Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Pochauixco, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Jueves de la XXIV Semana del Tiempo Ordinario.
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 12-16.
Nadie te desprecie por ser joven; sé tú un modelo para los fieles, en el hablar y en la conducta, en el amor, la fe y la honradez. Mientras llego, preocúpate de la lectura pública, de animar y enseñar. No descuides el don que posees, que se te concedió por indicación de una profecía con la imposición de manos de los presbíteros. Preocúpate de esas cosas y dedícate a ellas, para que todos vean cómo adelantas. Cuídate tú y cuida la enseñanza; sé constante; si lo haces, te salva ras a ti y a los que te escuchan.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Qué bien nos haría hoy el tomar para nosotros los cristianos «los que estamos buscando con todo nuestro corazón seguir al Señor», estas palabras de san Pablo a Timoteo. Hermanos, el mundo hoy ya está cansado de tantos sermones, de palabrerías huecas acerca de Dios, de la caridad. Lo que quiere es vernos a nosotros, los cristianos, viviendo lo que Jesús nos mostró con su propia vida, lo que él nos encomendó vivir y testificar en medio de la comunidad. Es preciso, pues, que pongamos más atención en nuestro comportamiento cotidiano de manera que éste refleje lo que Dios está haciendo en nosotros, en nuestra vida y en nuestra familia. Necesitamos ser, como le pide san Pablo a Timoteo, modelos de la vida cristiana para que podamos más adelante decir, como lo afirma en otra de sus cartas, «sean imitadores míos, como yo lo soy de Cristo». Qué gran compromiso. Lo más grave es que si no logramos esto, entonces ¿cómo se decidirán a cambiar los que, a pesar de haber sido bautizados, se han dejado arrastrar por las costumbres de este mundo? Si ellos no nos ven ser diferentes, ¿cómo creerán que efectivamente la vida cristiana es otra cosa? Pongamos, pues, atención y mostrémonos como hombres y mujeres llenos de fe, de caridad; cuidando nuestro vocabulario y el modo de tratarnos entre nosotros. De nuestro testimonio depende en gran medida también la salvación de los demás.
Salmo 110, 7-10
R/. Grandes son las obras del Señor
Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud. R/.
Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible. R/.
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 7, 36-50.
En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.
Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: «Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora».
Entonces Jesús le dijo: «Simón, tengo algo que decirte». El fariseo contestó: «Dímelo, Maestro». Él le dijo: «Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?» Simón le respondió: «Supongo que aquel a quien le perdonó más».
Entonces Jesús le dijo: «Haz juzgado bien». Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama». Luego le dijo a la mujer: «Tus pecados te han quedado perdonados».
Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: «¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?» Jesús le dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado; vete en paz».
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
Hoy en el Evangelio, el Señor interactúa con dos grandes pecadores, pero con una diferencia, la mujer lo reconoce, mientras que el fariseo cree que puede esconderlo incluso a sí mismo. Ella tuvo el coraje de ir a los pies de Cristo a pesar del dolor y vergüenza y ha recibido el perdón y la salvación de Dios; él, al no poder reconocer su pecado, mantuvo su fe inmóvil, su amor atrofiado y su esperanza apocada.
También nosotros podemos estar frente a Cristo como el fariseo y no recibir la salvación que quiere darnos por puro amor. Entonces estamos ciegos a veces, a pesar de la luz que Él nos ofrece. Y tantas veces consideramos que el pecado que cometemos en realidad no lo es, pero te tengo una noticia que me digo hoy también a mí mismo: no eres tú la medida de la verdad, ni son tus criterios los que determinan qué tan pecaminosa es una acción o elección, sino la misma revelación.
Tampoco existen pecados “normales” porque la norma es Cristo y el que muchos pequen con el mismo género de pecados con los que tú pecas, no significa que tu pecado no te aleje del amor de Dios, más bien significa que tú, como muchos otros, decides retirarte de ese amor tierno y gratuito.
Por otro lado, muchas veces buscando erróneamente fortalecer nuestra autoestima, escondemos hasta a nosotros mismos la maldad de nuestras opciones, pero eso solo le da más fuerza y poder a nuestro pecado para lastimar la relación con Dios y herirnos a nosotros y a los demás con el peligro de llevarnos, a la muerte en vida y a la muerte eterna.
Solo la verdad nos libera, solo al reconocer la verdad de nuestra propia miseria, tendremos la necesidad de dirigirnos hacia Cristo, el único que puede fortalecernos, lavarnos y salvarnos y restaurarnos, y solo al ser reconciliados, a pesar de no merecerlo, a pesar de nuestra maldad, es que podremos experimentar la desproporción del amor de Dios y solo el amor de Dios en nosotros nos hará capaces de amar como Él mismo ama.
¡Ánimo!, no tengas miedo de hacer constantemente tu examen de conciencia para que, como la pecadora, sientas la necesidad de Dios, de su amor y su perdón; te atrevas a ir a los pies de Cristo mediante el Sacramento de la Reconciliación para ser salvado, y así, con la certeza de tu pequeñez y de su grandeza, puedas levantarte fortalecido para volver a empezar, con esperanza, la aventura del amor verdadero.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo . En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
Hoy Jueves Sacerdotal y Eucarístico, Jesús, te espera en el Santísimo Sacramento del Altar.

Conozcamos a los santos de hoy, Juan Bautista y Jacinto de Los Ángeles y San José de Cupertino con el P. José de Jesús Aguilar Valdés, desde México.
