Imagen de San Josafat de Lituania, mártir – ACI Prensa
Santa Misa y Hora Santa presidida por el Presbítero Martín Ávalos Magaña, desde la parroquia Madre del Salvador, ciudad de Santa Ana, El Salvador.
Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Mazatepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Miércoles de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Primera Lectura
Lectura del libro de la Sabiduría 2, 23–3, 9.
Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella. En cambio, la vida de los justos está en manos de Dios, y no los tocará el tormento. La gente insensata pensaba que morían, consideraba su tránsito como una desgracia, y su partida de entre nosotros como una destrucción; pero ellos están en paz. La gente pensaba que cumplían una pena, pero ellos esperaban de lleno la inmortalidad; sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes favores, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de si; los probó como oro en crisol, los recibió como sacrificio de holocausto; a la hora de la cuenta resplandecerán como chispas que prenden por un cañaveral; gobernarán naciones, someterán pueblos, y el Señor reinará sobre ellos eternamente. Los que confían en él comprenderán la verdad, los fieles a su amor seguirán a su lado; porque quiere a sus devotos, se apiada de ellos y mira por sus elegidos.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Este pasaje dirigido a los gobernantes bien lo podemos aplicar a todos aquellos que tienen responsabilidades, ya sea para sus subordinados en las empresas y oficinas, o de manera general para los padres de familia a quienes se les ha encomendado el gobierno de la casa y la educación de los hijos. Esta lectura debe llevarnos a meditar en cómo estamos usando el «poder», y de los dones que Dios nos ha dado con respecto a aquellos que ha puesto bajo nuestra tutela. Nosotros somos responsables de su crecimiento, no solo económico (para aquellos que tienen responsabilidades como autoridad en las empresas y el gobierno), sino de su vida moral y religiosa. Si de manera ordinaria todos necesitamos de la Sabiduría divina, aquellos que tienen la responsabilidad de conducir a los demás, la necesitan mucho más. Si todas las decisiones que tomamos con respecto a la educación de los hijos (sobre todo en su vida moral), al gobierno de nuestras casas, a la promoción de nuestros empleados, al bien de la comunidad social (por los políticos y encargados de nuestros gobiernos) fueran hechas a la luz y bajo la guía del Espíritu Santo, el mundo verdaderamente sería la antesala del paraíso. No habría más hambre, ni injusticia y todos viviríamos en paz y con alegría. Es, pues, importante que hoy revises si tus decisiones están siendo iluminadas por la Sabiduría de Dios, o si sigues a los derroteros del mundo.
Salmo 33, 2-3. 16-19
R/. Bendigo al Señor en todo momento
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria. R/.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos. R/.
Santo Evangelio
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19
En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: «¡Jesús, maestro, ten compasión de nosotros!» Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra. Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ese era un samaritano. Entonces dijo Jesús: «¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?» Después le dijo al samaritano: «Levántate y vete. Tu fe te ha salvado».
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Santo Evangelio
Gran, gran, gran ejemplo nos da este samaritano, este extranjero. No es la primera vez que vemos a un samaritano en el Evangelio; ya habíamos visto a otro en aquella famosa parábola, que es la del buen samaritano, que es el único que se para a atender a un forastero que estaba herido en el camino porque lo habían asaltado.
Y aquí una vez más, vemos a un samaritano hacer algo extraordinario. Algo nos quiere decir Jesús poniéndonos de ejemplo al samaritano, al extranjero, al forastero, y yo creo que lo que nos quiere enseñar Jesús es que aprendemos de aquellos que menos esperamos, si nos detenemos a verlo.
Y hoy la virtud que nos presenta el Señor es una virtud, casi casi, me atrevería a decir, que está en extinción, y esa virtud es la gratitud. Vivimos en un mundo donde nos creemos merecedores de todo, cuando en realidad, si nos paramos un segundo, nos damos cuenta que todo es gracia de Dios.
Desde el despertar en la mañana hasta el simple hecho de tener un plato de comida que comer. Todo es gracia. De los 10 leprosos que fueron curados solo uno regresó a dar gracias. Seamos como ese uno que, al verse limpio, se detiene, se asombra, regresa y agradece.
Hacer un alto en nuestra vida y ver todo lo limpio, reconocer todo aquello que el Señor me regale el día de hoy, reconocer todo aquello que el Señor me ha curado, reconocer cuál es esa lepra que el Señor me ha quitado, reconocer de todo aquello que el Señor me ha llenado. Regresar, regresar la mente y el corazón y hacer memoria del corazón, hagamos memoria del corazón para contar todas esas bendiciones que el buen Dios nos ha dado.
Hagamos memoria de la mente y del corazón para elevar nuestro corazón de gratitud a Aquél que se ha encargado de limpiarme y de curar el corazón y a ese Alguien, a ése Quien se ha encargado de llenarlo: demos gracias a Dios; saber reconocer que todo lo que soy, todo lo que tengo es gracias a Dios, y digamos gracias, y que esa gratitud se manifieste en mi estar alegre, en mi estar feliz, en ver el mundo con optimismo, lleno de esperanza.
Que esa gratitud se manifieste en la sonrisa, en la vitalidad, que esa gratitud se manifieste en el servicio, en la entrega, que esa gratitud se manifieste en que nos reconozcamos no merecedores de nada, sino agradecidos de todo y por todo. Hoy, reconocer lo bueno y lo bello que me rodea y decir gracias.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Conozcamos al santo de hoy, San Josafat con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
Conozcamos al santo mártir de hoy, San Margarito Flores García, sacerdote mexicano cristero con DIOCESISTV – Diócesis de Málaga, España.
Recemos juntos el Santo Rosario, con el P. Martín Ávalos Magaña, desde la parroquia Madre del Salvador, ciudad de Santa Ana, El Salvador.
Hoy contemplamos los Misterios Gloriosos.
