Santa Misa y Liturgia de la Palabra de hoy Sábado de la XX Semana del Tiempo Ordinario 23082025

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Viramontes, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Sábado de la XX Semana del Tiempo Ordinario.

 

Tomado de la web Dominicos.org – Lectura y Santo Evangelio de hoy 23-08-2025

 

Primera lectura

 

Lectura del libro de Rut 2,1-3.8-11;4,13-17

 

Tenia Noemí un pariente, por parte de su marido; un hombre muy acomodado de la familia de Elimélec; su nombre era Booz.

Rut, la moabita, dijo a Noemí:
«¿Puedo ir a espigar en el campo de quien me lo permita?».

Noemí le respondió:
«Sí, hija mía».

Marchó Rut a recoger espigas detrás de los segadores, y sucedió que vino a parar en una parcela de Booz, el de la familia de Elimelec.

Booz dijo entonces a Rut:
«Escucha, hija mía. No vayas a espigar a otro campo, no te alejes de aquí. Quédate junto a mis criados. Fíjate dónde siegan los hombres y ve detrás de ellos. He mandado que no te molesten. Cuando tengas sed, bebe de los cántaros que ellos han llenado».

Ella se postró ante él y le dijo:
«¿Por qué te interesas con tanta amabilidad por mí, que soy una simple extranjera?».

Booz respondió:
«Me han contado cómo te has portado con tu suegra después de morir tu marido; como has dejado a tus padres y tu tierra natal para venir a un pueblo que no conocías».

Booz tomó a Rut por mujer. Se unió a ella, y el Señor hizo que concibiera y diera a luz un hijo. Las mujeres dijeron a Noemí:
«Bendito sea el Señor, que no te ha dejado sin protección. El nombre del difunto seguirá vivo en Israel. El niño tu consuelo y amparo en la vejez, pues lo ha dado a luz tu nuera, que te quiere y ha demostrado ser para ti mejor que siete hijos».

Noemi tomó al niño, lo puso en su regazo y se encargó de criarlo. Las vecinas exclamaron:
-«A Noemí le ha nacido un hijo».

Y le pusieron por nombre Obed. Fue el padre de Jesé, padre de David.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Salmo responsorial

Salmo 127,1-2.3.4.5

R/. Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre
que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

 

SANTO EVANGELIO

 

Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 23, 1-12

En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame maestros.Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen maestros, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen padre, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar guías, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».

 

Reflexión

No podemos dar una interpretación literalista de estos enfáticos mandatos del Señor, o a partir de aquel momento, ningún niño hubiese podido llamar más padre a sus padres, ni los alumnos hubiesen podido llamar más maestro a quienes les enseñan; el problema no está en las palabras, está en la intención del uso de las palabras o los títulos. El problema no es que te llamen maestro, sino que exijas que te llamen así, porque crees que tú eres la referencia de la verdad o que llames a alguien padre, porque estás convencido de que ese hombre es el único origen de lo que te da vida. Hoy Cristo, nos pide que tengamos la madurez de separar la predicación del predicador, porque fuera de Cristo, todo anunciador del Evangelio es incapaz de vivir lo que predica, pues el aguijón de la carne se encarga de demostrarnos que, perfecto, solo es Dios, y Maestro de la verdad, solo es el Verbo Encarnado.

Debo confesar que yo mismo en ocasiones, soy incapaz de vivir lo que predico, porque no me predico a mí mismo, ni a mis triunfos o virtudes: predico a Cristo. La Iglesia predica a Cristo y cuando se pone como modelo, no se refiere a la bondad o perfección de cada uno de sus miembros en lo singular, sino a la perfección de quien es la Cabeza, Cristo, y del Espíritu que, a pesar de nuestras fragilidades, la mantiene con vida y predicando a su Señor. Y por eso la Iglesia es maestra, porque tiene la obligación de comunicar lo que ha escuchado a su Señor y ha transmitido de generación en generación, hasta nuestros días. Ella no puede inventar nada, no puede dar por hecho lo que no le ha sido revelado, ni puede cambiar la revelación a voluntad, por capricho de algunos pastores o por la exigencia de las mayorías manipuladas. Ella solo es custodia del don recibido, que está obligada a transmitir con integridad.

“Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra”, decía Jesús en el Evangelio de hoy. O sea que el Señor no invalida la enseñanza de los escribas y fariseos, sino que pide que vivamos según Dios lo ha manifestado, primero a Moisés y ahora a nosotros, a través de su Palabra, pero quiere que no tengamos como referencia última a los emisarios del mensaje, sino a la fuente del mensaje. Pero el texto continúa, y es aquí donde encontramos la denuncia que Jesús hacía y nos hace a nosotros hoy. Él dice: “ellos ni con el dedo los quieren mover, todo lo hacen para que los vea la gente”. O sea que el Señor no denuncia el que prediquemos la verdad, sino que la prediquemos, pero que no estemos dispuestos a vivirla; no denuncia la caída o la imperfección de los escribas, sino el pacto con la mediocridad, con la maldad, con nuestro pecado.

Hoy, Jesús te pide primero que no traiciones la verdad, que no caigas en la tentación de descartar su revelación por el simple hecho de que es difícil vivirla. Segundo, Dios te pide que no te rindas, que sigas luchando, que no te conformes con ser bueno según el estándar del mundo, porque al seguir a Dios, todos caeremos. No te acostumbres a tu pecado, no pactes con él, sigue luchando y pide fuerza y su luz para que seas capaz de vencer tus debilidades con su fuerza, con su luz y con su gracia. Tercero, Dios te pide además, que no te enorgullezca con los roles que desempeñas o has desempeñado o con los títulos que, por gracia de Dios, has obtenido, que no te engañes creyendo que eres más o vales más que otros por ciertas características, privilegios o roles, y que no te dejes fascinar por tus logros o las cosas que has podido hacer, pues, todo es gracia, y grande y digno de gloria solo es Dios. Yo hice esto, yo fui el primero en hacer aquello, a mí se me ocurrió, solo yo he podido lograr lo que nadie más. Cuando tengas la tentación del ‘yo’, levanta la mirada y date cuenta de que todo logro tuyo es gracia divina y que también Dios derrama sus gracias y carismas en aquellos que te rodean. Decide reconocerlos y reconoce a Dios a través de esa bondad y agradece a Dios y agradéceles también a ellos.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazón. Cómo Maria, todo por Jesús y para Jesús.

 

 

Conozca al santo de hoy, San Antonio Gerace con Calendario de los santos.com

 

Ver y descargar la Hoja dominical de la Arquidiócesis de Guayaquil 24-08-2025

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *