Santa Misa y Liturgia de la Palabra del Martes de la III Semana del Tiempo Ordinario 28-01-2025

Santa Misa con el P. José Arturo López Cornejo, desde Mazatepec, estado de Guerrero – México

 

Liturgia de la Palabra del Martes de la III Semana del Tiempo Ordinario

 

Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez – Rector del Seminario Mayor de Guayaquil

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 1-10.

Hermanos:
La ley, que presenta solo una sombra de los bienes futuros y no la realidad misma de las cosas, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan, pues lo hacen año tras año y ofrecen siempre los mismos sacrificios.

Si no fuera así, ¿no habrían dejado de ofrecerse, porque los ministros del culto, purificados de una vez para siempre, no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia?

Pero, en realidad, con estos sacrificios se recuerdan, año tras año, los pecados. Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.

Por eso, al entrar él en el mundo dice:
«Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias.
Entonces yo dije: He aquí que vengo —pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí—
para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad».
Primero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley.
Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».
Niega lo primero, para afirmar lo segundo.
Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios

Te alabamos Señor.

Reflexión de la Primera Lectura

El culto es el medio por el que damos reconocimiento a Dios por sus dones, regalos y maravillas; por su medio alabamos y bendecimos a Dios por su constante obrar en favor de los seres humanos a quienes ha dado la dignidad de hijos suyos.

Pero, para darle a Dios el culto que merece, es necesario que el hombre se acerque a Él con una conciencia limpia y purificado, es decir, sin pecado. Ahora bien, el único que puede purificar al ser humano es Dios, de tal manera que si no nos acercamos a Él entonces continuamos en nuestros pecados e indignos de Dios, de su gracia y de su amistad.

Es por eso que Dios nos ha dado a su Hijo, para que por medio de su vida y sacrificio redentor, podamos ser dignos de acercarnos a Dios y participar en el culto como hombres y mujeres santificados. Jesús ha ofrecido a Dios la ofrenda de su obediencia, de su vida y de su cuerpo en el ara de la cruz y así ha hecho de nosotros, hombres dignos de acercarse al altar de Dios para participar del banquete de la Palabra y de la Eucaristía.

Salmo 39, 2. 4ab. 7-8a. 10-11.

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

V/. Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.
Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R/.

V/. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios,
entonces yo digo: «Aquí estoy». R/.

V/. He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes. R/.

V/. No me he guardado en el pecho tu justicia,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea. R/.

Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 3, 31-35.

En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.
La gente que tenia sentada alrededor le dice:
«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan».
Él les pregunta:
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre».

Palabra del Señor

Gloria y Honor a Ti Señor Jesús

Reflexión del Evangelio

Una incorrecta interpretación de este pasaje ha llevado a algunos a pensar que con estas palabras y esta actitud que nos presenta el evangelista, Jesús está menospreciando a su Madre, apoyando su actitud de indiferencia (cuando no de rechazo) hacia María Santísima. Nada más contrario en la intención de Jesús.

Sin embrago, como siempre, Jesús usa de un evento o situación particular para instruir a la comunidad. La familia de Jesús no es simplemente la familia biológica, unida por los lazos de sangre, sino quien cumple la voluntad de Dios. Con ello destaca el hecho de que María, como lo reconocerá siempre la comunidad cristiana, es el modelo perfecto de aquellos que hacen la voluntad de Dios, por lo que no sólo es su madre en sentido biológico, sino también lo es de manera espiritual, y por ello trascendente.

Por ello pertenecerán realmente a la familia de Jesús y María aquellos que hacen la voluntad de Dios. ¿Podríamos decir que nosotros formamos parte de esta familia?

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

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