:
P. «¡No, a ése no! ¡A Barrabás!».
C. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él le decían:
S. «¡Viva el rey de los Judíos!»
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. «Aquí lo traigo para que sepan que no encuentro en él ninguna culpa».
C. Salió pues, Jesús llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. «Aquí está el hombre».
C. Cuando lo vieron los sacerdotes y sus servidores, gritaron:
P. «¡Crucifícalo, crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Llévenselo ustedes y crucifíquenlo, porque yo no encuentro culpa en él».
C. Los judíos le contestaron:
P. «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios».
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más, y entrando otra vez en el Pretorio, dijo a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le respondió. Pilato le dijo entonces:
S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»
C. Jesús le contestó:
†. «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor».
C. Desde ese momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
P. «Si sueltas a ése, no eres amigo del César.
C. Al oír estas palabras, Pilato sacó a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «El Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
S. «Aquí tienen a su Rey».
C. Ellos gritaron:
P. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «¿A su rey voy a crucificar?»
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. «No tenemos más rey que el César».
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Pilato mandó escribir un letrero y ponerlo encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús el Nazareno, el Rey de los Judíos». Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato:
S. «No escribas «El rey de los judíos», sino «Este ha dicho: Soy rey de los judíos»».
C. Pilato les contestó:
S. «Lo escrito, escrito está».
C. Cuando crucificaron a Jesús, los soldados cogieron su ropa, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Pero se dijeron:
S. «No la rasguemos, sino echemos suerte para ver a quién le toca».
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica». Y eso hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María la de Cleofás y María la Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:
†. «Mujer, ahí está tu hijo».
C. Luego al discípulo:
†. «Ahí está tu madre».
C. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
†. «Tengo sed».
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, probó el vinagre y dijo:
†. « Todo está cumplido».
C. e, inclinando la cabeza, entregó el Espíritu.
En este momento todos se arrodillan y oran unos momentos en silencio.
C. Entonces los judíos, como era el día de la preparación de la pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua. El que vio da testimonio de esto y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera lo que dice la Escritura: «No le quebrarán ningún hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que traspasaron».
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús pero oculto por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mezcla de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con esos aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la preparación de la pascua y el sepulcro estaba cerca, allí pusieron a Jesús.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Oración universal
10. La Liturgia de la Palabra se concluye con la oración universal, que se hace de este
modo: el diácono, desde el ambón, dice la invitación que expresa la intención. Después
todos oran en silencio durante un espacio de tiempo, y seguidamente el sacerdote, desde la
sede o, si parece más oportuno, desde el altar, con las manos extendidas, dice la oración.
Los fieles pueden permanecer de rodillas o de pie durante todo el tiempo de las oraciones.
11. La Conferencia Episcopal pueden establecer una aclamación del pueblo antes de la
oración del sacerdote o determinar que se conserve la tradicional monición del
diácono: Pongámonos de rodillas, y: Podéis levantaros, con un espacio de oración en
silencio que todos hacen arrodillados.
12. En grave necesidad pública, el Ordinario del lugar puede permitir o mandar que se
añada alguna intención especial.
13. De entre las oraciones que se proponen en el Misal, el sacerdote puede escoger aquellas
que se acomoden mejor a las condiciones del lugar, pero de tal modo que se mantenga el
orden de las intenciones que se propone para la oración universal (cf. Ordenación general
del Misal Romano, n. 46, p. 41).
I. Por la santa Iglesia
Oremos, hermanos, por la Iglesia santa de Dios, para que el Señor le dé la paz, la mantenga en la unidad, la proteja en toda la tierra, y a todos nos conceda una vida confiada y serena, para gloria de Dios, Padre todopoderoso.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo manifiestas tu gloria a todas las naciones, vela solícito por la obra de tu amor, para que la Iglesia, extendida por todo el mundo, persevere con fe inquebrantable en la confesión de tu nombre.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.
II. Por el Papa
Oremos también por nuestro santo padre el Papa N., para que Dios, que lo llamó al orden episcopal, lo asista y proteja para bien de la Iglesia, como guía del pueblo santo de Dios.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, cuya sabiduría gobierna todas las cosas, atiende bondadoso nuestras súplicas y protege al Papa, para que el pueblo cristiano, gobernado por ti bajo el cayado del Sumo Pontífice, progrese siempre en la fe.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.
III. Por todos los ministros y por los fieles
Respecto al nombre del obispo y de la fórmula que se ha de emplear, cf. Ordenación general del Misal Romano, n. 109.
Oremos también por nuestro obispo N., por todos los obispos, presbíteros y diáconos, y por todos los miembros del pueblo santo de Dios.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, cuyo Espíritu santifica y gobierna todo el cuerpo de la Iglesia, escucha las súplicas que te dirigimos por todos sus ministros, para que, con la ayuda de tu gracia, cada uno te sirva fielmente en la vocación a que le has llamado.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.
IV. Por los catecúmenos
Oremos también por los (nuestros) catecúmenos, para que Dios nuestro Señor los ilumine interiormente, les abra con amor las puertas de la Iglesia, y así encuentren en el bautismo el perdón de sus pecados
y la incorporación plena a Cristo, nuestro Señor.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, que haces fecunda a tu Iglesia dándole constantemente nuevos hijos, acrecienta la fe y la sabiduría de los (nuestros) catecúmenos, para que al renacer en la fuente bautismal, sean contados entre los hijos de adopción.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.
V. Por la unidad de los cristianos
Oremos también por todos los hermanos nuestros que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor asista y congregue en una sola Iglesia a los que viven de acuerdo con la verdad que han conocido.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, que vas reuniendo a tus hijos dispersos y velas por la unidad ya lograda, mira con amor a toda la grey que sigue a Cristo, para que la integridad de la fe y el vínculo de la caridad congregue en una sola Iglesia a los que consagró un solo bautismo.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.
VI. Por los judíos
Oremos también por el pueblo judío, el primero a quien Dios habló desde antiguo por los profetas, para que el Señor acreciente en ellos el amor de su nombre y la fidelidad a la alianza que selló con sus padres.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, que confiaste tus promesas a Abraham y a su descendencia, escucha con piedad las súplicas de tu Iglesia, para que el pueblo de la primera alianza llegue a conseguir en plenitud la redención.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.
VII. Por los que no creen en Cristo.
Oremos también por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, puedan encuentren también ellos el camino de la salvación.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, concede a quienes no creen en Cristo que, viviendo con sinceridad ante ti, lleguen al conocimiento pleno de la verdad, y a nosotros concédenos también que, progresando en la caridad fraterna y en el deseo de conocerte más, seamos ante el mundo testigos más convincentes de tu amor.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.
VIII. Por los que no creen en Dios.
Oremos también por los que no admiten a Dios, para que por la rectitud y sinceridad de su vida alcancen el premio de llegar a él.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, que creaste a todos los hombres para que te busquen y, cuando te encuentren, descansen en ti, concédeles que, en medio de sus dificultades, los signos de tu amor y el testimonio de los creyentes les lleven al gozo de reconocerte como Dios y Padre de todos los hombres.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
IX. Por los gobernantes
Oremos también por los gobernantes de todas las naciones, para que Dios nuestro Señor, según sus designios, les guíe en sus pensamientos y decisiones hacia la paz y libertad de todos los hombres.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, que tienes en tus manos el destino de todos los hombres y los derechos de todos los pueblos, asiste a los que gobiernan, para que, por tu gracia, se logre en todas las naciones la paz, el desarrollo y la libertad religiosa de todos los hombres.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
X. Por los que se encuentran en alguna tribulación.
Oremos, hermanos, a Dios Padre todopoderoso, por todos los que en el mundo sufren las consecuencias del pecado, para que cure a los enfermos, dé alimento a los que padecen hambre, libere a de la injusticia a los perseguidos, redima a los encarcelados, conceda volver a casa a los emigrantes y desterrados, proteja a los que viajan, y dé la salvación a los moribundos.
Oración en silencio. Prosigue el sacerdote:
Dios todopoderoso y eterno, consuelo de los que lloran y fuerza de los que sufren, lleguen hasta ti las súplicas de quienes te invocan en la tribulación, para que sientan en sus adversidades la ayuda de tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
Segunda parte: Adoración de la santa Cruz
14. Acabada la oración universal, tiene lugar la solemne adoración de la santa Cruz. De las
dos formas que se proponen a continuación para mostrar la cruz, elíjase la que se juzgue
más apropiada de acuerdo con las circunstancias.
