Imagen referencial: Señora Gabriela Goldbaum (única esposa legítima de Daniel Noboa Azín ante Dios), Lavinia Valbonesi (concubina casada con Noboa por lo civil) y Daniel Noboa Azín, presidente adúltero del Ecuador.
Por: Informa-Te Ve LATAM
Fecha: 24 de septiembre de 2025
El cáncer oculto en los hogares y el poder
En Ecuador, el machismo no es solo un problema privado: es una plaga social que ha marcado la vida de millones de mujeres, niños y familias. Según informes recientes, alrededor del 65% de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia en su vida, y cada mes se registran múltiples femicidios. La violencia vicaria —cuando los hijos son usados como arma de castigo contra la madre— ha empezado a ser denunciada con más fuerza, incluso desde las más altas esferas del poder.
El caso de Gabriela Goldbaum, única esposa legítima ante Dios del presidente Daniel Noboa, es hoy símbolo de una problemática estructural: la violencia ejercida por un hombre poderoso contra su familia, con los hijos como víctimas indirectas.
La señora Gabriela Goldbaum, única esposa legítima de Daniel Noboa Azín en la Asamblea Nacional del Ecuador, el pasado marzo 2025.
El origen del machismo: herencia y pecado social
El machismo tiene raíces antiguas. Por siglos, se enseñó que el hombre debía ser jefe absoluto, mientras la mujer ocupaba un lugar secundario. Esa visión se transmitió en el hogar, en la escuela y hasta en las instituciones.
Pero desde la fe católica, el machismo no es solo un error cultural: es un pecado social que nace de la soberbia y del egoísmo. “Hombre y mujer los creó, a su imagen y semejanza” (Gn 1,27). Dios no creó jerarquías de dignidad, sino complementariedad y amor.
Cuando se olvida ese designio, el hombre se convierte en opresor y la mujer en víctima de sometimiento.

Evolución de los femicidios en Ecuador (2018–2024): muestra el preocupante crecimiento año tras año.
Rasgos de un hombre machista
Los expertos señalan patrones comunes en un hombre machista:
- Control excesivo sobre su esposa e hijos.
- Desprecio hacia las opiniones de la mujer.
- Insultos y degradaciones que minan la autoestima.
- Golpes y amenazas para mantener poder.
- Celos enfermizos y control de redes sociales o llamadas.
- Creencia de que los hombres no deben lavar, barrer ni cocinar porque “eso es de mujeres”.
Este último punto, aprendido desde la infancia, es clave: cuando en casa se enseña que el varón no debe colaborar en los quehaceres, se refuerza la idea de que la mujer es sirvienta y el hombre, señor.
El machista proyecta su dominio hacia quienes considera más débiles, y usa su dinero y su poder para lograr sus propósitos sin importar el dolor que causa ni las consecuencias que esto conlleva. Esta conducta lo convierte en un agresor que no conoce límites, y que suele justificar sus acciones en la falsa creencia de que todo le pertenece: la casa, los hijos y hasta la vida de su pareja.
Además, este patrón de dominación puede proyectarse en la sociedad de múltiples maneras: xenofobia, racismo, discriminación política y económica. El machista necesita demostrar poder, y busca hacerlo en cualquier terreno donde pueda humillar, controlar o reducir a otros. Su violencia no se limita al ámbito familiar: se expande como una sombra que afecta también la vida pública y las relaciones sociales.
Asesinato de la abogada María Belén Bernal a manos de su esposo el policía Germán Cáceres. Euronews
Sobreprotección materna y crianza desigual
El machismo y el afán de dominio total también nace en hogares donde los niños varones son sobreprotegidos: se les concede todo, se evita que asuman responsabilidades y se refuerza la idea de que merecen privilegios.
“Muchos hombres violentos fueron niños criados en burbujas de capricho. Nunca supieron lo que era recoger un plato, ni aceptar un no. Y al llegar a adultos creen que todo les pertenece, incluso la vida y voluntad de su esposa”, explica un psicólogo consultado.
La sobreprotección y la ausencia de límites son, entonces, semillas que germinan en violencia.
La violencia en el hogar
El hogar debería ser refugio, pero bajo el dominio del machismo se convierte en un espacio de miedo. La violencia puede adoptar muchas formas:
- Psicológica: insultos, humillaciones, indiferencia afectiva.
- Física: golpes, empujones, agresiones.
- Económica: privar de recursos o manipular con el dinero.
- Sexual: forzar relaciones.
- Vicaria: dañar a los hijos para castigar a la madre.
Las consecuencias son devastadoras: mujeres con depresión, niños que aprenden a repetir el ciclo, familias quebradas.
Cifras que estremecen en Ecuador
- Más del 65% de mujeres han sufrido algún tipo de violencia (INEC).
- Cada 26–27 horas una mujer es asesinada en Ecuador por motivos de género.
- Entre 2020 y 2024, organizaciones feministas registraron más de 1.000 femicidios en el país.
- La mayoría de los agresores eran parejas o exparejas de las víctimas.
Femicidios por provincia (2024): revela cómo Guayas, Pichincha y Manabí concentran la mayor cantidad de casos.
Un caso emblemático: Daniel Noboa y Gabriela Goldbaum
El machismo se refleja también en los poderosos. El presidente de Ecuador, Daniel Noboa Azín, se divorció de su legítima esposa, Gabriela Goldbaum, para casarse por lo civil con su actual concubina, Lavinia Valbonesi. Recordemos que quienes somos casados por la Iglesia Católica, es matrimonio es indisoluble, es decir, solo se termina hasta que la muerte de uno de los cónyuges.
Goldbaum denunció públicamente haber sido víctima de violencia vicaria, acusando a Noboa de usar a su hija como instrumento de presión. Sus palabras estremecieron al país y revelaron cómo el poder político y económico puede perpetuar la impunidad.
Psicólogos han señalado que parte del carácter de Noboa puede explicarse en su crianza: un niño rodeado de lujos, niñeras y atenciones materiales, pero sin el tiempo y la presencia de sus padres. Un niño a quien nunca se le enseñó límites y que creció creyendo que todo le pertenecía o que debe recibirlo a cualquier costo.
Hoy, ese niño se ha convertido en un adulto que ejerce poder no solo sobre un país, sino sobre su familia, con la misma lógica de dominación.
Testimonios (reconstrucciones)
“Me decía que sin él no valía nada. Un día me quitó las llaves, el dinero y me dejó encerrada. Lo peor era cuando usaba a mis hijos para castigarme.”
— Testimonio reconstruido, Quito.
“Desde niña escuché que los hombres no lavan ni cocinan. Cuando me casé, mi esposo se sentaba a esperar que lo atendiera como a un rey. Si me negaba, venían los gritos y hasta los golpes.”
— Testimonio reconstruido, Guayaquil.
Estos relatos, recogidos por organizaciones sociales, reflejan un patrón común en miles de hogares ecuatorianos.
La Iglesia: el machismo es pecado
El Papa Francisco lo ha dicho con claridad: “La violencia contra la mujer no puede ser tratada como normal.”
San Juan Pablo II, por su parte, recordó que la familia es “la primera escuela de humanidad”.
Desde la fe católica, la verdadera masculinidad no se mide por el poder, sino por el servicio. Cristo mismo dignificó a la mujer, la defendió de las piedras del machismo de su tiempo y la hizo primera testigo de la Resurrección.
Un verdadero hombre, a la luz del Evangelio, no oprime, ama. No humilla, sino que sirve y respeta.
¿Problema psiquiátrico o reflejo social?
El machismo no es una enfermedad mental en sí mismo. Es un reflejo social y cultural, reforzado por roles de género, sobreprotección, modelos familiares violentos y silencios cómplices.
Cuando se mezcla con adicciones o trastornos, el problema se agrava. Pero el origen sigue siendo social y espiritual: una cultura que aplaude la dominación y calla ante el abuso.
Un llamado a la conversión
El caso Noboa es apenas un ejemplo de cómo el machismo se refleja en lo más íntimo y en lo más público. Mientras los hombres crean que la fuerza, el dinero o el poder los hacen superiores, habrá mujeres humilladas, niños heridos y familias destruidas.
La solución pasa por:
- Educar en igualdad desde el hogar.
- Denunciar sin miedo los abusos.
- Reformar la justicia para sancionar con firmeza la violencia.
- Acompañar pastoral y psicológicamente a las víctimas.
- Promover la verdadera masculinidad: el servicio y la ternura.
El silencio cómplice de la Iglesia ante el adulterio presidencial: una traición al Evangelio
El silencio impune y cómplice de gran parte del clero católico en el Ecuador frente al adulterio y la violencia resulta escandaloso, pues mientras callan ante la vida personal del presidente Daniel Noboa —que habla de Dios pero vive en abierta contradicción a Él—, la Conferencia Episcopal Ecuatoriana lo cobija con misas privadas y lo aplaude por una supuesta fe que en realidad es apariencia. Esta actitud no solo es un mal testimonio para la sociedad, sino que ofende a Dios, quien jamás se complace con el pecado solapado. La Escritura enseña con claridad que la verdad debe proclamarse con valentía: San Juan Bautista denunció el adulterio de Herodes aun a costa de su vida, y el profeta Natán confrontó al rey David cuando mandó matar al esposo de Betsabé para tomarla como mujer. Callar ante el pecado por conveniencia política o por temor humano no es prudencia, es traición al Evangelio y complicidad con la injusticia.
Nota Editorial
Machismo: el cáncer que debemos extirpar
No es solo un problema de mujeres, es un problema de todos. El machismo es una cadena de esclavitud que hiere el alma del Ecuador. Como medio católico, levantamos la voz: el machismo es pecado.
Donde Cristo reina, el machismo muere. Donde hay amor, florece la paz.
— Redacción Informa-Te Ve LATAM

2 comentarios en “Daniel Noboa, representante del adulterio y machismo en Ecuador: la herida que mata en silencio e impunidad”
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