Imagen de Santa Mónica dialogando con su hijo San Agustín, de la película de San Agustín – Saint Augustine.
Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Templo del Dulce Nombre de María, Pueblo de Topiltepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Miércoles de la XXI Semana del Tiempo Ordinario.
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 2, 9-13.
Recordad, hermanos, nuestros esfuerzos y fatigas; trabajando día y noche para no serle gravoso a nadie, proclamamos entre vosotros el Evangelio de Dios. Vosotros sois testigos, y Dios también, de lo leal, recto e irreprochable que fue nuestro proceder con vosotros, los creyentes; sabéis perfectamente que tratamos con cada uno de vosotros personalmente, como un padre con sus hijos, animándoos con tono suave y enérgico a vivir como se merece Dios, que os ha llamado a su reino y gloria. Ésa es la razón por la que no cesarnos de dar gracias a Dios, porque al recibir la palabra de Dios, que os predicamos, la acogisteis no como palabra de hombre, sino, cual es en verdad, como palabra de Dios, que permanece operante en vosotros, los creyentes.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Pablo, consciente de la responsabilidad que Dios le ha confiado como mensajero del Evangelio, sabe que su misión no termina con el primer anuncio, sino que la vida cristiana, para que llegue a desarrollarse, necesita, como las plantas, de continuo cuidado. Sabe cuándo actuar con suavidad y cuándo con dureza, pero siempre con amor, para que el mensaje del Evangelio no se quede en una bonita idea sino que pase a la vida de cada uno de los cristianos. Todos los bautizados, cada uno según su vocación y estado de vida particular, hemos recibido del Señor el encargo de ayudar a que el Evangelio se convierta en un verdadero estilo de vida en nuestra sociedad, de tal modo que todos vivamos «de una manera digna de Dios». Por ello, siguiendo el ejemplo de san Pablo, debemos exhortar a nuestros hermanos, siempre con caridad, a perseverar en el amor y en la fe. El silencio de los cristianos no es otra cosa que indiferencia y apatía, falta de compromiso con Cristo y su misión. Seamos, pues, solidarios unos con otros en nuestro camino hacia la santidad.
Salmo 138, 7-12ab
R/. Señor, tú me sondeas y me conoces
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. R/.
Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha. R/.
Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 23, 27-32.
En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: «¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!»
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
Palabras duras de nuestro Señor: “sepulcros blanqueados”. Cristo hoy nos invita a quitarnos esas máscaras, esas máscaras con las que vamos pretendiendo que no pasa nada, que todo está bien.
Cristo nos invita a quitarnos esas máscaras y a decirnos: no importa que sufras, enseña el sufrimiento; no importa que te duela, enseña tu dolor; no importa que te duela, enseña tu herida; no importa que te duela, abre.
No seamos hipócritas, nos dice el Señor. Quitémonos las máscaras, pero el Señor nos invita a eso, a quitarnos esas máscaras y a tener el valor para presentarnos ante el Señor, tal y como somos, de presentarnos ante la sociedad, tal y como somos.
¿Cómo somos? hijos de Dios. ¿Cómo somos? hijos muy amados. ¿Cómo somos? hijos muy amados, pero con manchitas. ¿Cómo somos? hijos muy amados, pero con debilidades. ¿Cómo somos? hijos muy amados, pero con problemas, con dificultades, como todos.
No se nos olvide, Cristo vino a redimirnos, Cristo vino a salvarnos porque sabía de nuestras manchitas, sabía de nuestras debilidades. Pero Cristo nos invita a que hoy nos quitemos las máscaras y nos presentemos ante Él, tal y como somos.
Hay que tener valor para descubrir nuestras debilidades y también para descubrir nuestras fortalezas. Ojalá que Cristo nunca se tenga que referir a nosotros como a los fariseos, sepulcros blanqueados. ¡No! seamos auténticos, que nuestro sí sea sí, que nuestro no sea no; quitarnos las máscaras, quitarnos los filtros, y presentarnos ante el Señor, tal y como somos.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
Reflexión del Santo Evangelio de hoy con el P. Martín Ávalos, desde la parroquia Madre del Salvador, ciudad de Santa Ana, El Salvador.

Conozcamos a Santa Mónica de Hipona, madre de San Agustín, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
Hermoso diálogo entre Santa Mónica y su hijo San Agustín con el canal de youtube Biblioteca Agustiniana de Buenos Aires, escena de la película de San Agustín.