Primera forma de mostrar la santa Cruz
15. Se lleva al altar la cruz, cubierta con un velo y acompañada por dos ministros con velas
encendidas. El sacerdote, de pie ante el altar, toma la cruz, descubre un poco su parte
superior y la eleva y comienza a cantar la invitación: Mirad el árbol de la
Cruz acompañándole en el canto el diácono o, si es necesario, la “schola”. Todos
responden: Venid a adorarlo, y acabado el canto se arrodillan y adoran en silencio, durante
unos momentos, la cruz, que el sacerdote, de pie, mantiene en alto.
Seguidamente el sacerdote descubre el brazo derecho de la cruz y de nuevo, elevándola,
cantar la invitación: Mirad el árbol, y se hace todo lo restante como la primera vez.
Finalmente descubre totalmente la cruz y, elevándola, canta por tercera vez la
invitación: Mirad el árbol, y se hace todo lo restante como la primera vez.
16. Seguidamente, acompañado por los dos ministros con velas encendidas, lleva la cruz al
comienzo del presbiterio o a otro lugar apto, y allí la deja o la entrega a los ministros para
que la sostengan, una vez dejadas las velas a ambos lados de la cruz.
Luego se hace la adoración de la Cruz.
Segunda forma de mostrar la santa Cruz
17. El sacerdote, o el diácono, con los ministros, o bien otro ministro idóneo, se dirige a la
puerta de la iglesia, donde toma la cruz ya descubierta; los ministros le acompañan con las
velas encendidas, y van procesionalmente por la iglesia hacia el presbiterio. Cerca de la
puerta, en medio de la iglesia y antes de subir al presbiterio el que lleva la cruz la eleva y
canta la invitación Mirad el árbol, a la que todos responden Venid a adorarlo, y después de
cada una de las respuestas se arrodillan y la adoran en silencio durante unos momentos,
como se ha indicado antes.
Después se coloca la cruz con los candelabros, según se ha indicado antes.
Invitación para mostrar la santa Cruz
Adoración de la santa Cruz
18. El sacerdote, los ministros y el pueblo se acercan procesionalmente y adoran la cruz
mediante una genuflexión simple o con algún otro signo de veneración (por ejemplo
besándola), según las costumbres de cada lugar.
Mientras tanto se canta la antífona: Tu cruz adoramos, los Improperios u otros cantos
apropiados. Los que han adorado la cruz regresan a sus lugares y se sientan.
19. Para la adoración sólo debe exponerse una cruz. Si por el gran número de asistentes
resulta difícil que cada uno de los fieles adore individualmente la santa cruz, el sacerdote,
después que una parte de los fieles haya hecho la adoración, toma la cruz y, de pie ante el
altar, invita al pueblo con una breve monición a que adore la santa cruz. Luego la levanta en
alto durante unos momentos y los fieles la adoran en silencio.
Mientras tanto, se canta la antífona Tu Cruz adoramos, los Improperios, u otros cánticos
apropiados. Los que ya han adorado la cruz, regresan a sus lugares y se sientan.
Cantos para la adoración de la santa Cruz
Antífona
Tu cruz adoramos, Señor,
y tu santa resurrección alabamos y glorificamos.
Por el madero ha venido la alegría al mundo entero.
Salmo 66, 2
El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros y tenga piedad.
Antífona
Tu cruz adoramos, Señor,
y tu santa resurrección alabamos y glorificamos.
Por el madero ha venido la alegría al mundo entero.
Improperios
Las partes que corresponden al primer coro se indican con el número 1; las que
corresponden al segundo, con el número 2; las que deben cantar conjuntamente los dos
coros se indican con los números 1 y 2.
I
1 y 2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
1. Yo te saqué de Egipto;
tú preparaste una cruz para tu Salvador.
2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
1. Hágios o Theós.
2. Santo es Dios.
1. Hágios Ischyrós.
2. Santo y fuerte.
1. Hágios Athánatos, eléison himás.
2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.
1 y 2. Yo te guié cuarenta años por el desierto,
te alimenté con el maná,
te introduje en una tierra excelente;
tú preparaste una cruz para tu Salvador.
