Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Acatlán, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Lunes de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario.
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 1-7.
Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para anunciar el Evangelio de Dios. Este Evangelio, prometido ya por sus profetas en las Escrituras Santas, se refiere a su Hijo, nacido, según la carne, de la estirpe de David; constituido, según el Espíritu Santo, Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección de la muerte: Jesucristo, nuestro Señor. Por él hemos recibido este don y esta misión: hacer que todos los gentiles respondan a la fe, para gloria de su nombre. Entre ellos estáis también vosotros, llamados por Cristo Jesús. A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de los santos, os deseo la gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
El comienzo vibrante de esta carta nos hace pensar, por un lado en la vocación universal que, como cristianos, tenemos de anunciar el Evangelio y, por el otro, también en el profundo conocimiento que revela san Pablo sobre las Escrituras para presentar de manera contundente la salvación. Es importante, pues, tomar conciencia de que todavía a nuestro alrededor hay muchos hermanos y hermanas que no conocen, o que no conocen lo suficiente de Jesús y de su evangelio, como para amarlo y para buscar vivir la vida conforme al Espíritu. Por ello, es necesario, por un lado que continuemos preparándonos en el conocimiento de Dios, tanto a nivel intelectual como espiritual, y por otro, que continuamente busquemos la manera de hacer conocer eso que nosotros vivimos y amamos. Finalmente, recordemos que todo esto no tiene otro objetivo que el llevarnos a todos a la santidad, que no es otra cosa que la vivencia del amor de Dios por la acción del Espíritu Santo. Recuerda que en este proyecto, Dios cuenta contigo.
Salmo 97
R/. El Señor da a conocer su victoria.
Cantad al Señor un cantico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R/.
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclamad al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11, 29-32.
En aquel tiempo, la multitud se apiñaba alrededor de Jesús y éste comenzó a decirles: «La gente de este tiempo es una gente perversa. Pide una señal, pero no se le dará más señal que la de Jonás. Pues así como Jonás fue una señal para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para la gente de este tiempo. Cuando sean juzgados los hombres de este tiempo, la reina del sur se levantará el día del juicio para condenarlos, porque ella vino desde los últimos rincones de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada la gente de este tiempo, los hombres de Nínive se levantarán el día del juicio para condenarla, porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
El Evangelio de hoy es invitación a mirar a nuestra sociedad y sobre todo mirarnos a nosotros mismos para ver si nuestro corazón está abierto a la conversión o buscamos pruebas que nos “justifican” en la cerrazón interior ante la llamada a la conversión.
La dureza del corazón nos incapacita para reconocer la llamada de Dios en los acontecimientos, olvidando que la conversión no proviene de signos milagrosos, sino de un cambio del corazón.
En nuestras relaciones humanas cuando falta la confianza pedimos pruebas para creer lo que se nos dice. Pedimos que se nos demuestre con obras, con pruebas que fundamenten la credibilidad. Y dichas “pruebas” lo que demuestran es la falta de confianza.
El testimonio de la propia vida es el signo de la confianza. Por eso Jesús nos da el testimonio de su vida para que le creamos a Él, para que confiemos en Él.
Jesús en su infinito amor nos ofrece el signo de una vida nueva, la resurrección.
Ser creyentes es escuchar cada día la llamada de Jesús a la conversión para ser testigos vivientes de su estilo de vida. Es dar un testimonio de vida coherente, volcada en amor a los necesitados. Es estar pendientes de la voluntad del Padre, ayudar a vivir en la esperanza cierta de la resurrección, es resucitar cada día ilusión y esperanza, es humanizar la vida. Hacer comunidad que vive el Evangelio como signo en la sociedad, que hace creíble nuestra fe.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Conozcamos a San Eduardo III con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
