Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Templo de San José dedicado a la Sagrada Familia, Pueblo de Topiltepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Viernes de la I Semana de Adviento.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del libro de Isaías 29, 17-24.
Esto dice el Señor:
«Pronto, muy pronto,
el Líbano se convertirá en vergel,
y el vergel parecerá un bosque.
Aquel día, oirán los sordos las palabras del libro;
sin tinieblas ni oscuridad verán los ojos de los ciegos.
Los oprimidos volverán a alegrarse en el Señor,
y los pobres se llenarán de júbilo en el Santo de Israel;
porque habrá desaparecido el violento, no quedará rastro del cínico;
y serán aniquilados los que traman para hacer el mal:
los que condenan a un hombre con su palabra,
ponen trampas al juez en el tribunal,
y por una nadería violan el derecho del inocente.
Por eso, el Señor, que rescató a Abrahán,
dice a la casa de Jacob:
“Ya no se avergonzará Jacob,
ya no palidecerá su rostro,
pues, cuando vean sus hijos mis acciones en medio de ellos,
santificarán mi nombre,
santificarán al Santo de Jacob
y temerán al Dios de Israel”.
Los insensatos encontrarán la inteligencia
y los que murmuraban aprenderán la enseñanza».
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Cuando todo a nuestro alrededor parece perder sentido, cuando los problemas de la vida parecen oscurecer nuestra existencia, el Señor nos hace ver que él es nuestra salvación. Este oráculo de Isaías, pronunciado cuando la alianza con Egipto ha fracasado, cuando los líderes religiosos se han corrompido y el poder público no da ninguna muestra de alivio, el profeta le recuerda al pueblo que Dios es su victoria. Nuestra preparación a la Navidad, a la fiesta en la que el Dios que salva se hace hombre, debe forzosamente incluir una vitalización de nuestra fe en el Dios que no nos abandona. Para él no existen las tinieblas ni la oscuridad, tampoco existe la palabra «imposible». Confía tu vida al Señor, él -y solamente él- es tu salvación, tu roca, tu refugio y fortaleza.
Salmo 26, 1. 4. 13-14.
R/. El Señor es mi luz y mi salvación.
R/. El Señor es mi luz y mi salvación.
V/. El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿Quién me hará temblar? R/.
V/. Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.
V/. Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 9, 27-31.
Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: «¡Hijo de David, compadécete de nosotros!» Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: «¿Creen que puedo hacerlo?» Ellos le contestaron: «Sí, Señor». Entonces les tocó los ojos, diciendo: «Que se haga en ustedes conforme a su fe». Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: «Que nadie lo sepa». Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
El pasaje del Evangelio de hoy nos enseña que, para que se realice un milagro, debe cumplirse una condición fundamental: creer. Los ciegos seguían a Jesús y le gritaban: ‘compadécete de nosotros’. Fíjate cómo el milagro no se produce solamente por la compasión de Jesús, sino por la fe de ellos. Cuando Jesús les pregunta si creen que puede hacerlo, ellos no dudan en contestar con firmeza: ‘Sí, Señor’. Jesús les dice: ‘que se haga en ustedes conforme a su fe’. Ellos iban seguros por su fe de que Jesús les devolvería la vista y así sucedió; por el poder de Jesús y por el poder de su fe.
Ellos tenían claro lo que necesitaban y sabían, por lo que habían escuchado decir de Jesús, que tenía el poder para curarlos por completo. Seguramente durante mucho tiempo habían pedido compasión de muchas otras maneras y habrían recibido soluciones temporales a sus necesidades, pero nunca se habían atrevido a pedir la curación completa.
Creo que a veces así nos sucede a nosotros, durante nuestra vida, en ocasiones permanecemos ciegos sin poder ver nuestro pecado, tropezamos, nos golpeamos y vivimos padeciendo de dificultades, porque aunque sabemos del poder de Jesús, no nos hemos atrevido a pedirle el milagro completo. No tenemos la suficiente fe y entonces no cumplimos con la condición para que Jesús haga el milagro, creer.
Y para esto es necesario que ejercitemos nuestra fe: orar con confianza absoluta, no dudar del poder de Jesús, pedirle claridad para ver todas esas cosas que nos impiden caminar, fuerza de voluntad para hacer a un lado los obstáculos que nos desvían del camino, decisión para tomar acciones que nos hagan crecer en espiritualidad.
Recordar que nuestras acciones deben también estar alineadas con lo que creemos y ser congruentes en nuestra vida. Si crees en el amor de Dios, actúa también con amor. Si tienes esperanza, no te desesperes en las dificultades. Así podremos responderle a Jesús con firmeza: ‘sí, Señor, creo que puedes’.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Conozcamos al santo de hoy, San Sabás con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México
Recemos juntos el Santo Rosario con el P. Javier Olivera Ravasi, SE, San Francisco, USA. Canal QNTLC.
Hoy contemplamos los Misterios Dolorosos.
Reflexión del Adviento con San José para hoy viernes 5 de diciembre con el P. José Gabriel Ansaldi, de la Orden de San Elías OSE
