Imagen de Santa María Magdalena y el huevo rojo, ícono ortodoxo. (La leyenda del huevo rojo en esta entrega).
Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Topiltepec , estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Martes de la XVI Semana del Tiempo Ordinario
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del libro del Cantar de los Cantares 3, 1-4a.
Así dice la esposa: «En mi cama, por la noche, buscaba al amor de mi alma: lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad por las calles y las plazas, buscando al amor de mi alma; lo busqué y no lo encontré. Me han encontrado los guardias que rondan por la ciudad: «¿Visteis al amor de mi alma?» Pero, apenas los pasé, encontré al amor de mi alma.»
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Celebramos hoy una fiesta que nos recuerda el amor que puede desarrollarse en una persona que solo ha recibido amor de otra. Este es el caso de María Magdalena, quien hasta donde nos cuentan los evangelistas era la «enamorada» a la que el Señor había rescatado de una vida terrible. Ella, igual que el apóstol Juan, son mencionados por el autor del cuarto evangelio como los «enamorados de Cristo» y con quien, por reciprocidad, Jesús llevaba una relación especial. No es por ello raro que en uno de los himnos de la Liturgia de Pascua se proponga, a María como la Esposa que espera al Esposo. Debemos de entender que esta propuesta tanto de los evangelios como de la Liturgia, está orientada a mostrar, no la relación que había en entre ellos sino el amor que entre ellos se desarrollaba.
Era un amor unitivo, un amor especial, pero que respeta la condición de cada uno. Y es que estamos llamados a desarrollar este tipo de amor entre nosotros. María, que amaba tiernamente a Jesús, va a buscarlo con el alba y se encuentra al amor de los amores, que ha venido también a buscarla a ella, pues sabe que sufre grandemente pues lo supone muerto. Así también nosotros debemos amar a Jesús y él nos buscará en los momentos más terribles de nuestra vida para que, como a María, consolarnos y asegurarnos que está vivo y que nada tenemos que temer, y así, como dice Jesús, «nuestra tristeza se convertirá en gozo.
Salmo 62, 2-6. 8-9.
R/. Mi alma está sedienta de ti, mi Dios
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.
Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan 20, 1-2. 11-18.
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto».
María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: «¿Por qué estás llorando, mujer?» Ella les contestó: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto».
Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: «Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?» Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: «Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto». Jesús le dijo: «¡María!» Ella se volvió y exclamó: «¡Rabbuní!», que en hebreo significa «maestro». Jesús le dijo: «Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: «Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios» «.
María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
Este pasaje nos ilustra cómo, quien ha tenido una experiencia de Jesús resucitado, se convierte inmediatamente en testigo de la Resurrección y, con ello, en evangelizador. La palabra que usa el griego para la acción realizada por María Magdalena al ir a anunciar es «Angellousa» – que viene de «ángel» y que identifica a los «portadores de noticias de parte de Dios»-.
María ha sido capaz de reconocer en ese «jardinero» la presencia real de Cristo. Él la ha llamado por su nombre y ella le ha dicho: Maestro. Mucha gente piensa que pasar una hora delante del Santísimo Sacramento es pérdida de tiempo (algunos ni se lo han propuesto). Es ahí en donde, delante del misterio, el hombre puede llega a reconocer en ese pedacito de pan la presencia real de Jesús y, con ello, convertirse también en un «ángel», en un portador y anunciador de buenas noticias para los hermanos.
Necesitamos llenar nuestras oficinas, nuestras escuelas, nuestros barrios de «ángeles», de hombres y mujeres que, como María Magdalena, puedan decir: Jesús está vivo, yo lo he visto y ha cambiado mi vida y si lo que hizo conmigo, lo puede hacer también contigo.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, María y José.
Conozcamos a la santa de hoy, Santa María Magdalena con el P. José de Jesús Aguilar Valdés.
La historia del huevo rojo de Santa María Magdalena con el P. José de Jesús Aguilar Valdés.
Conozcamos dónde nació la santa más famosa del mundo, María Magdalena, con el P. José Arturo López Cornejo.
