Santa Misa y Liturgia de la Palabra de hoy Martes de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario 14102025

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Topiltepec, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Martes de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario.

 

Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 1, 16-25.

 

Yo no me avergüenzo del Evangelio; es fuerza de salvación de Dios para todo el que cree, primero para el judío, pero también para el griego. Porque en él se revela la justicia salvadora de Dios para los que creen, en virtud de su fe, como dice la Escritura: «El justo vivirá por su fe.» Desde el cielo Dios revela su reprobación de toda impiedad e injusticia de los hombres que tienen la verdad prisionera de la injusticia. Porque, lo que puede conocerse de Dios lo tienen a la vista; Dios mismo se lo ha puesto delante. Desde la creación del mundo, sus perfecciones invisibles, su poder eterno y su divinidad, son visibles para la mente que penetra en sus obras. Realmente no tienen disculpa, porque, conociendo a Dios, no le han dado la gloria y las gracias que Dios se merecía, al contrario, su razonar acabó en vaciedades, y su mente insensata se sumergió en tinieblas. Alardeando de sabios, resultaron unos necios que cambiaron la gloria del Dios inmortal por imágenes del hombre mortal, de pájaros, cuadrúpedos y reptiles. Por esa razón, abandonándolos a los deseos de su corazón, los ha entregado Dios a la inmoralidad, con la que degradan ellos mismos sus propios cuerpos; por haber cambiado al Dios verdadero por uno falso, adorando y dando culto a la criatura en vez de al Creador. ¡Bendito él por siempre! Amén.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Reflexión de la Primera Lectura

 

Quisiera que centremos nuestra meditación en el hecho de cómo Dios ha puesto en el alma de todos los hombres el conocimiento necesario sobre él, de manera que todos, absolutamente todos, lo puedan conocer y amar. Esto es lo que nosotros llamamos «conciencia», y es, por ello, el elemento rector de la vida moral y religiosa del hombre. En ella Dios grabó lo que es bueno y lo que es malo, de manera que no podemos engañarnos interiormente, pues aunque podamos engañar a la gente, a Dios, que ve nuestra conciencia, no. Ahora bien, la conciencia se va formado o deformando, y esto es lo que hace que muchos actuemos de modo inconveniente, pues hemos sido mal formados en nuestra conciencia. Es necesario, como lo dirá más adelante san Pablo, que nuestra conciencia sea iluminada por la luz del Evangelio, para que así todo nuestro actuar sea de acuerdo a Dios. Cuando el hombre oscurece su conciencia, es víctima, como termina diciendo hoy san Pablo, de toda clase de calamidades, que siempre van en perjuicio nuestro y de nuestra comunidad. Iluminemos nuestra vida con la luz de Dios y no permitamos que los niños deformen su conciencia para que puedan ser siempre felices en el amor de Dios.

 

Salmo 18, 2-5.

 

R/. El cielo proclama la gloria de Dios

 

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R/.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R/.

 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 11, 37-41.

 

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó de que Jesús no hubiera cumplido con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer. Pero el Señor le dijo: «Ustedes, los fariseos, limpian el exterior del vaso y del plato; en cambio el interior de ustedes está lleno de robos y maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso el que hizo lo exterior no hizo también lo interior? Den más bien limosna de lo que tienen y todo lo de ustedes quedará limpio».

Palabra de El Señor.

Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Evangelio

 

Para los judíos lavarse las manos antes de la comida no es solamente un tema de higiene sino que forma parte de un ritual de purificación para el alma y el cuerpo. El rito se hace al despertar, antes de tomar alimentos y para la oración; tiene un sentido de pureza y de reconocimiento de la providencia de Dios.

Una de las motivaciones principales va en la línea de la humildad y el agradecimiento porque lavarse las manos y purificarlas antes de comer, recuerda que la fuente de su sustento es Dios y que de Él proviene todo lo que se recibe, incluido el pan de cada día.

Hay mucho que aprender de esto, porque cuando lo entendemos, podemos ver mejor lo que Jesús quiere que aprendamos en este Evangelio. Así como no se trata solamente de lavarse las manos y ocuparse de lo externo, de la suciedad o los gérmenes en nuestras manos, en el ámbito espiritual, la verdadera purificación no es externa sino que viene desde adentro y se refleja en nuestras acciones y motivaciones.

La fuente de nuestra purificación, ser humildes y agradecidos, se obtiene más bien en la medida que logremos una relación de intimidad con Dios, principalmente por medio de la oración. No es la medallita o la cruz que llevamos en el cuello, la calcomanía pegada en el carro o el rosario colgado en el espejo lo que nos hace buenos cristianos. Ser buenos cristianos depende más bien de lo que hacemos, incluso cuando nadie nos ve. No es aparentar una pureza o una vida espiritual externa, sino realmente demostrarlo con nuestras acciones.

Ser honrados, éticos, íntegros, serviciales, justos, congruentes en todos los campos de nuestra vida; ser personas cuyas acciones correspondan a sus creencias, a lo que han aprendido de Dios por medio de la Palabra, incluso cuando nadie lo note o lo reconozca.

Un corazón purificado se muestra en la generosidad y la congruencia usando los talentos que Dios nos ha dado, una profunda relación con Dios permite que su gracia nos transforme desde dentro y limpie todo lo que en ocasiones nos impide ser humildes y agradecidos. Estamos llamados a amar y ser un testimonio vivo de lo que Cristo ha hecho en nosotros.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

 

 

Conozcamos a San Calixto I, el Papa que fue esclavo, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.

 

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