¿Por qué lloran los sacerdotes?

Foto: P. Juan Francisco Aragón Larrazábal (+) y mi hermana Beatriz (+), el 8 de diciembre de 1990.

GRACIAS POR DARSE. GRACIAS POR DARNOS. DIOS LES BENDIGA.

Hallé este texto en redes sociales (¿Por qué lloran los sacerdotes?) y enseguida me vino a la mente todos los sacerdotes que han pasado y siguen pasando por mi vida, para mí los sacerdotes no son solo Ministros de Dios, son hombres valientes que renuncian al mundo y continúan viviendo en el mundo enfrentando muchas vicisitudes y sobre todo incomprendidos de tantos como Jesús y sus Apóstoles.

Oremos por nuestros sacerdotes, le dedico este texto al P. Juan Francisco Aragón Larrazábal (+) asesinado vilmente en mi tierra natal un día antes de la Nochebuena (1991), encarcelado por una acusación de violación a niños que no fue cierto y que se comprobó porque él había sido castrado estando muy joven y aún así lo mataron un 23 de diciembre.

P. Cristóbal Espinosa y P. Freddy Reyes, tíos míos muy queridos y sacerdotes ejemplares y generosos, aunque no los veo hace muchos años, las primeras enseñanzas en mi fe cristiana las recibí de ellos.

P. Saturnino López  (+) (fue párroco en San Juan Bautista de Paccha, Atahualpa, El Oro) gran sacerdote cuya voz retumbaba no solo dentro del templo sino fuera de él, alegre, real, honesto y generoso.

P. Abundio Velasco (+) (capellán del Colegio de la Asunción de Guayaquil)

P. Luis Fernando Intriago Páez (párroco de Nuestra Señora de Czestochowa de Guayaquil) lo retiraron también y lo dejaron sin parroquia por la acusación de haber violentado a unos jóvenes, lo cual no fue cierto, mi esposo y yo nos casamos en su época hace más de once años.

P. Stanley Henríquez (sacerdote en la Parroquia de Nuestra Señora de Alborada), no supe más de él desde que lo enviaron a Nobol.

P. Alfonso Avilés y P. Felipe (párroco de San Alberto Magno en la parroquia La Aurora del cantón Daule, Guayas) grandes defensores de la familia y la Santa Misa Tradicional.

P. José Manuel Delgado (fue párroco de Nuestra Señora de Czestochowa) quien nos firmó el acta matrimonial hace más de once años.

P. Roberto Rodríguez (fue párroco en la Parroquia Divino Niño, en Mucho Lote 2 de Guayaquil), actualmente es Rector del Seminario Mayor de Guayaquil y nos cuida desde lejos enviándonos diariamente la Palabra de Dios mediante Whatsapp, gran defensor de la familia como Dios manda.

P. Walter Villacrés (fue párroco en la ciudad de Alausí, Chimborazo) acusado injustamente de haber cometido un delito, el obispo de Riobamba le quitó su labor de sacerdote de manera abusiva pese a que el Papa Francisco no lo ha autorizado para hacerlo. Para quienes le conocemos, reconocemos que es un gran sacerdote incapaz de hacer daño a nadie y con un corazón noble dispuesto a decir la verdad aún jugándose en esta sociedad ecuatoriana tan retorcida muchas veces.

P. Martín Ávalos (párroco de Nuestra Señora del Salvador, en Santa Ana, El Salvador) sacerdote que nos acompaña a raíz de la pandemia de Cov-sars en 2020 junto con el P. Juan Cardona, P. Melvin Ramos, P. Dilson y otros sacerdotes y que junto al Ministerio musical Dei Verbum, ahora disfrutamos de escuchar las hermosas alabanzas a Dios desde El Salvador.

P. José Arturo López Cornejo, quien nos acompaña desde este año desde el estado Guerrero, México y que cuya humildad, sencillez y firmeza desde sus comunidades rurales nos ha dado la verdad de Cristo Jesús y nos dice las cosas como Dios manda, nos prepara con catequesis que compartimos en familia y nos comparte viajes, vivencias de sus comunidades y muchísimo más.

P. José de Jesús Valdés Aguilar (sacerdote mexicano) quien nos comparte sus enseñanzas y viajes bellísimos a lugares santos, catequesis y tantas cosas.

P. Luis Toro (sacerdote venezolano) que sin duda nos enseña como defender nuestra fe católica a rajatabla.

A todos y a muchos más sacerdotes que eventualmente pasan por nuestra vida, los que olvidé sin querer y los que ya no están en esta tierra, por aquellos sacerdotes viejitos, olvidados, alejados de todo y de todos, por todos ellos gracias Señor por ser lo que son y por entregar su vida por darnos a Dios.

Oramos también por los sacerdotes acobardados, por los que se acomodan socialmente sobre todo en mi país, por esos sacerdotes mojigatos, débiles, farsantes, «sociables», para que Dios les ayude a ser lo que libre y voluntariamente eligieron y sean valientes y verdaderos como deben ser.

¿Los sacerdotes lloran?
– Lloran, sí…
¿Y por qué llora un sacerdote?
– Los sacerdotes lloran por muchos motivos…
Pero los sacerdotes, ¿no son hombres de Dios? ¿Por qué tendrían que llorar?
– Sí, los sacerdotes son hombres de Dios es verdad pero no son super héroes, ni piedras.
Son seres humanos.
¿Pero por qué llora un sacerdote?
– Los sacerdotes lloran de soledad. Están rodeados de gente, pero solos.
Lloran de nostalgia de sus familias, por estar lejos de los seres que aman, por no poder estar con ellos en los momentos buenos y en los momentos malos, por no estar cerca de los amigos que los vieron crecer.
Lloran también por la incomprensión. Un sacerdote no puede enfermarse, sentirse cansado, tener amigos o estar triste, el pueblo le exige ser perfecto y no importa cuántas cosas buenas haga, siembre habrá un error para criticarle.
Lloran por la frustación de que a veces, aunque se esfuerzen y den lo mejor de sí, la gente no responde. Es como si estuvieran luchando solos, tal como una voz que clama en el desierto.
Lloran por impotencia cuando son testigos del dolor, los problemas, las enfermedades, la pobreza y los sufrimientos de sus ovejas y no pueden hacer nada más, sino rezar, acompañar, comprender y sentir compasión.
También lloran de felicidad cuando viven su vocación, cuando sirven al prójimo, cuando perciben el fruto de la misión.
Lloran de amor cuando reciben el cariño verdadero y desinteresado de algunas buenas personas, cuando sienten el amor de Dios, en sus vidas.
Los sacerdotes lloran sí, solos y en silencio. Refugiados en el Corazón de Dios.
También los sacerdotes lloran de dolor por sus pecados y miserias, porque a pesar de todo, también son pecadores.
Por eso ¡recemos por los sacerdotes! 🙏
Y más que criticar a un sacerdote, doblemos las rodillas y recemos por él.

Rafael Martínez, Misioneros Digitales Católicos.

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