Imagen de la Visita del Papa Francisco a la ciudad de Guayaquil, Ecuador Julio 2015, donde celebró la Santa Misa en el Parque Samanes. Foto de ACI PRENSA

Foto tomada del grupo Defensa Católica en facebook: El Papa Benedicto XVI, Papa Francisco y Papa San Juan Pablo II.
Con profundo pesar y el alma estremecida, el mundo católico —y más allá de él— recibió hoy a las 07h35 (hora Ecuador) la triste noticia del fallecimiento de Su Santidad el Papa Francisco, el Papa de la cercanía, de la ternura, del “hagan lío”, el pastor que caminó con su pueblo y que nunca tuvo miedo de ensuciarse los pies para estar con los más pobres, los olvidados y los que sufren.
Jorge Mario Bergoglio, nacido en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936, fue un joven apasionado por la literatura, la química y el fútbol, pero sobre todo, por el amor a Dios y a los demás. Su vocación al sacerdocio nació en su juventud, y tras ingresar a la Compañía de Jesús, fue ordenado sacerdote jesuita en 1969. Desde entonces, su vida fue una entrega sin condiciones: maestro, formador, provincial, obispo y luego arzobispo de Buenos Aires, donde se le conoció por su humildad, su austeridad radical y su compromiso inquebrantable con los más necesitados.
El 13 de marzo de 2013, el mundo fue testigo de un momento histórico: el primer Papa latinoamericano, el primer jesuita, el primero en tomar el nombre de Francisco, en honor a San Francisco de Asís, símbolo de paz, pobreza y fraternidad. Aquel día, la Iglesia Católica comenzaba un nuevo capítulo lleno de esperanza.
Canción oficial de Bienvenida para el Papa Francisco – Ecuador
A pesar de haber sufrido en su juventud una grave afección pulmonar que lo dejó con un solo pulmón funcional, nunca permitió que su condición física limitara su misión. Con una fuerza interior descomunal y una fe inquebrantable, visitó decenas de países, cruzó continentes, tocó realidades duras, habló con los olvidados y llevó el mensaje de Cristo a los rincones más necesitados del planeta. Su cuerpo podía estar débil, pero su espíritu era fuego vivo.
Papa Francisco nos enseñó que la fe no se licúa, que el Evangelio no se negocia y que el cristiano verdadero debe “hacer lío”, sacudir las estructuras frías y cómodas para dar paso a una Iglesia en salida, samaritana, misericordiosa y valiente.
Vídeo de la Santa Misa celebrada en el parque Samanes el 6 de julio de 2015 durante la visita pastoral del Papa Francisco a Ecuador.
En julio de 2015, el pueblo ecuatoriano vivió uno de los momentos más inolvidables de su historia: la visita del Papa Francisco al Ecuador. Su llegada llenó de alegría y fe a millones. En Guayaquil, celebró una multitudinaria misa en el Parque Samanes, donde dejó un mensaje inolvidable sobre la familia, la esperanza y la unidad. Su calidez fue palpable, su mirada profunda, su cercanía total. También visitó Quito, se reunió con jóvenes, con religiosos y autoridades, dejando una huella imborrable de humildad y amor.
Fue el Papa que prefirió la sencillez del Evangelio a los formalismos del poder, que se enfrentó a estructuras rígidas, que habló de ecología, fraternidad, dignidad humana, misericordia y justicia.
Su dinamismo, sonrisa sencilla, sentido del humor y capacidad de tocar corazones lo convirtieron en uno de los líderes más queridos del mundo. Fue incansable en sus llamados a cuidar la creación, a luchar contra la pobreza, a acoger a los migrantes, a construir la paz y a sanar las heridas del mundo.
Última homilía del Papa Francisco leído ayer en la Santa Misa del Domingo de Resurrección
Durante su pontificado, regaló a la Iglesia documentos trascendentales como:
- Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio)
- Laudato Si’ (Sobre el cuidado de la casa común)
- Amoris Laetitia (Sobre el amor en la familia)
- Fratelli Tutti (Sobre la fraternidad y la amistad social)
- Christus Vivit (A los jóvenes del mundo)
Su fragilidad no fue excusa, su silla de ruedas no fue obstáculo, su edad nunca fue un límite. Francisco fue un hombre profundamente espiritual, valiente hasta el final, y guiado por un amor tan fuerte que lo llevó a romper fronteras, tender puentes, unir pueblos y renovar la esperanza de la Iglesia en tiempos convulsos.
En sus últimos años, la fragilidad de su salud fue cada vez más evidente, pero jamás detuvo su entrega. Incluso desde la silla de ruedas, seguía pastoreando, predicando, abrazando, enseñando… viviendo para Dios y para su pueblo.
Hoy, su partida deja un vacío inmenso, pero también un legado imborrable. Nos queda su ejemplo, sus palabras valientes, su sonrisa que irradiaba paz, su espiritualidad profunda y su clamor por una Iglesia que sea “hospital de campaña”.
Hoy, el mundo llora a su pastor, pero también da gracias a Dios por haberlo tenido. Porque Francisco no solo predicó el Evangelio: lo vivió.
Gracias, Papa Francisco, por ser la voz del amor, el rostro de la ternura, el corazón de la Iglesia. Que tu luz nos siga iluminando. Descansa en la paz del Padre que tanto anunciaste.
Gracias, Papa Francisco, por enseñarnos a vivir con alegría, a creer con pasión y a amar sin fronteras.
Hoy el cielo gana un pastor y la tierra se arrodilla para despedir a un padre.
“Hagan lío y no licúen la fe.. Salgan a las periferias. No tengan miedo de la misericordia. Recen por mí. “La misericordia es el verdadero rostro de Dios.”
“La Iglesia debe ser un hospital de campaña.”
— Francisco
Lea: Homilía del Papa Francisco sobre la familia en el Parque Samanes, Guayaquil – ACI Prensa
