Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de La Mojonera, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Martes de la XXXI Semana del Tiempo Ordinario.
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 12, 5-16a.
Nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros. Los dones que poseemos son diferentes, según la gracia que se nos ha dado, y se han de ejercer así: si es la profecía, teniendo en cuenta a los creyentes; si es el servicio, dedicándose a servir; el que enseña, aplicándose a enseñar; el que exhorta, a exhortar; el que se encarga de la distribución, hágalo con generosidad; el que preside, con empeño; el que reparte la limosna, con agrado. Que vuestra caridad no sea una farsa; aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor, Que la esperanza os tenga alegres: estad firmes en la tribulación, sed asiduos en la oración. Contribuid en las necesidades de los santos; practicad la hospitalidad. Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis. Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Termina este texto que hemos leído hoy con una serie de exhortaciones y recomendaciones del apóstol para todos los cristianos, no sólo de Roma sino del mundo entero. Quisiera hoy acentuar el tema de estimar más a los otros que a uno mismo, ya que debemos reconocer que este aspecto del Evangelio no es fácil de vivir, pues el egoísmo se revela siempre en nosotros y es difícil reconocer que nuestros compañeros de trabajo, de apostolado, nuestros vecinos, son mejores que uno mismo. Esto requiere, sin lugar a dudas, de la acción poderosa del Espíritu. De aquí de nuevo la insistencia de una vida espiritual firme que le permita al Espíritu Santo actuar con todo su poder en nosotros, sobre todo en esta área, y la de los enemigos y los que nos persiguen, pues solo Él pude generar en nosotros un amor tal que nos lleve a amar a todos sin distinción. Todos estos consejos de Pablo eran precisamente lo que distinguía a la comunidad cristiana. Por ello los demás se quedaban admirados de que alguien pudiera amar a los demás sin importar si los perseguían o no. En la célebre carta a Diogneto, éste dice cómo todos los paganos estaban admirados por el tenor de vida que llevaban los discípulos de Cristo. Es tiempo de que cada uno de nosotros permita al Espíritu que, no solo los dones de los que nos ha hablado el apóstol se manifiesten, sino que además se vea claro este aspecto de la caridad. Seamos un reflejo claro de la caridad de Jesucristo
Salmo 130, 1-3
R/. Guarda mi alma en la paz junto a ti, Señor.
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R/.
Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre. R/.
Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 14, 15-24.
En aquel tiempo, uno de los que estaban sentados a la mesa con Jesús le dijo: «Dichoso aquel que participe en el banquete del Reino de Dios». Entonces Jesús le dijo: «Un hombre preparó un gran banquete y convidó a muchas personas. Cuando llegó la hora del banquete, mandó un criado suyo a avisarles a los invitados que vinieran, porque ya todo estaba listo. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. Uno le dijo: «Compré un terreno y necesito ir a verlo; te ruego que me disculpes». Otro le dijo: «Compré cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego que me disculpes». Y otro más le dijo: «Acabo de casarme y por eso no puedo ir». Volvió el criado y le contó todo al amo. Entonces el Señor se enojó y le dijo al criado: «Sal corriendo a las plazas y a las calles de la ciudad y trae a mi casa a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos». Cuando regresó el criado, le dijo: «Señor, hice lo que me ordenaste, y todavía hay lugar». Entonces el amo respondió: «Sal a los caminos y a las veredas; insísteles a todos para que vengan y se llene mi casa. Yo les aseguro que ninguno de los primeros invitados participará de mi banquete»».
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
El pasaje del Evangelio de hoy nos describe una de las enseñanzas de Jesús sobre el Reino de Dios. Jesús nos habla por medio de una parábola del banquete que prepara un hombre y cómo éste es despreciado por todos sus invitados.
Esta cita nos quiere hacer ver varios puntos sobre la invitación que nos hace Dios a participar del Reino. Dios, como el hombre de la parábola que preparó el banquete, hace una invitación gratuita a todos, sin excepción; durante toda nuestra vida, Él se ocupa de enviarnos avisos de que todo está listo para sentarnos a la mesa a disfrutar el banquete.
Por diferentes circunstancias de nuestra vida, ponemos muchas excusas y no nos damos tiempo de acudir al llamado. Muchas veces le damos más importancia a nuestros intereses personales y materiales: los negocios, el éxito, la fama, el descanso, y despreciamos la oportunidad que nos da Dios de acudir a este banquete y vivir una vida de felicidad en unión con Él.
Pero Dios no se rinde, Él sigue esperándonos a la mesa todos los días. Él renueva su amor cada día y hace que sus mensajeros salgan de nuevo a las calles y caminos a buscar a quienes lo necesitan, a quienes sí quieren disfrutar del banquete: en la oración, en la Eucaristía, en el encuentro con su Palabra. Todo está preparado y servido, no hace falta que llevemos nada. No se tiene que pagar por participar en un banquete sobreabundante de dones.
Dios, hoy te hace de nueva cuenta la invitación, de manera personal, a participar del banquete de su Reino. No sé, quizá seas uno de los que hoy tenga una buena excusa para no ir: mucho trabajo, preocupaciones, problemas de salud, o creas que tú no mereces su invitación al banquete del Reino. Si fuera así, quiero decirte que precisamente hoy Dios te está llamando y quiere que tú participes del Reino, que veas su invitación como un regalo especial porque Él te ama y quiere que sientas su amor.
Hazle caso a esa persona que te ha invitado tantas veces al grupo parroquial, al que te invita a que lo acompañes a Misa o a un retiro espiritual. Acepta esta invitación hoy, no dejes pasar más tiempo ni dejes que se te haga tarde.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Conozcamos al santo de hoy, San Carlos Borromeo, con el padre José de Jesús Aguilar Valdés, desde México.
Recemos juntos el Santo Rosario, con el P. José Arturo López Cornejo desde México.
Hoy contemplamos los Misterios Dolorosos.
