La Iglesia Católica en Ecuador: entre la división del clero y el desconcierto del pueblo fiel

Imagen Daniel Noboa Azín, quien vive en flagrante adulterio con Lavinia Valbonesi, recibe la Santa Comunión en la parroquia Nuestra Señora de la Merced en Latacunga. 

1Co 11 27-34 De manera que cualquiera que comiere este pan, o bebiere el cáliz del Señor indignamente, reo será del Cuerpo y de la Sangre del Señor.

 

Informa-Te Ve LATAM: En defensa de la verdad, la fe y la salvación de las almas

 

Una Iglesia dividida como el pueblo

 

La Iglesia Católica en Ecuador, lejos de reflejar la unidad y santidad a la que está llamada por Cristo, atraviesa una crisis interna profunda. Lo que debería ser una sola voz en defensa del Evangelio y la moral se ha convertido en una institución fragmentada, donde muchos sacerdotes viven el ministerio entre el dolor, el miedo y el silencio, mientras que los fieles también se dividen, eligiendo sus propios intereses antes que el verdadero camino de la fe.

La Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), preocupada más por mantener una “imagen perfecta” ante la sociedad y los gobiernos de turno, ha descuidado lo esencial: velar por la salvación de las almas, defender la pureza de los sacramentos y respaldar a los sacerdotes que, como verdaderos pastores, buscan guiar al pueblo hacia Cristo.

Tal como los antiguos profetas denunciaban los pecados de Israel —“Griten a voz en cuello, no se contengan, alzad la voz como trompeta, denuncia a mi pueblo sus rebeliones” (Isaías 58,1)—, hoy también surge la voz de algunos pocos que, con dolor, levantan denuncias contra prácticas escandalosas que han contaminado los templos y la misión evangelizadora.

 

Vea: La ambigüedad de la Iglesia Católica del Ecuador.

 

Machachi: sacramentos convertidos en mercado

 

El padre Adrián de San Felipe de la ciudad de Latacunga denunció públicamente un hecho gravísimo: en Machachi, los feligreses deben pagar más de 200 dólares para que los catecúmenos reciban la Primera Comunión y la Confirmación, y esto sin preparación catequética adecuada. Una práctica contraria al Evangelio que convierte la gracia en mercancía.

Los templos, que deberían ser “casa de oración” (Mateo 21,13), se han transformado en mercados espirituales, donde la fe del pueblo humilde se ve golpeada por intereses económicos y por la indiferencia de quienes deberían cuidar con celo pastoral el alma de cada bautizado.

Latacunga y Ambato: tolerancia, miedo y soberbia

 

En San Agustín de Latacunga, un sacerdote llegó a justificar el desorden e irrespeto dentro del templo con un llamado a la “tolerancia”. Pero detrás de esa palabra, lo que se escucha es miedo, miedo a enfrentar al pueblo que poco a poco va perdiendo el sentido de lo sagrado.

En Ambato, cuando algunos padres cuestionaron la edad tardía con la que se permite a los niños recibir la Primera Comunión, los sacerdotes argumentaron que así habría más “conciencia”. Sin embargo, olvidaron que santos como Domingo Savio, San Juan Bosco o Santa Jacinta recibieron el sacramento a temprana edad, entre los seis y siete años. Y, en un acto de soberbia, acusaron a la Iglesia en la Costa de “desobediencia” por mantener esa tradición.

¿Desde cuándo se desprecia la obediencia al Evangelio y a la Tradición de la Iglesia para imponer criterios humanos? San Pablo ya advertía: “Vendrá tiempo en que no soportarán la sana doctrina; al contrario, se rodearán de maestros conforme a sus propios caprichos” (2 Timoteo 4,3).

 

Lea: Sermón sobre los buenos y malos pastores – San Agustín

 

El dolor silencioso de un sacerdote perseguido

 

     

 

El sufrimiento de los sacerdotes perseguidos dentro de su propia Iglesia no es nuevo; es una herida antigua que atraviesa la historia del Pueblo de Dios. El caso del padre Walter Villacrés, en Alausí (Chimborazo), es un testimonio particularmente doloroso y aleccionador.

En el año 2020, un grupo de mujeres que administraban la Iglesia Matriz de Alausí lo acusaron falsamente de haber robado un copón sagrado. El verdadero motivo era otro: el padre Walter, con celo pastoral, les había llamado la atención en repetidas ocasiones, cuestionando la manera en que administraban la parroquia y señalando los chismes continuos que perturbaban la vida eclesial. Sus palabras de corrección evangélica generaron disgusto y resentimiento en ellas, y así nació la acusación calumniosa.

Sin investigación alguna, el obispo de Riobamba de aquel entonces lo destituyó de su parroquia e impidió que continuara ejerciendo su ministerio sacerdotal. Tiempo después, el copón apareció misteriosamente, cuando ya el padre Walter había sido separado de su comunidad.  El Vaticano le comunicó que seguía siendo sacerdote, pero hasta hoy el obispo local mantiene su veto. Una vez más se cumplían las palabras de Jesús:

  • “Dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos” (Mateo 5,11-12).

La experiencia del padre Walter recuerda también la voz del profeta Jeremías, que sufrió el rechazo de su propio pueblo:

  • “Oí las calumnias de muchos: ‘¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo, denunciémoslo!’ Todos mis amigos esperan que tropiece. Pero el Señor está conmigo como fuerte guerrero” (Jeremías 20,10-11).

El sufrimiento de este sacerdote se convierte en una llamada de atención para toda la Iglesia: los que deberían ser defensores de la verdad y de la justicia, a veces se convierten en instrumentos de persecución. Y sin embargo, como dice el salmo:

  • “El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido” (Salmo 34,18).

El padre Walter Villacrés, como tantos otros sacerdotes fieles, carga con una cruz que lo asemeja más a Cristo, que también fue acusado falsamente y condenado injustamente. Su testimonio nos recuerda que la fidelidad al Evangelio siempre tendrá un costo, pero también una recompensa eterna.

Este hecho nos recuerda también las palabras del profeta Amós: “Aborrecen al que reprende en la puerta y detestan al que habla con integridad” (Amós 5,10). ¿Qué otra cosa es esto sino la persecución de quienes intentan vivir con fidelidad su vocación sacerdotal?

Hasta este momento no hay NINGUNA DISPOSICIÓN OFICIAL de la Santa Sede para la destitución del presbítero como indica los documentos emitidos por la Diócesis de Riobamba.

 

         

Una Conferencia Episcopal distraída en el poder y la política

 

Mientras tanto, la cúpula de la Iglesia en Ecuador parece más preocupada por mantener una buena relación con los gobiernos de turno, especialmente con las élites políticas de derecha, que por defender a los pobres y alzar la voz contra la injusticia.

Ejemplo de ello es el actual presidente Daniel Noboa Azín, quien vive públicamente en adulterio con su pareja Lavinia Valbonesi. No obstante, sacerdotes y obispos le ofrecen misas privadas y hasta le administran la Sagrada Eucaristía, en flagrante contradicción con el mandato de San Pablo: “Quien come el pan o bebe la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor” (1 Corintios 11,27).

 

Daniel Noboa Azín y su concubina Lavinia Valbonesi comulgando en la Iglesia de la Compañía de Jesús en Quito – Radio Zaracay.

 

Lea: Daniel Noboa, representante del machismo en Ecuador: la herida que mata en silencio e impunidad

 

Así como Juan el Bautista denunció el adulterio de Herodes (Marcos 6,18), hoy es deber de la Iglesia recordar que no se puede relativizar la Palabra de Dios para ganar favores políticos ni mantener privilegios económicos.

Como advierte el profeta Jeremías: “Desde el más pequeño hasta el más grande, todos codician ganancias injustas; desde el profeta hasta el sacerdote, todos practican la mentira. Curan la herida de mi pueblo a la ligera diciendo: ‘Paz, paz’, cuando no hay paz” (Jeremías 6,13-14).

 

La voz de los sacerdotes que sí anuncian la verdad

 

En medio de este panorama oscuro, brillan algunos pastores que, como verdaderos profetas, anuncian la verdad del Evangelio sin temor. Entre ellos se encuentra el padre Alfonso Avilés, párroco de San Alberto Magno en la Diócesis de Daule, quien predica con fuerza en defensa de la familia, recordando con claridad que el aborto es un pecado grave y respaldando sus homilías con datos, estadísticas y enseñanzas firmes sobre los pecados que pueden condenar nuestra alma.

Escuche: Santa Misa presidida por el Presbítero Alfonso Avilés, desde la parroquia San Alberto Magno, cantón Daule, provincia del Guayas, Ecuador.

Su testimonio se une al de otros sacerdotes valientes que han marcado huella en América y el mundo:

  • Padre José Arturo López Cornejo (México)

  • Padre Javier Olivera Ravasi (Argentina)

  • Padre Carlos Pío conocido en redes sociales como Carlos Spahn (Argentina)

  • Padre Jorge Loring, S.J. (+) (España)

  • Padre Alfonso Avilés (España, radicado en Ecuador)

  • Padre Martín Ávalos (El Salvador)

  • Padre Jaime Ruiz del Castillo (España, párroco de Moyobamba, Perú)

  • Monseñor Rafael Escudero López-Brea, Obispo de Moyobamba (Perú)

Ellos, como en su tiempo los profetas Elías, Isaías y Amós, no temen señalar el pecado, exigir conversión y anunciar que sin arrepentimiento no hay salvación.

El pueblo dividido y la indiferencia creciente

 

La división no solo está en los altares, sino también en los bancos de los templos. Muchos fieles prefieren callar y acomodarse, defendiendo sus propios intereses antes que exigir verdad y transparencia. Otros, cansados del desorden, simplemente abandonan la práctica de la fe.

