Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Templo del Dulce Nombre de María, Pueblo de Topiltepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Jueves de la XXII Semana del Tiempo Ordinario.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 9-14.
Desde que nos enteramos de vuestra conducta, no dejamos de rezar a Dios por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias al Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Es importante la sabiduría humana, pues gracias a ella se realiza el progreso y se va haciendo más cómoda nuestra existencia. Sin embargo, es quizá más importante el tener sabiduría y conocimiento espiritual, pues es precisamente por medio de éstos como hoy nos lo dice san Pablo, que podemos llegar a conocer la voluntad de Dios. Cuando la sabiduría humana no va acompañada de las sabiduría divina, la mayoría de las veces los resultados de la ciencia, lejos de ayudar al hombre, lo dañan. Dios ha puesto todas las ciencias al servicio del hombre, por lo cual, la psicología, la medicina, las ciencias exactas son buenas, pero éstas deben de ser un instrumento puesto al servicio de la voluntad de Dios. Es necesario reconocer siempre que nosotros no somos nuestros propios árbitros y que todo obedece a un proyecto lleno del amor de Dios. Pidamos diariamente que el Señor ilumine nuestro entendimiento y nuestro corazón, para que a la luz de su Espíritu podamos poner nuestro conocimiento a su servicio y así construir la sociedad del amor.
Salmo 97, 2-6
R/. El Señor da a conocer su victoria
El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R/.
Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R/.
Tocad la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 5, 1-11.
En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar». Simón replicó: «Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes». Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: «¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!» Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
En este encuentro que acabamos de escuchar entre San Pedro y Jesús, San Pedro
–hasta ahora llamado Simón– lo dejó subir a su barca y ¿Cómo no? Si –de acuerdo a lo que narra San Lucas en textos precedentes– la fama de Jesús se había difundido por toda la región. Se decía de Él que expulsaba demonios y curaba a todos los enfermos; de hecho, Simón era testigo de ello pues, el día que Jesús fue a comer a su casa, curó a su misma suegra. Pedro ya había oído hablar a Jesús con palabras de vida eterna, por eso lo llama Maestro. Sin embargo, dejarlo subir a su barca era peligroso, pues, ya habían tratado de matar a Jesús en Nazaret por su doctrina y, de seguro se escuchaba por las calles lo que se decía sobre las incomodidades que causaba su enseñanza en la clase gobernante. Pero lo dejó subir, y escuchó con mayor profundidad su enseñanza, como si fuera hecha especialmente para él, y le hizo caso, y separó la barca de la playa y después obedeció la instrucción, aparentemente absurda, de regresar a pescar, cuando él y sus amigos, siendo expertos, no habían podido pescar nada. Pero confió, y su confianza en Cristo no lo defraudó, confió y se hizo como Jesús había dicho. Jesús es la Palabra eterna del Padre, toda su Persona, sus acciones y enseñanzas son Palabra del Dios vivo; por lo que todo lo que dice y hace: era y es la forma en la que se comunicó, se comunica y se comunicará a nosotros y a todos los hombres; pues Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Y así como llegó de improviso y sin avisar a la barca de Pedro, así llega siempre a cada una de nuestras barcas; es decir, a cada una de las realidades en las que vamos invirtiendo nuestra vida: al trabajo, a la familia, al deporte, al esparcimiento y a todo lo que forma parte de nuestra vida cotidiana. El Señor no solo habla en el templo; su Palabra y su Persona trascienden los muros de la iglesia y nos acompañan en la vida cotidiana; y ahí habla, siempre habla… En nuestras propias barcas… En nuestra propia historia… En las relaciones que vamos construyendo va haciendo resonar el eco de su enseñanza eterna y liberadora; nos va enseñando a amar y a acoger su amor. Así como a Pedro, Jesús hoy te habla a ti, así hoy Jesús te llama a ti. Por eso la pregunta que conviene hacer ahora es ¿Cómo reaccionas realmente ante la llegada de Cristo y su Palabra? ¿Tú también lo dejas subir a tu barca? ¿Tú también haces lo que te pide? ¿Aunque no lo comprendas? ¿Aunque te parezca absurdo? Tú, como Simón Pedro, también has escuchado mucho sobre Jesús, y de seguro has sido testigo de su acción salvadora. ¿Cuántas veces has experimentado que esa Palabra o reflexión, dicha para todos, era dirigida especialmente para ti? ¿Cuántas veces ha querido subir el Señor a tu barca y no lo has dejado? ¿Cuántas veces lo has dejado subir, pero no lo has escuchado? Y ¿Cuántas veces lo has escuchado, pero no has confiado en Él? Pero lo más importante no es si estas respuestas son negativas o si tus respuestas hasta ahora han sido escasas o mediocres; lo más importante no es que –como San Pedro– te reconozcas ante Cristo como un pecador, aunque es necesario; lo más importante es que Cristo hoy también llega a tu barca y hoy también quiere hablarte y amarte y rescatarte y llamarte a ser pescador o pescadora de hombres; lo más importante es que lo dejes entrar totalmente a partir de hoy, que lo escuches plenamente a partir de hoy y que lo obedezcas confiadamente a partir de hoy; porque este es el día favorable, este es el día de tu salvación. En efecto, así como a Pedro, Jesús también hoy te habla y te dice no temas… y te llama a dejarlo todo en segundo o tercero o cuarto término, para seguirlo a donde quiera que te llame; para, con Él, anunciar el Evangelio, curar al mundo enfermo, y ahuyentar al demonio que tanto nos engaña.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo . En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
Hoy Jueves Sacerdotal y Eucarístico, Jesús, te espera en el Santísimo Sacramento del Altar.
Aprendamos qué hacer y cómo debemos asistir al Santísimo Sacramento del Altar con el P. José Arturo López Cornejo desde el Santuario de Los Mártires, Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, México.
Conozcamos a la santa de hoy, Santa Rosalía de Palermo, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
