San Juan Diego – Santa Misa, Liturgia de la Palabra y Santo Rosario de hoy Martes de la II Semana de Adviento 09122025

Imagen de San Juan Diego, vidente de la Virgen de Guadalupe – ACI Prensa

 

Segunda Semana de Adviento, Informa-Te Ve LATAM

 

Santa Misa presidida por el Presbítero  José Arturo López Cornejo, desde la Iglesia de San Juan Diego, Pueblo de Mazatepec, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Martes de la II Semana de Adviento.

 

 

Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

Lectura del libro de Isaías 40, 1-11.

 

«Consolad, consolad a mi pueblo
—dice vuestro Dios—;
hablad al corazón de Jerusalén,
gritadle,
que se ha cumplido su servicio,
y está pagado su crimen,
pues de la mano del Señor ha recibido
doble paga por sus pecados».
Una voz grita:
«En el desierto preparadle
un camino al Señor;
allanad en la estepa
una calzada para nuestro Dios;
que los valles se levanten,
que montes y colinas se abajen,
que lo torcido se enderece
y lo escabroso se iguale.
Se revelará la gloria del Señor,
y verán todos juntos
—ha hablado la boca del Señor—».
Dice una voz: «Grita».
Respondo: «¿Qué debo gritar?».
«Toda carne es hierba
y su belleza como flor campestre:
se agosta la hierba, se marchita la flor,
cuando el aliento del Señor
sopla sobre ellos;
sí, la hierba es el pueblo;
se agosta la hierba, se marchita la flor,
pero la palabra de nuestro Dios
permanece por siempre».
Súbete a un monte elevado,
heraldo de Sión;
alza fuerte la voz,
heraldo de Jerusalén;
álzala, no temas,
di a las ciudades de Judá:
«Aquí está vuestro Dios.
Mirad, el Señor Dios llega con poder
y con su brazo manda.
Mirad, viene con él su salario
y su recompensa lo precede.
Como un pastor que apacienta el rebaño,
reúne con su brazo los corderos
y los lleva sobre el pecho;
cuida él mismo a las ovejas que crían».

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Reflexión de la Primera Lectura

 

Isaías comienza el libro de la Consolación con estas palabras: «Consuelen, consuelen a mi pueblo». Es un llamado al profeta, llevar y brindar consuelo a quien sufre, al abatido, al desconsolado, al que ya no tiene esperanza, al que levanta la vista y sólo encuentra tristeza. La consolación la anuncia el profeta, pero quien la da es Dios mismo. Dios es el portador de todo consuelo, el que levanta la esperanza, el que ofrece y asegura un mañana mejor, no para apaciguar nuestra conciencia o para darnos esperanza pasajera, pues, el consuelo de Dios permanece para siempre, nunca termina, es un consuelo que es bálsamo para las heridas. Cuando Judá ha terminado el exilio, escucha la promesa de Dios de brindarle consuelo para curar sus heridas, para sanar sus dolencias. Dios, en Jesús es el verdadero buen samaritano, que despojándose de su dignidad, se detiene en el camino para atendernos cuando estamos agobiados y derrotados, nos cura, venda nuestras heridas y vela por nuestra total recuperación. En Jesús, Dios, el-que-está-siempre-con-nosotros, nos brinda la certeza de que nunca sufriremos sin ser asistidos por el Espíritu Consolador.

 

Salmo 95, 1-3. 10ac. 11-14.

 

R/. Aquí está nuestro Dios, que llega con poder.

 

V/. Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre,
proclamad día tras día su victoria. R/.

V/. Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones.
Decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente». R/.

V/. Alégrese el cielo, goce la tierra,
retumbe el mar y cuanto lo llena;
vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,
aclamen los árboles del bosque. R/.

V/. Delante del Señor, que ya llega,
ya llega a regir la tierra:
regirá el orbe con justicia
y los pueblos con fidelidad. R/.

 

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 18, 12-14.

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no dejará las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños».

Palabra de El Señor.

Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Evangelio

 

El pasaje del Evangelio que escuchamos hoy nos recuerda el valor que tenemos para Dios. Su lógica es muy distinta a la nuestra. Seguramente si hubiéramos sido nosotros ese pastor, hubiéramos preferido quedarnos cómodamente esperando a que esa oveja regresara por sí sola, por no querer arriesgarnos al peligro o que se nos perdiera otra de las noventa y nueve que quedaban.

El Buen Pastor es diferente. Él tiene interés particular por cada uno de nosotros y hace hasta lo imposible por rescatarnos. Dios toma la iniciativa, sabe que la oveja perdida está asustada y que no sabe cómo regresar. El Buen Pastor toma el riesgo y hace el esfuerzo por encontrarnos.

Este tiempo de Navidad es un tiempo propicio en donde, a pesar de todas las distracciones del consumismo, Jesús, el Buen Pastor, sale en búsqueda de las ovejas perdidas, las extraviadas, las que se han desviado del camino y nos llama por medio de sutiles mensajes de amor, luces, señales que nos hacen ver su cuidado y amor incondicional.

La Navidad es, en esencia, la celebración de este pasaje: Jesús, el Buen Pastor, descendiendo a la tierra para buscar a la humanidad perdida. Nos busca para sanarnos, para curar nuestras heridas de abandono y de tristeza, nos recuerda que ha venido a salvarnos y rescatarnos del peligro y se alegra por recuperar a aquellos que se dejan encontrar.

Nos invita también a ser el pastor de alguien más, a salir a buscar, dejar nuestra comodidad y encontrarnos no solo con los noventa y nueve que nos quieren y que nos hacen regalos, sino con aquellos que no tienen recursos, que no tienen algo para darnos de intercambio. A salir a la calle por la oveja perdida, asustada, abandonada, hambrienta y no solo de comida sino de amor.

A veces nosotros mismos podemos ser esa oveja perdida, a pesar de las fiestas y eventos de la temporada, nos sentimos vacíos. La alegría pasa desapercibida porque no nos damos cuenta de que el motivo de la celebración es Dios. Si es así, déjate encontrar por el Buen Pastor, detente y busca una iglesia o en tu propia casa, ahí, junto al nacimiento que pusiste de adorno, adora a ese pequeño Niño Dios que se hizo hombre y reconócelo. Ten por seguro que escucharás su voz que te invita a regresar al redil de las ovejas, te sanará, te llevará en sus hombros y se alegrará contigo, porque te ha encontrado y te ama.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.

Pbro. Ernesto María Caro.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

 

 

 

Conozcamos al santo de hoy San Juan Diego, vidente de la Virgen de Guadalupe con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.

 

 

Recemos juntos el Santo Rosario con el P. Javier Olivera Ravasi, SE, San Francisco, USA. Canal QNTLC.

 

Hoy contemplamos los Misterios Dolorosos.

 

 

Reflexión del Adviento con San José para hoy Martes 9 de diciembre con el P. José Gabriel Ansaldi, de la Orden de San Elías OSE

 

 

 

Ver también: Inmaculada Concepción de Mamita María – Adviento – Santa Misa, Liturgia de la Palabra y Santo Rosario de hoy Lunes de la II Semana de Adviento 08122025 

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