La Iglesia ecuatoriana corre el riesgo de caer en la tibieza denunciada por el Apocalipsis: “Conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio, estoy por vomitarte de mi boca” (Apocalipsis 3,15-16).

Un llamado profético a la conversión

 

Ante este panorama, es necesario recordar la misión esencial de la Iglesia: salvar almas, formar conciencias, y guiar al pueblo hacia Cristo. No se trata de mantener apariencias ni de conservar poder, sino de obedecer al mandato del Señor: “Id y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28,19).

Así como los profetas Elías, Jeremías, Isaías y Amós no callaron frente a las injusticias y pecados de su tiempo, también hoy es deber de los sacerdotes y laicos levantar la voz. La fidelidad al Evangelio no puede venderse al mejor postor ni negociarse con el poder político.

La esperanza está en los pocos que aún luchan, denuncian y oran por la purificación de la Iglesia. Porque sabemos que Cristo mismo prometió: “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mateo 16,18).

 

Conclusión

 

La Iglesia Católica en Ecuador está herida, dividida y tentada por los poderes de este mundo. Pero no está perdida. Este reportaje es un grito de auxilio, un clamor de justicia y una súplica para que nuestros obispos, sacerdotes y fieles vuelvan los ojos al Evangelio y recuerden que la única prioridad es la salvación de las almas.

Que la voz de los profetas resuene hoy en nuestra tierra: “Busquen el bien y no el mal, y vivirán; y así estará con ustedes el Señor de los ejércitos” (Amós 5,14).

 

Nota editorial:

 

¿Qué establece la Iglesia Católica —a la luz del Evangelio, el Catecismo y el Derecho Canónico— respecto a que un sacerdote administre la Sagrada Comunión a personas que viven públicamente en adulterio y sin arrepentimiento? ¿Cuál es la responsabilidad del ministro en esos casos?”

1. Enseñanza de la Sagrada Escritura

 

San Pablo enseña con claridad en la Primera Carta a los Corintios 11,27-29:

“Quien come el pan o bebe la copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual, y coma así del pan y beba de la copa. Porque quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación.”

Aquí la Palabra de Dios muestra que recibir la Comunión en pecado grave es un sacrilegio y causa condenación a quien lo recibe.


2. Catecismo de la Iglesia Católica

 

El Catecismo es claro:

  • CIC 1385: “Quien tiene conciencia de estar en pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de comulgar.”
  • CIC 1457: “El que tiene conciencia de pecado mortal no debe recibir la Sagrada Comunión, aun si experimenta gran contrición, sin acudir antes a la confesión sacramental.”

Por tanto, si alguien vive públicamente en adulterio (pecado grave y permanente), no puede recibir la Eucaristía hasta que haya arrepentimiento, confesión y cambio de vida.


3. Derecho Canónico

 

El Código de Derecho Canónico establece normas precisas:

  • Canon 915:
    “No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados, los entredichos, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave.”

Esto aplica directamente a los casos de adulterio público y notorio: mientras vivan en esa situación y sin intención de conversión, no deben ser admitidos a comulgar.


4. Documentos Pontificios

 

  • San Juan Pablo II – Exhortación Familiaris Consortio (1981), n. 84:
    “La Iglesia, por fidelidad a la Palabra de Dios, no puede reconocer como válida la unión de los divorciados vueltos a casar, y no puede admitirlos a la Eucaristía. Ellos no pueden ser admitidos, desde el momento en que su estado y condición de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia significada y actualizada en la Eucaristía.”
  • Benedicto XVI – Sacramentum Caritatis (2007), n. 29:
    “La Eucaristía no puede ser administrada a quienes se encuentren en una situación objetiva de pecado grave.”

5. Responsabilidad del sacerdote

 

Un sacerdote que, sabiendo la condición de adulterio público, da la Comunión incurre en:

  1. Culpabilidad moral por cooperar con el pecado de sacrilegio (CIC 1385, 1 Cor 11,27-29).
  2. Desobediencia al Canon 915.
  3. Escándalo público, pues da a entender que no importa vivir en adulterio para recibir los sacramentos.

San Juan Crisóstomo lo expresaba así:

“No basta que el sacerdote esté limpio, sino que debe impedir que otros se acerquen indignamente. Si no lo hace, su culpa será mayor que la de ellos.” (Homilía sobre Mateo 82,5).

Conclusión:

 

  • Quien vive públicamente en adulterio y recibe la Comunión comete sacrilegio y se hace culpable ante Dios.
  • El sacerdote que lo permite o lo facilita, sabiendo su condición, también comete pecado grave, incurre en escándalo y desobedece el derecho canónico.
  • La Iglesia es clara: la Eucaristía es fuente de vida eterna, pero solo para quien la recibe en gracia de Dios. De lo contrario, se convierte en causa de condenación.

 

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4 comentarios en “La Iglesia Católica en Ecuador: entre la división del clero y el desconcierto del pueblo fiel”

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