Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús – Santa Misa y Liturgia de La Palabra – Viernes de la X Semana del Tiempo Ordinario 12062026

Imagen del Sagrado Corazón de Jesús, salva al Ecuador. Theios Parrhesía.

 

 

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo,  desde el pueblo de Pochauixco, estado de Guerrero, México.

 

 

Santa Misa presidida por el Presbítero José Antonio Román Bahena,  desde la Iglesia de El Calvario, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Viernes de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús – X Semana del Tiempo Ordinario.

 

Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

Lectura del libro de Deuteronomio 7, 6-11

 

En aquel tiempo, habló Moisés al pueblo y le dijo: «Eres un pueblo consagrada al Señor, tu Dios; él te ha elegido a ti para que seas pueblo suyo entre todos los pueblos de la tierra.

El Señor se ha comprometido contigo y te ha elegido, no por ser tú el más numeroso de todos los pueblos, ya que al contrario, eres el menos numeroso; más bien te ha elegido por el amor que te tiene y para cumplir el juramento hecho a tus padres. Por eso, el Señor, con mano firme, te sacó de la esclavitud y del poder del faraón, rey de Egipto.

Reconoce, pues, que el Señor, tu Dios, es el Dios verdadero y fiel. Él guarda su alianza y su misericordia hasta mil generaciones para los que lo aman y cumplen sus mandamientos; pero castiga a quienes lo odian y los hace perecer sin demora.

Guarda, pues, los mandamientos, preceptos y leyes que yo te mando hoy poner en práctica».

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Reflexión de la primera Lectura

 

La celebración del Sagrado Corazón de Jesús nos muestra, ante todo, el amor de nuestro Dios que no sólo nos ha redimido, sino que nos ha ofrecido su amor, un amor que va siempre más allá de lo que pudiéramos imaginar. Al contemplar el corazón traspasado de Cristo nos damos cuenta de manera sensible la misericordia de Dios que, a pesar de nuestros pecados que lo han puesto en una cruz y lo han traspasado, continúa amándonos, perdonándonos y manteniendo su oferta de llevarnos al Cielo. Es por ello que el texto de Deuteronomio nos recuerda que el camino para llegar es la Santidad. El hombre responde a la entrega del amor de Dios, a su muerte, al inmenso precio pagado por su salvación viviendo SANTAMENTE. Es así como se establece este flujo de amor y misericordia entre Dios y nosotros los hombres. Responde, pues, a esta invitación de vivir santamente, apártate del pecado y conviértete en un instrumento para que este amor maravilloso de nuestro Dios sea conocido y vivido por todos los hombres.

 

Salmo 102

 

R/. El Señor es compasivo y misericordioso.

 

Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios. R/.

El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura. R/.

El Señor hace justicia y le da la razón al oprimido. A Moisés le mostró su bondad, y sus prodigios al pueblo de Israel. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia. R/.

 

Lectura del Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 11, 25-30.

 

En aquel tiempo, Jesús exclamó: «¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera».

Palabra de El Señor.

Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Santo Evangelio

 

A menudo nos complicamos la vida intentando entenderlo todo con la cabeza, cuando lo que Jesús nos pide es que veamos y sintamos las cosas con el corazón. Jesús comienza este pasaje con una oración de agradecimiento al Padre y nos revela un secreto: a Dios le gusta dejarse encontrar en lo sencillo por aquellos que son humildes, que saben de sus limitaciones y que reconocen la necesidad de ayuda.

Y la invitación de Jesús es: ‘Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré’. Vivimos en la cultura del estrés por el trabajo, angustia por el futuro, la carga de las responsabilidades familiares o en el trabajo, o incluso el peso de nuestras propias culpas. Y Jesús no nos dice, vengan cuando ya estén descansados o vengan cuando ya todo esté bien. ¡No!, Él nos dice vengan así como están: estresados, agobiados porque en mi presencia encontrarán el descanso.

Y no hace falta hacer nada, no hace falta preparar nada. Lo que basta es reconocerse necesitados y decidirse a dar el paso para llegar a Él. Jesús menciona el yugo, un instrumento de madera que se utiliza en la agricultura, uniendo a dos animales por el cuello o la cabeza para distribuir la carga, para decirnos que Él está dispuesto a ponerse junto a nosotros, que no caminamos solos cargando el peso, Él camina a nuestro lado y el peso más grande recae sobre sus hombros; su yugo es llevadero, no porque el problema vaya a desaparecer, sino porque Él lo carga con nosotros.

San Agustín escribió en sus Confesiones una frase que puede también ayudarnos a entender, decía: ‘Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti’. Y nos recuerda que el agobio que sentimos a veces no es falta de descanso o de tranquilidad, sino realmente una sed de Dios que solo se calma cuando nos dejamos ayudar por Él, por Jesús.

Identifica qué es lo que hoy te quita la paz y la tranquilidad y entrégaselo a Jesús en este momento: tristeza, preocupación, cansancio, ansiedad, dificultades económicas, miedo, cualquier cosa. Y acércate con sencillez y humildad, primeramente reconociendo tu necesidad. Él está dispuesto a recibirte y a darte el alivio que necesitas, porque Él ya llevó la carga más pesada, Él camina contigo y en Él encontrarás descanso.

Y si Él ya ha aliviado tus cargas, suaviza también el yugo de otro, si Jesús alivia nuestro peso, nosotros podemos ser también descanso para alguien más; una palabra de aliento o una escucha atenta puede ser el alivio que alguien cercano a ti está necesitando hoy.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

 

 

Homilía de hoy con Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante, España.

 

 

Evangelio del día con el Presbítero Marcos Galvis, Sacerdote del Dios Altísimo desde Venezuela.

 

 

Evangelio del día con el Presbítero Javier Carralón, Sacerdote del Instituto Secular Stabat Mater, Guadalajara, Jalisco, México.

 

 

Evangelio del día con el Presbítero Santiago Martín,  Franciscanos de María, Magnificat.TV desde Madrid, España.

 

 

¡Feliz día del Sagrado Corazón de Jesús!

 

 

Desde Paján, Arquidiócesis de Portoviejo, Ecuador, el P. José Gabriel Ansaldi (OSE) del canal Espiritualidad Católica OSE, nos comparte hoy:

 

Acto de Desagravio al Sagrado Corazón de Jesús (Pío XI)

 

¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón. Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley. Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada. ¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento. ¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.

 

Durante el Tiempo Ordinario rezamos la oración del Ángelus a las 06h00, 12h00, 18h00 y 00h00.

 

Imagen: Ángelus, Theios Parrhesía.

El ángel del Señor anunció a María.

Y concibió
por obra y gracia del Espíritu Santo.

Dios te salve, María...

He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí según tu palabra.

Dios te salve, María...

Y el Verbo de Dios se hizo carne.
Y habitó entre nosotros.

Dios te salve, María…

Ruega por nosotros,
Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Jesucristo.

Oremos

 

Oh Padre, Infunde en nuestra alma tu gracia. Tú, que en la anunciación del Ángel nos has revelado la encarnación de tu Hijo, por su pasión y su cruz condúcenos a la gloria de la resurrección. Por Cristo, Nuestro Señor. Amén.

 

Recemos juntos el Santo Rosario en latín con el  Proyecto Dominus Tecum

 

Hoy contemplamos los Misterios Dolorosos.

 

 

Conozcamos al santo de hoy, san Onofre de Egipto, con los canales de youtube Pilaristas del Mundo y Despertar con Dios.

 

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Descarga: El Santo Rosario: un camino sencillo para encontrarse con Dios, incluye el Santo Rosario en latín y español – Theios Parrhesía.

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