Divina Providencia – 1 día del mes – Santa Misa y Liturgia de la Palabra de hoy Lunes de la XXII Semana del Tiempo Ordinario 01092025

Imagen de Nuestra Señora de los Remedios, Iglesia de Cholula, Puebla – México.

Inicio de mes, antes de iniciar pongamos nuestra vida en manos de la Divina Providencia.

 

 

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Viramontes, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Sábado de la XXII Semana del Tiempo Ordinario.

 

Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 4, 13-18.

 

No queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los hombres sin esperanza. Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo, a los que han muerto, Dios, por medio de Jesús, los llevará con él. Esto es lo que os decimos como palabra del Señor: Nosotros, los que vivimos y quedamos para cuando venga el Señor, no aventajaremos a los difuntos. Pues él mismo, el Señor, cuando se dé la orden, a la voz del arcángel y al son de la trompeta divina, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que aún vivimos, seremos arrebatados con ellos en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Reflexión de la Primera Lectura

 

Una de las experiencias que más nos llena de temor es la de la muerte, sobre todo porque nuestra vista lo único que alcanza a ver es el cuerpo sin vida, inerte de nuestros difuntos. Sin embargo, esta no es la realidad que Dios está viendo, pues para él todos estamos vivos. La primera comunidad se sentía defraudada en cuanto a lo que ya se había predicado, pues pensaban que los únicos que participarían del Reino «que serían llevados al cielo», eran los que estuvieran vivos cuando llegara el Señor. Por eso san Pablo les explica que eso no será así, sino que todos los que hayamos muerto en Cristo, también tendremos la vida incorruptible. Esta es la gran esperanza cristiana, el saber que nuestra vida en el mundo es sólo un tránsito hacia la vida definitiva que tendremos y que gozaremos en el cielo. Por ello, aunque nuestra vista ve el cuerpo de nuestros hermanos sin vida, esto sólo es para nosotros, pues en el misterio de Dios, en su tiempo, para él todos viven y la muerte, como la conocemos nosotros, es sólo la puerta que se abre para darnos paso a la eternidad en Cristo. Por ello, vale la pena vivir unidos al Señor, para que en el momento de nuestra muerte se abra también para nosotros la puerta que nos lleve directamente a los brazos de nuestro amado Padre. ¡Ánimo! Caminemos con alegría hacia el Cielo.

 

Salmo 95, 1. 3-5. 11-13.

 

R/. El Señor llega a regir la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Porque es grande el Señor, y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/.

Alégrese el cielo, goce la tierra, retumbe el mar
y cuanto lo llena; vitoreen los campos
y cuanto hay en ellos. R/.

Aclamen los árboles del bosque,
delante del Señor, que ya llega, ya llega
a regir la tierra: regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R/.

 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 4, 16-30.

 

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: «Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír». Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban: «¿No es éste el hijo de José?» Jesús les dijo: «Seguramente me dirán aquel refrán: Médico, cúrate a ti mismo, y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm «. Y añadió: «Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, que era de Siria». Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una barranca del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.

Palabra de El Señor.

Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Evangelio

 

Duras palabras que escuchamos de Jesús el día de hoy. Las enseñanzas de Jesús son fuertes, son radicales. Leemos cómo los fariseos al escuchar a Jesús lo sacaron de la sinagoga y lo llevaron afuera de la ciudad, para tirarlo por el barranco. Yo me pregunto, muchas veces nosotros podemos llegar a ser esos fariseos, queremos sacar a Jesús de la ciudad, es decir, queremos sacar a Jesús de nuestro corazón, porque lo que pide es costoso. Como las veces que pienso, lo que me pide Jesús va en contra de mi personalidad, de mi temperamento, de mi carácter. Porque Él pide paz, y yo tengo un carácter muy fogoso; porque pide perdón, y yo soy una persona muy rencorosa; porque pide paz y calma, y mi personalidad es más ruidosa. Pero el mensaje de Cristo es radical y exige radicalidad, exige totalidad en la respuesta y muchas veces, y más de una, no escucho lo que quiero, sino lo que necesito escuchar. Y eso implica cambio de vida, cambio de comportamiento; implica darle muerte a mi yo, para que mi Señor y su Palabra cobren vida en mí. No saquemos a Jesús, no saquemos a Cristo de nuestro corazón, sino todo lo contrario, abramos el corazón para escuchar, aceptar y vivir lo que Cristo nos pide y nos dice. Te invito a que hoy hagas lo que Él, Cristo, te diga, que no es otra cosa sino servir, perdonar, sonreír, acoger, ayudar, escuchar.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

 

 

Conozcamos el Santuario dedicado a Nuestra Santa Madre María Santísima, bajo la advocación de la Virgen de los Remedios, en México, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés.

 

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