Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Viramontes, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Domingo de la XXX Semana del Tiempo Ordinario.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
EL PUBLICANO REGRESÓ A SU CASA JUSTIFICADO Y EL FARISEO NO.
PRIMERA LECTURA.
Lectura del libro del Eclesiástico (Sirácide) 35, 15b-17. 20-22a.
El Señor es un juez que no se deja impresionar por apariencias. No menosprecia a nadie por ser pobre y escucha las súplicas del oprimido. No desoye los gritos angustiosos del huérfano ni las quejas insistentes de la viuda. Quien sirve a Dios con todo su corazón es oído y su plegaria llega hasta el cielo. La oración del humilde atraviesa las nubes, y mientras él no obtiene lo que pide, permanece sin descanso y no desiste, hasta que el Altísimo lo atiende y el justo juez le hace justicia.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
SALMO RESPONSORIAL del salmo 33.
R. El Señor no está lejos de sus fieles.
Bendeciré al Señor a todas horas, no cesará mi boca de alabarlo. Yo me siento orgulloso del Señor, que se alegre su pueblo al escucharlo.
R. El Señor no está lejos de sus fieles.
En contra del malvado está el Señor, para borrar de la tierra su recuerdo. Escucha, en cambio, al hombre justo y lo libra de todas sus congojas.
R. El Señor no está lejos de sus fieles.
El Señor no está lejos de sus fieles y levanta a las almas abatidas. Salva el Señor la vida de sus siervos. No morirán quienes en él esperan.
R. El Señor no está lejos de sus fieles.
SEGUNDA LECTURA.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 16-18.
Querido hermano: Para mí ha llegado la hora del sacrificio y se acerca el momento de mi partida. He luchado bien en el combate, he corrido hasta la meta, he perseverado en la fe. Ahora sólo espero la corona merecida, con la que el Señor, justo juez, me premiará en aquel día, y no solamente a mí, sino a todos aquellos que esperan con amor su glorioso advenimiento. La primera vez que me defendí ante el tribunal, nadie me ayudó. Todos me abandonaron. Que no se les tome en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que, por mi medio, se proclamara claramente el mensaje de salvación y lo oyeran todos los paganos. Y fui librado de las fauces del león. El Señor me seguirá librando de todos los peligros y me llevará salvo a su Reino celestial. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
SANTO EVANGELIO.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas. 18, 9-14.
En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás: “Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias’. El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: ‘Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador’. Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”.
Palabra del Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
REFLEXIÓN.
Continuamos leyendo el Evangelio de Lucas. En el pasaje que leemos hoy, vemos la arrogancia del fariseo que siente que por ser fariseo y cumplir con la ley, ya está salvado. Y la verdad es que, como claramente lo advierte Jesús, no es así, ya que él solo cumple con la parte ritual, pero la parte moral no la toca ni con un dedo. Por su parte, el publicano, que seguramente a diferencia del fariseo, llevó una vida recta y conforme a la ley, pero que no puede cumplir con la parte litúrgica, quizás por ser pastor o recaudador de impuestos y solo espera de Dios su misericordia, pues sabe que Él conoce nuestros corazones. Hoy hay muchos que se jactan de venir a misa y de cumplir litúrgicamente con todo, pero su vida no da testimonio de lo que hacen en el templo. Jesús quiere corazones arrepentidos, pues son los únicos que pueden ser salvados; los llenos, los hartos, creen que ya no necesitan nada, mientras que el pobre, lo único que tiene es a Dios, y a Él ora con fervor, sabiendo que Dios conoce su corazón y su vida. Debemos revisar pues, si nuestro corazón se parece al del fariseo o al del publicano, y esto no quiere decir que debemos mantenernos en este sentido, sea del fariseo que solo cumple con lo litúrgico o del publicano que no puede cumplir con ello, pero que lleva una vida recta, sino al contrario, desde ahí, decirle al Señor: ‘Señor, tú sabes que yo no puedo, pero si Tú me ayudas, podré’. Pidamos al Señor un corazón humilde y arrepentido y acerquémonos al sacramento de la Reconciliación, sabiendo que ahí encontraremos al Dios de la misericordia. Y recuerda, Jesús no nos pide que hagamos lo que no podemos, pero que le pidamos su poder para que, haciendo lo que sí podemos, podamos hacer incluso lo que no podemos.
Presbítero Ernesto María Caro.
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Hoy Celebramos a Santa Paulina Jaricot – Bolivia misionera.com
Conozcamos al santo de hoy, San Evaristo Papa, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
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