Doña Gabriela Goldbaum, esposa legítima ante Dios del adúltero mandatario Daniel Noboa Azín, tomado de la Agencia EFE.
En el silencio de la noche, en los espacios vacíos de un hogar donde alguna vez resonaron risas y abrazos antes de dormir, una madre sigue esperando. Esperando una llamada, una señal, una oportunidad de abrazar a su hija. Gabriela Goldbaum no pide privilegios, no busca venganza, solo clama por un derecho fundamental: ser madre.
Esposa legítima ante Dios, de Daniel Noboa, Gabriela Goldbaum, denuncia que aún no se le permite ver a su hija. Dice que las respuestas de los familiares del Presidente al llamado, es que supuestamente su hija ya no se acuerda de ella. (Ecuador en Directo TV)
Pero su clamor se estrella contra el muro del dinero y el poder, dinero y poder que, en lugar de proteger, castiga; que, en lugar de unir, separa. La violencia vicaria no es solo una palabra en documentos jurídicos o discursos políticos. Es el dolor desgarrador de una madre que siente cómo le arrancan a su hija, como si su amor no contara, como si su presencia fuera prescindible.
«Tu hija ya no se acuerda de ti», le dicen. ¿Puede haber palabras más crueles? ¿Puede haber una herida más profunda que la de escuchar que el ser que gestaste en tu vientre, que sostuviste en tus brazos, que viste dar sus primeros pasos, está siendo manipulado para olvidarte?
La violencia vicaria es un crimen silencioso, uno que no deja moretones visibles, pero que destruye almas. Es una guerra sin disparos, pero con cicatrices imborrables. Y en Ecuador, aún no se tipifica, aún no se reconoce del todo, aún se permite que miles de mujeres vivan este infierno.
Doña Gabriela Goldbaum hablando de la violencia vicaria en la Asamblea Nacional el pasado 11 de marzo de 2025.
Seis años ha pasado Gabriela peleando por lo que jamás debió ser arrebatado. Seis años enfrentando demandas, presiones, acoso judicial. Seis años viendo cómo el poder se usa no para proteger a su hija, sino para alejarla de ella. Y ahora, el miedo se intensifica con una nueva amenaza: una solicitud de salida del país, un posible adiós sin garantías de regreso.
¿Qué harías si estuvieras en su lugar? ¿Cómo se le explica a un corazón de madre que debe conformarse con la distancia?
Violencia vicaria, un delito grave aún no tipificado en Ecuador
Este no es solo el testimonio de Gabriela Goldbaum. Es el grito ahogado de muchas mujeres que ven a sus hijos convertirse en armas en su contra. Es la urgencia de una legislación que proteja, que reconozca, que impida que el poder sea un instrumento para el abuso.
Hoy, más que nunca, Ecuador debe escuchar. Porque cuando se le arrebata una madre a un hijo, y un hijo a una madre, se rompe el lazo más sagrado de la humanidad. Y eso, eso no puede permitirse.
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