Estamos viviendo la II Semana de Adviento, Informa-Te Ve LATAM
Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Topiltepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Jueves de la II Semana de Adviento.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del libro de Isaías 41, 13-20.
Yo, el Señor, tu Dios,
te tomo por la diestra y te digo:
«No temas, yo mismo te auxilio».
No temas, gusanillo de Jacob,
oruga de Israel,
yo mismo te auxilio
-oráculo del Señor-,
tu libertador es el Santo de Israel.
Mira, te convierto en trillo nuevo,
aguzado, de doble filo:
trillarás los montes hasta molerlos;
reducirás a paja las colinas;
los aventarás y el viento se los llevará,
el vendaval los dispersará.
Pero tú te alegrarás en el Señor,
te gloriarás en el Santo de Israel.
Los pobres y los indigentes
buscan agua, y no la encuentran;
su lengua está reseca por la sed.
Yo, el Señor, les responderé;
yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.
Haré brotar ríos en cumbres desoladas,
en medio de los valles, manantiales;
transformaré el desierto en marisma
y el yermo en fuentes de agua.
Pondré en el desierto cedros,
acacias, mirtos, y olivares;
plantaré en la estepa cipreses,
junto con olmos y alerces,
para que vean y sepan,
reflexionen y aprendan de una vez,
que la mano del Señor lo ha hecho,
que el Santo de Israel lo ha creado.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
De nuevo la Palabra de Dios nos recuerda que tenemos un Dios que está pendiente hasta de los más pequeños detalles de nuestra vida. Él es quien hace que nuestra vida, aunque parezca que es como un desierto, llegue a florecer como un vergel. El tiempo de Adviento busca que tengamos presente que Dios nunca está lejos, que su presencia se acerca continuamente a nosotros para hacer de nuestra vida una experiencia profunda de amor. Debemos, de todas formas, recordar que esta presencia y encuentro con Dios muchas veces se realiza por medio de sus «instrumentos», es decir, a través de nuestros hermanos, lo que implica que nosotros también muchas veces somos el medio para que este encuentro con Dios se realice. Esfuérzate y abre tu vida a la acción de Dios para que por tu medio su amor y su paz sean una realidad en la vida de todos los que te rodean.
Salmo 144, 1. 9-13ab.
R/. El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad.
V/. Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
El Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.
V/. Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R/.
V/. Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R/.
SANTO EVANGELIO
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 11, 11-15.
En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él. Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán. Porque todos los profetas y la ley profetizaron, hasta Juan; y si quieren creerlo, él es Elías, el que habría de venir. El que tenga oídos que oiga».
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
No ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Debo confesar que, según mi criterio propio, después de María, sería san José el más grande entre los nacidos de una mujer. El castísimo san José es el hombre del silencio, del servicio y de la fe inquebrantable; el protector del Dios hecho hombre y de la Madre del Divino Verbo. san José le creyó a Dios, con respecto al embarazo de la Santísima Virgen María, sin más pruebas que la palabra de María y el conocimiento que tenía de su santidad, de su pureza, su integridad y autenticidad; sin más pruebas que haber hablado con un ángel en sueños. Pero solo eso le bastó para apostar la vida entera: su presente y su futuro, sus sueños y esperanzas, sus expectativas y planes; todo puesto a un lado, todo relativizado en función de Cristo, de protegerlo, de acogerlo en su hogar y de formarlo.
Y sin embargo, no obstante la heroicidad de la santidad y las virtudes del bendito tutor de Cristo, Jesús nos dice que no ha surgido entre los hijos de una mujer, ninguno más grande que Juan el Bautista. Evidentemente, san José vivió y cumplió heroicamente la misión que Dios le ha asignado y eso es digno de alabanza y reconocimiento, y más digno de imitarse.
Pero san Juan Bautista, es grande, porque reconociendo su pequeñez, trabajó para que Israel pudiese recibir al Enviado del Padre y en cuanto tuvo oportunidad, lo señala como el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; es decir, como el único Salvador del género humano, como el Mesías anunciado por los profetas, como Aquél cuya sangre y cuya carne nos dan la vida eterna.
Ahora bien, practicar las virtudes y vivir una vida santa es importante y grato a los ojos de Dios, claro está, y necesario para formar parte del Reino de los Cielos, pero anunciar a Jesucristo como el único Salvador se vuelve indispensable para ser grande en este Reino.
Piensa, hablar otros idiomas, viajar o ser muy bueno en el deporte, los videojuegos, en tu escuela o tu trabajo, ¡es bueno!, pero la grandeza de un ser humano no radica en esas banalidades, sino en aceptar a Jesucristo y en anunciarlo con obras y palabras. Por eso, te invito a hacerte violencia frente a tu tendencia al placer y a la comodidad, aprendiendo de san José sus virtudes de acogida al Verbo hecho carne, conquistando el Reino de los Cielos en tu vida.
Pero, si quieres ser grande en ese Reino, aprende de san Juan Bautista su vehemencia por señalar a Cristo ante todos, como el único Salvador, proclama, a tiempo y a destiempo que Él es Dios y Señor de la historia, comparte su Palabra, su amor y su enseñanza; anuncia que la muerte ya no tiene la última palabra y que el pecado no determina al pecador si se somete a Cristo y busca vivir según su Palabra, anuncia que Dios también es Padre, y trabaja para que verdaderamente lo sea de todo el género humano, lucha por la salvación de la humanidad que solo es posible rompiendo el pacto con el pecado.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
Hoy Jueves Sacerdotal y Eucarístico, Jesús, te espera en el Santísimo Sacramento del Altar.

Conozcamos al santo de hoy, San Dámaso, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
Recemos juntos el Santo Rosario con el P. Javier Olivera Ravasi, SE, San Francisco, USA. Canal QNTLC.
Hoy contemplamos los Misterios Luminosos.
Reflexión del Adviento con San José para hoy Jueves 11 de diciembre con el P. José Gabriel Ansaldi, de la Orden de San Elías OSE

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