Santa Misa y Liturgia de la Palabra de hoy Miércoles de la XXII Semana del Tiempo Ordinario 03092025

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Mazatepec, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Miércoles de la XXII Semana del Tiempo Ordinario.

 

Tomado de: Palabra diaria – Dominicos.org

 

Primera lectura

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1,1-8

 

Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, y Timoteo, el hermano, a los santos y fieles hermanos en Cristo que residen en Colosas: gracia y paz a vosotros de parte de Dios, nuestro Padre.

Damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, orando siempre por vosotros, al tener noticia de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está reservada en los cielos y de la que oísteis hablar cuando se os anunció la verdad del Evangelio de Dios, que llegó hasta vosotros.

Este sigue dando fruto y propagándose por todo el mundo como ha ocurrido también entre vosotros desde el día en que escuchasteis y comprendisteis la gracia de Dios en la verdad.

Así os lo enseñó Epafras, nuestro querido compañero de servicio, fiel servidor de Cristo en lugar nuestro. Él es quien nos ha informado del amor que sentís por nosotros en el Espíritu.

 

Salmo 51, 10. 11

 

R/. Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás

 

Yo, como verde olivo,
en la casa de Dios,
confío en la misericordia de Dios
por siempre jamás. R/.

Te daré siempre gracias
porque has actuado;
proclamaré delante de tus fieles:
«Tu nombre es bueno». R/.

 

Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

SANTO EVANGELIO

 

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 4, 38-44

 

En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles. Al meterse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron a Jesús y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban: «¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías. Al día siguiente se fue a un lugar solitario y la gente lo andaba buscando. Cuando lo encontraron, quisieron retenerlo, para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: «También tengo que anunciarles el Reino de Dios a las otras ciudades, pues para eso he sido enviado». Y se fue a predicar en las sinagogas de Judea.

 

Reflexión

 

La suegra de Pedro, a quien Cristo curó, entendió y vivió muy bien lo que es la gratitud. Una virtud poco vivida. En una sociedad, en donde nos creemos con derecho a todo y nos sentimos merecedores de todo, la gratitud se asoma poco. Hay que imitar a esta mujer, a la suegra de Pedro, que lo primero que hace al ser curada, es servir.

La mejor manera de dar gracias es sirviendo al otro. Te invito a que te hagas la siguiente pregunta ¿De qué me ha curado mi Señor? Y quien pueda, de rodillas y con el corazón en la mano, elevar una oración de gratitud al Señor: “Gracias, Señor, porque a diario me curas de mi ceguera y me das la oportunidad de ver tus maravillas. Gracias, Señor, porque me has curado de la parálisis, tanto física como espiritual, y así puedo salir a predicar tu Nombre. Gracias, porque me has curado de la sordera y puedo escuchar tus Palabras que me alimentan día a día; escuchar cómo me llamas por mi nombre y me llamas amiga. Gracias por curarme, por sanar mi corazón y así poder perdonar y amar. Gracias porque me has soltado mi lengua, que a veces la sueltas de más, pero para así poder alabarte y llevar tu Nombre a todo rincón. Gracias, mi Señor, y te pido me des un corazón como el de la suegra de Pedro, un corazón agradecido que convierte la gratitud en servicio, en entrega desinteresada”. No nos acostumbremos. Dejémonos sorprender por el amor de Dios, dejémonos tocar por su amor que, al igual que a la suegra de Pedro, me cura. Reconocer para agradecer. Hoy te invito a no dejar pasar el día sin decir un gracias de corazón y agradecer con la acción.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazón. Cómo Maria, todo por Jesús y para Jesús.

 

 

Conozcamos al santo de hoy, San Gregorio Magno, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.

 

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