1. Hágios o Theós.
2. Santo es Dios.
1. Hágios Ischyrós.
2. Santo y fuerte.
1. Hágios Athánatos, eléison himás.
2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.
1 y 2. ¿Qué más pude hacer por ti?
Yo te planté como viña mía,
escogida y hermosa.
¡Qué amarga te has vuelto conmigo!
Para mi sed me diste vinagre,
con la lanza traspasaste el costado
a tu Salvador.
1. Hágios o Theós.
2. Santo es Dios.
1. Hágios Ischyrós.
2. Santo y fuerte.
1. Hágios Athánatos, eléison himás.
2. Santo e inmortal, ten piedad de nosotros.
Misal Romano – Viernes Santo: Celebración de la Pasión del Señor
10
II
1. Yo por ti azoté a Egipto y a sus primogénitos;
tú me entregaste para que me azotaran.
2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
1. Yo te saqué de Egipto,
sumergiendo al Faraón en el mar Rojo;
tú me entregaste a los sumos sacerdotes.
2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
1. Yo abrí el mar delante de ti;
tú con la lanza abriste mi costado.
2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
1. Yo te guiaba con una columna de nubes;
tú me guiaste al pretorio de Pilato.
2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
1. Yo te sustenté con maná en el desierto;
tú me abofeteaste y me azotaste.
2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
1. Yo te di a beber el agua salvadora
que brotó de la peña;
tú me diste a beber hiel y vinagre.
2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
1. Yo por ti herí a los reyes cananeos;
tú me heriste la cabeza con la caña.
Misal Romano – Viernes Santo: Celebración de la Pasión del Señor
11
2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
1. Yo te di un cetro real;
tú me pusiste una corona de espinas.
2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
1. Yo te levanté con gran poder;
tú me colgaste del patíbulo de la cruz.
2. ¡Pueblo mío! ¿Qué te he hecho,
en qué te he ofendido?
Respóndeme.
Himno
1 y 2 Antífona
¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!
1. Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero,
y un Redentor, que en trance de Cordero,
sacrificado en cruz, salvó la tierra.
2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
1. Dolido mi Señor por el fracaso
de Adán, que mordió muerte en la manzana,
otro árbol señaló, de flor humana,
que reparase el daño paso a paso.
2. ¡Dulces clavos!¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!
1. Y así dijo el Señor: ¡Vuelva la Vida
y que Amor redima la condena!
La gracia está en el fondo de la pena
y la salud naciendo de la herida.
2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
1. ¡Oh plenitud del tiempo consumado!
Del seno de Dios Padre en que vivía,
ved la Palabra entrando por María
en el misterio mismo del pecado.
2. ¡Dulces clavos!¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!
1. ¿Quién vio en más estrechez gloria más plena
y a Dios como el menor de los humanos?
Llorando en el pesebre, pies y manos
le faja una doncella nazarena.
2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
1. En plenitud de vida y de sendero,
dio el paso hacia la muerte porque él quiso.
Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero.
2. ¡Dulces clavos!¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!
1. Vinagre y sed la boca, apenas gime;
y al golpe de los clavos y lanza,
un mar de sangre fluye, inunda, avanza
por tierra, mar y cielo y los redime.
2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
1. Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.
2. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza
con un peso tan dulce en su corteza!
1. Tú sólo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
tú el arca que nos salva, tú el abrazo
de Dios con los verdugos del Ungido.
2. ¡Oh cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dio mejor tributo
en hoja, en flor y en fruto.
Esta conclusión no debe omitirse:
Misal Romano – Viernes Santo: Celebración de la Pasión del Señor
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1 y 2. Al Dios de los designios de la historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén.
20. Terminada la adoración, se lleva la cruz a su sitio, encima o cerca del altar. Los
candelabros con las velas encendidas se colocan cerca del altar o sobre el mismo, o a los
lados de la cruz.
Tercera Parte: Sagrada comunión
21. Sobre el altar se extiende el mantel y sobre el mismo se coloca el corporal y el misal.
Luego el diácono, o en su defecto el mismo sacerdote, traslada el Santísimo Sacramento
desde el lugar de la reserva al altar, pasando por el recorrido más breve, mientras todos
permanecen de pie y en silencio. Dos ministros con velas encendidas, acompañan al
Santísimo Sacramento y dejan luego las velas cerca del altar o sobre el mismo.
22. Después que el diácono ha colocado sobre el altar el Santísimo Sacramento y ha
descubierto el pixis, elsacerdote se acerca y, previa genuflexión, sube al altar.Allí, teniendo
las manos juntas, dice en voz alta:
Fieles a la recomendación del Salvador,
y siguiendo su divina enseñanza,
nos atrevemos a decir:
El sacerdote, con las manos extendidas, dice junto con el pueblo:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:
Líbranos de todos los males, Señor,
y concédenos la paz en nuestros días,
para que, ayudados por tu misericordia,
vivamos siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa venida
de nuestro Salvador Jesucristo.
Junta las manos.
El pueblo concluye la oración, aclamando:
Tuyo es el reino,
tuyo el poder y la gloria, por siempre, Señor.
23. A continuación el sacerdote, con las manos juntas, dice en secreto:
Señor Jesucristo,
la comunión de tu Cuerpo
no sea para mí un motivo de juicio y condenación,
sino que, por tu piedad,
me aproveche para defensa de alma y cuerpo
y como remedio saludable.
24. Seguidamente hace genuflexión, toma una partícula, la mantiene un poco elevada sobre
el pixis y dice en voz alta, de cara al pueblo:
Este es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena del Señor.
Y, juntamente con el pueblo, añade una sola vez:
Señor, no soy digno
de que entres en mi casa,
pero una palabra tuya
bastará para sanarme.
Luego, comulga reverentemente el Cuerpo de Cristo.
25. Después distribuye la comunión a los fieles. Durante la comunión se pueden entonar
cantos apropiados.
26. Acabada la comunión, un ministro idóneo lleva el pixis a algún lugar especialmente
preparado fuera de la iglesia, o bien, si lo exigen las circunstancias, lo reserva en el
sagrario.
27. Después el sacerdote, guardado si lo cree oportuno un breve silencio, dice la siguiente
oración:
Oración después de la comunión
Oremos.
Dios todopoderoso, rico en misericordia,
que nos has renovado
con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo,
no dejes de tu mano
la obra que has comenzado en nosotros,
para que nuestra vida,
por la comunión en este misterio,
se entregue con verdad a tu servicio.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
28. Para despedir al pueblo, el sacerdote, de pie cara al pueblo, y con las manos extendidas
sobre él, dice la siguiente oración:
Oración sobre el pueblo
Que tu bendición, Señor,
descienda con abundancia sobre este pueblo,
que ha celebrado la muerte de tu Hijo
con la esperanza de su santa resurrección;
venga sobre él tu perdón,
concédele tu consuelo,
acrecienta su fe,
y consolida en él la redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.
Y todos salen en silencio. El altar se desnuda en el momento oportuno.
29. Los que han participado en esta solemne acción litúrgica vespertina no están obligados a rezar Vísperas.

Vía Crucis, 3 de abril de 2026 – Papa León XIV LSE
Homilía de hoy con Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante, España
Homilía de hoy con el P. Javier Carralón, Sacerdote del Instituto Secular Stabat Mater, Guadalajara, Jalisco, México.
Reflexión del cuadragésimo quinto día de la Cuaresma con el P. José Gabriel Ansaldi, (OSE), desde Paján, Ecuador.
Viernes Santo – Meditaciones sobre la fe – P. José Ansaldi | Orden San Elías (OSE)
Siete máximas para conservar la paz ante las tentaciones | Orden San Elías (OSE)
Meditación de Las 7 PALABRAS DE JESUS con la hermana Glenda.
Recemos juntos el Santo Rosario en latín con el Proyecto Dominus Tecum
Hoy contemplamos los Misterios Dolorosos.
Película: La Pasión de Cristo.
Ver y descargar la Hoja dominical de la Arquidiócesis de Guayaquil para el DOMINGO DE RESURRECCIÓN 03-04-2026
Ver también: La Última Cena del Señor – Hoy Jueves Santo – Santa Misa y Liturgia De La Palabra – Vivamos la Semana Santa 02042026
Les obsequiamos un especial de Cuaresma: El Santo Rosario: un camino sencillo para encontrarse con Dios, incluye el Santo Rosario en latín y español – Theios Parrhesía para ver y descargar.
