Imagen: El amanecer en el mar de Tiberíades. Theios Parrhesía.

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde la Iglesia San Juan Bautista del pueblo de Acatlán, estado de Guerrero, México.
Santa Misa presidida por el Presbítero Martín Ávalos Magaña, desde la parroquia Madre de El Salvador, ciudad de Santa Ana, El Salvador.
Liturgia de la Palabra del Viernes de la Octava de Pascua.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 1-12.
En aquellos días, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, después de que el paralítico fuese sanado, se les presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran en Jesús la resurrección de los muertos. Los apresaron y los metieron en la cárcel hasta el día siguiente, pues ya era tarde. Muchos de los que habían oído el discurso creyeron; eran unos cinco mil hombres.
Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas, junto con el sumo sacerdote Más, y con Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes, Hicieron comparecer en medio de ellos a Pedro y a Juan y se pusieron a interrogarlos:
«¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso vosotros?».
Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo:
«Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el Nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por este Nombre, se presenta este sano ante vosotros. Él es “la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular”; no hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres otro nombre por el que debamos salvarnos».
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la primera lectura
Ni parecería que el Pedro que está hablando fuera aquel mismo Pedro que por miedo a correr la misma suerte que Jesús, lo negó tres veces; el mismo hombre que después de la resurrección estaba escondido a puerta cerrada por miedo a los judíos. La diferencia entre uno y otro se debe a que ha tenido un encuentro «personal» con Jesús resucitado. Ahora conoce a Jesús no solo como «un profeta poderoso en obras delante de Dios y de los hombres», sino como su Dios y su Señor. Es por ello necesario que todos y cada uno de nosotros tenga también este encuentro personal, como decía el Papa Juan Pablo II: «de ojos abiertos y corazón palpitante», con Jesús resucitado, ya que este encuentro es el elemento que transforma nuestra vida. La Pascua es un tiempo propicio para que este encuentro se realice en lo profundo de nuestro ser. Simplemente hay que estar atentos, Jesús nos saldrá al encuentro en cualquier momento, no lo dejemos pasar sin que nos cambie el corazón.
Salmo 117, 1-2. 4. 22-27a.
R/. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.
La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día que hizo el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.
Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 21, 1-14.
En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar». Ellos le respondieron: «También nosotros vamos contigo». Salieron y embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.
Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿han pescado algo?» Ellos contestaron: «No». Entonces él les dijo: «Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces». Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.
Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: «Es el Señor». Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se lo había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.
Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar»: Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: «Vengan a almorzar». Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres?’, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Santo Evangelio
Alégrate porque Jesús está vivo. No hay duda de que esta escena a la orilla del mar de Galilea nos da una gran lección para cuando sentimos que no hallamos la salida y queremos darnos por vencidos. Los discípulos, después de todo lo que vivieron con la muerte y resurrección de Jesús, deciden volver a su actividad diaria, a pescar, a lo que ya sabían hacer. Se pasan toda la noche trabajando, echando las redes, pero al amanecer no consiguen ni un solo pez.
A veces nos empeñamos en hacer las cosas solo con nuestras fuerzas, a como estamos acostumbrados, con nuestros propios métodos; nos desgastamos en el trabajo y en los problemas del día y en ocasiones terminamos con las manos vacías y con el ánimo por los suelos.
Y es que si no tenemos a Jesús en la barca de nuestra vida, podemos esforzarnos mil horas y aun así sentir que no avanzamos en nada. Pero hay que ver lo que pasa cuando amanece. Jesús está en la orilla, ellos no lo reconocen al principio. Él les hace una pregunta bien simple: ‘¿Han pescado algo?’ Cuando le dicen que no, Él les da una instrucción que parece no tener sentido: ‘Echen la red a la derecha’. ¿Te puedes imaginar lo que ellos pensaron de esta indicación de Jesús?, después de haber estado pescando toda la noche ¿Qué nos tiene que venir a decir este hombre si nosotros somos expertos en lo que hacemos?
Y aquí está el secreto que debemos aprender a aplicar siempre en nuestra vida. Ellos le obedecen, en lugar de ponerse tercos diciendo que ya lo habían intentado todo, le hacen caso. ¿Y cuál es el resultado? Una pesca tan grande que no podían con las redes.
La enseñanza es que a veces la solución no es trabajar más, sino aprender a escuchar y cambiar el enfoque, confiando en lo que Dios nos pide, aunque parezca una locura.
Y lo que más me gusta es el final, cuando llegan a la orilla de nuevo, Jesús no les da un sermón sobre por qué fallaron, si lo hicieron bien o lo hicieron mal, sino que ya les tiene preparado todo para el almuerzo. Imagínate el detalle. Jesús primero se preocupa por nuestras necesidades más básicas, por el cansancio y el hambre, y deja que la enseñanza madure en nuestra mente con la ayuda del Espíritu Santo.
Lo que debemos aprender hoy es que Jesús no nos quiere ver agotados ni frustrados. Él nos invita a trabajar con Él a nuestro lado, atentos a obedecerle en todo, Él pone el milagro y las brasas, pero también nos pide que traigamos nuestros peces, es decir, que pongamos nuestro esfuerzo.
Al final del día, lo que realmente importa es saber que, aunque a veces nos den ganas de darnos por vencidos, si lo escuchamos y obedecemos, nuestras redes nunca se van a quedar vacías.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN, ALELUYA, ALELUYA

Durante la Pascua hasta el día de Pentecostés rezaremos la oración «Regina Caeli» en vez del Ángelus .

ESPAÑOL
G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.
T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.
G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.
T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.
Oremos:
Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen. (tres veces)
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LATÍN
V: Regina caeli, laetare, alleluia.
R: Quia quem meruisti portare, alleluia.
V: Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
R: Ora pro nobis Deum, alleluia.
V: Gaude et laetare Virgo María, alleluia.
R: Quia surrexit Dominus vere, alleluia.
Oremus:
Deus, qui per resurrectionem Filii tui, Domini nostri Iesu Christi, mundum laetificare dignatus es: praesta, quaesumus; ut, per eius Genetricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.
Gloria Patri, et Fili, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc et semper, et in saeccula saeculorum. Amen. (3 veces)
Benedicto XIV estableció, en 1742, que durante el tiempo Pascual (desde la Resurrección del Señor hasta el día de Pentecostés) se sustituyera el rezo del Ángelus por la antífona «Regina Coeli».
Homilía de hoy con Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante, España.
Homilía de hoy con el P. Javier Carralón, Sacerdote del Instituto Secular Stabat Mater, Guadalajara, Jalisco, México.
«Confía en Dios y Verás Milagros»| Homilía Viernes de la Octava de Pascua (10-04-2026) | P. Santiago Martín, Franciscanos de María, Magnificat.TV
Reflexión: Evitar el miedo excesivo a la propia debilidad, con el P. José Gabriel Ansaldi, (OSE), desde Paján, Ecuador.
Conozcamos al santo de hoy, san Miguel de Los Santos, con los canales de youtube La voz de los santos y el santo del día.
Recemos juntos el Santo Rosario en latín con el Proyecto Dominus Tecum
Hoy contemplamos los Misterios Dolorosos.
Ver y descargar la Hoja dominical de la Arquidiócesis de Guayaquil para el 12-04-2026
Ver también: Santa Misa y Liturgia de La Palabra del Jueves de la Octava de Pascua 09042026
Les obsequiamos un especial de Pascua de Resurrección: El Santo Rosario: un camino sencillo para encontrarse con Dios, incluye el Santo Rosario en latín y español – Theios Parrhesía para ver y descargar.
