Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Templo del Dulce Nombre de María, Pueblo de Topiltepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Lunes de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario.
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 20-25.
Ante la promesa de Dios Abrahán no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le valió la justificación. Y no sólo por él está escrito: «Le valió», sino también por nosotros, a quienes nos valdrá si creemos en el que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
De nuevo san Pablo presenta de forma categórica cómo la fe es el pilar donde está cimentada toda nuestra vida cristiana. Es, pues, necesario creer con firmeza que en Jesús está la respuesta a todas nuestras angustias, a nuestras ansiedades; que en él hay vida y vida en abundancia. Es triste ver cómo nuestro mundo, cubierto por la sombra del pragmatismo, no cree. Dice tener fe pero en realidad no la tiene, pues creer es confiar y dejarlo todo en las manos de Jesús. En el pasaje que cita san Pablo vemos que la fe de Abraham se manifiesta en sus acciones. Dios primero le dice: «deja tu tierra y ponte en camino a la tierra que yo te mostraré». Y, confiado en esa Palabra, Abraham se pone en camino, sin ni siquiera saber hacia dónde iba. Deja sus seguridades y se deposita en la confianza plena del Señor. Si nosotros decimos tener fe, debemos obrar de la misma manera: sin preguntas, sin objeciones; con la certeza de que es en las manos de Dios en las que estamos dejando nuestros proyectos, nuestra familia, todo lo que tenemos y somos. Con una fe como esta, es como nosotros podemos llegar realmente a ser testigos del amor de Dios, y a llevar una vida serena y en armonía con nosotros mismos y con los demás
Salmo Lc 1, 69-75.
R/. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo.
Nos ha suscitado una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas. R/.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. R/.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 12, 13-21.
En aquel tiempo, hallándose Jesús en medio de una multitud, un hombre le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia». Pero Jesús le contestó: «Amigo, ¿Quién me ha puesto como juez en la distribución de herencias?» Y dirigiéndose a la multitud, dijo: «Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea». Después les propuso esta parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ‘¿Qué haré, porque no tengo ya en dónde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años; descansa, come, bebe y date a la buena vida’. Pero Dios le dijo: ‘¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?’ Lo mismo le pasa al que amontona riquezas para sí mismo y no se hace rico en lo que vale ante Dios».
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
Hay que centrarnos en la última frase de estas palabras de Jesús: ‘aquello que vale ante Dios’. Muchas veces vamos acumulando cositas o quizá pasamos la vida trabajando para ser más ricos. Pero hoy Cristo nos invita a ser ricos de las cosas que realmente valen, lo que vale ante Dios, lo que tendrá valor en el Cielo.
Creo que está de más mencionar qué es lo que vale ante Dios, pero, por si acaso, hay algún despistado por ahí. ¿Qué es lo que vale ante Dios?: amor, servicio, respeto, justicia, bondad, amistad.
Quisiera invitarles a hacer el ejercicio de acumular bienes. Últimamente, hemos visto, ¿verdad? el boteo de los jóvenes o adolescentes que salen para pedir para su equipo de fútbol, para el Teletón, para todo tipo de actividades, ¿verdad? Se llama ir a botear, para pedir ayuda, ¿no? Pues yo les invito a que nosotros tengamos esa alcancía para el Cielo, que boteemos para el Cielo: todos los días un acto de amor, una monedita; todos los días un acto de servicio, otra monedita; todos los días una sonrisa, otra monedita; perdonar a alguien de corazón, monedita; tiempo de calidad con los míos, monedita; son tiempos duros para la economía, para la economía del Cielo.
Podríamos decir lo mismo para la economía celestial. Hay que trabajarle para salir adelante, hay que estirar el corazón y salir a botear para tener una alcancía llena que me abra las puertas del Cielo, que me alcance para llegar al Cielo. Hoy salgamos a botear. Echemos una monedita en la alcancía del Cielo.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
Conozcamos a la santa de hoy, Santa Adelina de Savigny, con La Voz de la Misericordia.
