Imagen: Padre Martín Enrique Ávalos Magaña, Sacerdote Diocesano, Vicario General y Párroco de Parroquia Madre del Salvador en Santa Ana, Fundador y Presidente de Fundación Dei Verbum.
Guayaquil, Ecuador – En medio del esfuerzo por acercar a los jóvenes a la fe mediante lenguajes contemporáneos, ha surgido una legítima preocupación entre fieles católicos ante la creciente presencia de expresiones musicales que, lejos de evangelizar con profundidad, pueden estar diluyendo la sacralidad de la alabanza.
En recientes eventos organizados por comunidades eclesiales en Ecuador, se ha incluido la participación de artistas como Militante Bierd y otros con propuestas que, probablemente buscan llegar a nuevas generaciones, utilizan expresiones asociadas a géneros musicales como el rap o el reguetón, cuyas raíces y estilos de expresión en muchos casos son contrarios a la reverencia que exige lo sagrado.

Parte de la publicación de un Concierto católico promovido por una parroquia eclesiástica de Guayaquil donde se promociona estos «artistas católicos» con música mundanizada y totalmente alejada de la Sacralidad que nos enseña la Santa Madre Iglesia Católica.
La música como expresión de lo divino
La Sagrada Escritura da testimonio de la importancia de la música en la relación del pueblo con Dios. El rey David, por ejemplo, compuso salmos que aún hoy se cantan como forma de oración: “Alabad al Señor con la lira, cantadle con el arpa de diez cuerdas. Cantadle un cántico nuevo, tocad con arte y júbilo” (Salmo 33:2-3). También San Pablo exhorta: “Cantad y salmodiad al Señor con todo vuestro corazón” (Efesios 5:19). Estos versículos no solo celebran la música, sino que la presentan como una herramienta para elevar el alma, no para reducirla a expresiones mundanas o vulgares.
Una evangelización con alegría… y respeto
En contraste con las expresiones desacertadas de solistas y agrupaciones musicales católicas que buscan llamar la atención más que elevar el alma , en Ecuador hace más de una década nacieron “Los Padrecitos”, un grupo musical guayaquileño compuesto por seis sacerdotes católicos que buscan transmitir la alegría de su vocación y compartir, por todos los medios posibles, su amor por Jesús y la Iglesia. Por más de 10 años, han compuesto e interpretado canciones, especialmente para acompañar las actividades propias de su vida pastoral a cargo de distintas parroquias en Guayaquil, Ecuador. Al comienzo estuvo formado por los padres José Manuel Delgado, Jorge Avilés y Francisco Sojos, en compañía del músico y compositor Jorge Luis Bohórquez, poco tiempo después se integraron a la agrupación los sacerdotes Carlos Mena, Jorge Montalvo y Carlos Mendoza, lo que dio origen a la conformación definitiva del grupo. (Vatican News)
Los padrecitos de Guayaquil.
Otro ejemplo digno de destacar es la Hermana Glenda, religiosa y cantante chilena, cuya música ha tocado corazones en todo el mundo con profundidad, delicadeza y fidelidad a la espiritualidad católica. Su forma de cantar es oración pura, cargada de sacralidad, sin estridencias ni teatralidades, y con letras que nacen del Evangelio y del silencio interior. Ella ha demostrado que es posible evangelizar a través del arte sin perder la reverencia, sin banalizar lo divino ni recurrir a escenografías propias del espectáculo mundano. Muy distinto es el caso de las once religiosas peruanas que se hacen llamar “Siervas”, conocidas por interpretar música rock en escena. Aunque su intención puede ser buena, este tipo de propuestas corre el riesgo de confundir la identidad consagrada con una imagen más propia del entretenimiento que de la vida religiosa, debilitando el testimonio de sobriedad, recogimiento y entrega total a Cristo que se espera de quienes han hecho votos sagrados.
Hermoso vídeo de la Hermana Glenda, religiosa chilena de un retiro y concierto virtual.
Es cierto que la música puede ser alegre y contemporánea, pero esto no significa que deba perder el respeto y el sentido de lo sagrado. Uno de los ejemplos más visibles de este equilibrio es el del Padre Marcelo Rossi, sacerdote brasileño que desde los años 90 ha utilizado la música moderna como un medio de evangelización masiva. Con ritmos alegres y letras profundas, ha compuesto e interpretado canciones como “Incendeia Minha Alma”, que han tocado a millones de personas, especialmente jóvenes, sin caer en lo grotesco o lo irreverente. Su música ha sido acompañada de una vida de oración y adoración, y su labor ha ayudado a muchos a reconciliarse con la fe.
