Santa Misa y Liturgia de la Palabra de hoy Sábado de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario 25102025

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Pochauixco, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Sábado de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario.

 

Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 1-11.

 

Ahora no pesa condena alguna sobre los que están unidos a Cristo Jesús, pues, por la unión con Cristo Jesús, la ley del Espíritu de vida me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Lo que no pudo hacer la Ley, reducida a la impotencia por la carne, lo ha hecho Dios: envió a su Hijo encarnado en una carne pecadora como la nuestra, haciéndolo víctima por el pecado, y en su carne condenó el pecado. Así, la justicia que proponía la Ley puede realizarse en nosotros, que ya no procedemos dirigidos por la carne, sino por el Espíritu. Porque los que se dejan dirigir por la carne tienden a lo carnal; en cambio, los que se dejan dirigir por el Espíritu tienden a lo espiritual. Nuestra carne tiende a la muerte; el Espíritu, a la vida y a la paz. Porque la tendencia de la carne es rebelarse contra Dios; no sólo no se somete a la ley de Dios, ni siquiera lo puede. Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Salmo 23, 1-6

 

R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor

 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.

 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 13, 1-9.

 

En aquel tiempo algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Jesús les hizo este comentario: «¿Piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? Ciertamente que no; y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante».Entonces les dijo esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo, fue a buscar higos y no los encontró. Dijo entonces al viñador: Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente? El viñador le contestó: Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono para ver si da fruto; si no, el año que viene la cortaré».

Palabra de El Señor.

Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.

 

Reflexión

 

¿Piensan ustedes que aquellos galileos porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás? Ciertamente que no. Me parece que es común que delante de alguna desgracia, nos preguntemos por qué pasa eso, ¿por qué a mí que no soy una mala persona? ¿por qué a mi hijo o hija que está joven o tiene hijos pequeños? ¿por qué a un niño que no ha hecho ningún mal? Como si estas cosas fueran un castigo injusto de Dios. Pero, todas esas preguntas, en realidad, son estériles; porque de frente a un accidente, una enfermedad o un desastre natural no está la voluntad castigadora de Dios. La muerte, los accidentes o la enfermedad, nunca pueden interpretarse como un castigo directo de Dios, pues éste vendrá solo para quienes no se abran al amor de Jesús y hasta el momento del juicio personal después de la muerte.

La muerte, los accidentes y la enfermedad son, primero que nada, consecuencia del pecado, es decir, de la plena y perfecta comunión con Dios, rota por nuestros primeros padres y después, muchas veces por nosotros. Pues Dios es la luz, la vida, el amor, la perfección, y al no vivir en Él, no podremos participar plenamente de estas características divinas sino hasta nuestro pleno encuentro con Dios.

Hoy por hoy, la muerte, los accidentes y la enfermedad son expresión de la no comunión o de la imperfecta comunión con Dios que los seres humanos mantendremos mientras estemos en este mundo; y de estas realidades, participarán en mayor o menor medida los cristianos y los paganos, los buenos y los malos, los consagrados y los laicos; porque son la evidencia de nuestra fragilidad y vulnerabilidad, porque ponen ante nuestros ojos la verdad de que no somos ni dioses, ni semidioses y de que sin Dios no podemos nada.

Ahora bien, Dios es nuestro Padre, nuestro salvador y santificador, es decir, que busca siempre lo mejor para nosotros y lo mejor no es que nos divirtamos un poco, ni que lleguemos a tal o cual edad o que logremos éxitos o reconocimientos; lo mejor es nuestra salvación, lo mejor es la vida en el amor, la vida plena, la vida eterna.

Entonces Dios, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad, si permite que esto suceda, es siempre porque cada experiencia que nos ayude a comprobar nuestra pequeñez nos puede mover -si acogemos las gracias divinas- a dejar de mirarnos a nosotros mismos, a ver al otro y a buscar a Dios, a amar de verdad, a servir más allá de los afectos, es decir, a crecer en humanidad y, por ello, en santidad.

Hoy te invito a aceptar desde hoy, la fragilidad y vulnerabilidad tuya y de los que amas, a no aferrarte a la ilusión o fantasía de ser todopoderoso, perfecto o inmune a la corrupción de la carne. Y es que esta verdad, te regresará al presente, a decidir amar hoy, a romper con tu pecado y dejar de justificarlo; a dar fruto, a saberte dependiente de los demás y de Dios, a recurrir a su protección y a su compañía en los momentos difíciles y a tener claro que la meta de la vida no es la salud o el triunfo, sino el cielo; donde ya no habrá más muerte ni dolor, ya nadie estará triste y ya nadie tendrá que llorar.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo . En colaboración con Evangelización Activa.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

 

 

Conozcamos a los santos de hoy, Santos Crispín y Crispinón o Crispiniano, P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.

 

 

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