Imagen de Nuestra Santísima Virgen María – ACI Prensa
Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Mazatepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Viernes de la XXIII Semana del Tiempo Ordinario.
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 1-2. 12-14.
Pablo, apóstol de Cristo Jesús por disposición de Dios, nuestro salvador, y de Jesucristo, nuestra esperanza, a Timoteo, verdadero hijo en la fe. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro. Doy gracias a Cristo Jesús, nuestro Señor, que me hizo capaz, se fió de mí y me confió este ministerio. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
En este inicio de la carta a su querido amigo y compañero de evangelización, san Pablo reconoce que no es por sus méritos el que Dios lo haya escogido, sino por la gran misericordia del Padre. Este aspecto de la vida apostólica es muy importante, ya que algunos hermanos no toman parte activa en la evangelización o en el trabajo pastoral de sus parroquias por el hecho de no sentirse dignos o capacitados para hacerlo. Debemos recordar que esto es una gracia y que a Dios no le importa lo que hayamos sido antes de nuestro encuentro con Jesús. Dios sabe que si no lo conocemos, difícilmente podremos amarlo y servirlo. Pero una vez que lo hemos conocido, y que estamos buscando con todo nuestro corazón el amarlo, Dios nos da todas sus gracias y su amor para poder ayudarle en la construcción del Reino. Seamos disponibles y abrámonos a la infinita misericordia de Dios
Salmo 15, 1-2a. 5. 7-8. 11
R/. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R/.
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6, 39-42.
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: «¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano».
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
El Evangelio de hoy nos confronta con nuestra tendencia a juzgar a los demás. Jesús nos advierte que regularmente somos muy buenos para ver y criticar los errores ajenos, pero cuando se trata de juzgarnos a nosotros mismos, nos cuesta aceptarlo, y más cuando alguien nos los hace ver.
¿Te ha pasado que, cuando alguien o en una entrevista de trabajo, te pregunta: “¿Cuáles son tus virtudes?”, las encuentras y las respondes rápidamente? Sin embargo, si nos piden que hablemos de nuestros defectos, nos cuesta más trabajo encontrarlos y mencionarlos.
Como dice Jesús, un ciego no puede guiar a otro ciego. Jesús quiere enseñarnos la importancia de dejarnos guiar e iluminar por Él antes de pretender guiar a alguien más. Primero, debemos examinarnos interiormente para descubrir las cosas que aún están en la oscuridad y que necesitan salir a la luz. Cuando reconocemos nuestros defectos y estamos dispuestos con su gracia a purificarnos, entonces podremos servir de guía para los demás.
Esa viga en el ojo, puede ser la intolerancia, la falta de paciencia, la poca capacidad de perdonar, el rencor, el orgullo o la amargura. Jesús nos llama a ser auténticos y humildes, a tener la capacidad de aceptar la autocrítica mediante un adecuado examen de conciencia, nos pide reconocer que necesitamos su ayuda para ver nuestro interior y dejarnos sanar por Él.
La próxima vez que sientas la tentación de juzgar o criticar a alguien, detente, ponte en su lugar y piensa que tal vez está pasando por una situación difícil, que no la conoces y que lo lleva actuar de esa forma. Por eso, antes de juzgar, ora por esa persona.
Antes de intentar guiar o corregir a alguien, revisa primero si estás preparado y tienes la capacidad para poder hacerlo. Pide a Dios que te ayude a ver las vigas que todavía puede haber en tu vida. Agradece a Dios porque te ayuda a ver tu interior y te muestra lo que necesitas limpiar en ti, para ser un instrumento para los demás. Que puedas ser guía y luz para iluminar a quienes te necesitan.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Conozcamos al santo de hoy, San Guido y el motivo de la Fiesta del Santísimo Nombre de María, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México y Radio María de Colombia.
Ver y descargar la Hoja dominical de la Arquidiócesis de Guayaquil 14-09-2025