Padre Marcelo Rossi junto al Padre Fabio Melo, Brasil en concierto hace doce años.
La llama espiritual en ‘Incendeia Minha Alma’ de Padre Marcelo Rossi
Del mismo modo, el sacerdote italiano Marco Frisina, conocido por su formación musical clásica y teológica, ha elevado la música litúrgica con composiciones como “Jesus Christ You Are My Life” y “Anima Christi”, mostrando que lo bello puede y debe ir unido a lo sagrado.
Padre Marco Frisina y el Coro de la Diócesis de Roma, Italia hace catorce años.
También desde América Latina, el presbítero salvadoreño Martín Ávalos, director espiritual del Ministerio de Música Dei Verbum, promueve un repertorio musical católico cuidadosamente seleccionado, profundo y respetuoso, que conecta con los fieles sin caer en el espectáculo ni la vulgaridad. Igualmente, el reconocido predicador y cantautor costarricense Martín Valverde ha sabido utilizar su talento musical para transmitir con claridad y devoción las enseñanzas de Cristo.
Padre Martín Ávalos y el Ministerio Dei Verbum de la ciudad de Santa Ana, El Salvador.
Padre Martín Ávalos y el Ministerio Dei Verbum
¿Qué enseña la Iglesia sobre la música?
La Doctrina de la Iglesia Católica, a través de documentos como la Instrucción Musicam Sacram (1967), recuerda que “la música sagrada será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica”. El Concilio Vaticano II también afirma en Sacrosanctum Concilium que la música no debe servir para el entretenimiento, sino que debe “contribuir a la santificación de los fieles y a la glorificación de Dios” (SC 112).
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que “la belleza es una de las formas por las que la verdad y la bondad de Dios se nos hacen visibles” (CIC 2500), y esto también aplica a la música: lo que se canta a Dios debe tener contenido verdadero, expresión de bondad y forma bella.
Coro Católico: «La voz del desierto» conformado por el coro de niños del Pueblo de Acatlán, estado de Guerrero, México.
Una llamada a no mundanizar lo sagrado
Si bien es loable buscar nuevos lenguajes para evangelizar, hay una línea que no debe cruzarse: el peligro de mundanizar lo sagrado. Expresiones como “tírame tus dones” del autodenominado Militante Bierd para referirse al Espíritu Santo, usadas en algunos contextos de rap religioso, no solo denotan una falta de formación, sino que contribuyen a banalizar el misterio de la fe. Como indica San Pablo en Romanos 12:2: “No se conformen a este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente”.
El llamado es claro: la música para Dios puede ser moderna, pero debe conservar siempre la reverencia, la belleza y la profundidad que merece Aquel que es Santo. Educar a nuestros jóvenes en el gusto por lo sagrado, en lugar de adaptar el mensaje al lenguaje de la calle, es un acto de amor y fidelidad a Cristo.
Predicador y cantante católico Martín Valverde quien estuvo en Guayaquil hace más de veinte años.
Compromiso con la verdad
Como medio de comunicación católico, independiente y fiel al Magisterio de la Iglesia, reiteramos nuestro compromiso con promover contenidos que edifiquen las almas, fortalezcan la fe y eleven el espíritu, recordando siempre que la belleza y la verdad son inseparables de la auténtica evangelización.
Finalmente, con el debido respeto, también creemos necesario reflexionar sobre ciertos movimientos que, aunque se presentan como católicos —como es el caso de la llamada Renovación Carismática— en algunas de sus expresiones se alejan visiblemente de la sobriedad, la reverencia y el orden que caracterizan a la auténtica espiritualidad católica. Nos preocupa profundamente que desde estos espacios se promueva a supuestos “cantantes católicos” como quien se hace llamar Militante Bierd, cuyas actuaciones han incluido expresiones irreverentes hacia Dios, gestos corporales inadecuados e incluso bailes indecorosos en espacios que deberían ser de oración y recogimiento. Este tipo de manifestaciones, que rayan en lo grotesco y mundano, distan mucho de lo que enseña la Iglesia sobre la música y el culto: que deben ser santos, respetuosos y orientados a glorificar a Dios y santificar a los fieles (cf. Sacrosanctum Concilium, 112). Reiteramos que el camino hacia una verdadera renovación de la fe no pasa por imitar espectáculos ni por confundir lo emocional con lo espiritual, sino por un retorno sincero a la Palabra, la Tradición y la belleza de la fe vivida con profundidad.
Ver carta dirigida al Director del Seminario Mayor de Guayaquil: Sobre el concierto católico a realizarse en Guayaquil
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1 comentario en “Música para Dios: Entre lo sagrado y lo moderno, el llamado a no mundanizar lo divino”
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