Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Mazatepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Lunes de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del primer libro de los Macabeos 1, 10-15. 41-43. 54-57. 62-64.
En aquellos días, brotó un vástago perverso: Antíoco Epifanes, hijo del rey Antíoco. Había estado en Roma como rehén, y subió al trono el año ciento treinta y siete de la era seléucida.
Por entonces hubo unos israelitas apóstatas que convencieron a muchos: «¡Vamos a hacer un pacto con las naciones vecinas, pues, desde que nos hemos aislado, nos han venido muchas desgracias!»
Gustó la propuesta, y algunos del pueblo se decidieron a ir al rey. El rey los autorizó a adoptar las costumbres paganas, y entonces, acomodándose a los usos paganos, construyeron un gimnasio en Jerusalén; disimularon la circuncisión, apostataron de la alianza santa, emparentaron con los paganos y se vendieron para hacer el mal. El rey Antíoco decretó la unidad nacional para todos los súbditos de su imperio, obligando a cada uno a abandonar su legislación particular. Todas las naciones acataron la orden del rey, e incluso muchos israelitas adoptaron la religión oficial: ofrecieron sacrificios a los ídolos y profanaron el Sábado. El día quince del mes de Casleu del año ciento cuarenta y cinco, el rey mandó poner sobre el altar un ara sacrílega, y fueron poniendo aras por todas las poblaciones judías del contorno; quemaban incienso ante las puertas de las casas y en las plazas; los libros de la Ley que encontraban, los rasgaban y echaban al fuego, al que le encontraban en casa un libro de la alianza y al que vivía de acuerdo con la Ley, lo ajusticiaban, según el decreto real. Pero hubo muchos israelitas que resistieron, haciendo el firme propósito de no comer alimentos impuros; prefirieron la muerte antes que contaminarse con aquellos alimentos y profanar la alianza santa. Y murieron. Una cólera terrible se abatió sobre Israel.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Una de las cosas de las que nos tenemos que convencer los cristianos, es decir, el Pueblo de Dios, es que nuestra vida en muchos sentidos irá en contra de la corriente del mundo. Este pasaje del Antiguo Testamento nos muestra que incluso para ellos esto no fue diferente. Su vida y sus costumbres nunca fueron de acuerdo al mundo que no conocía a Dios. Esto lógicamente, como lo vemos en esta lectura, los llevó a tener serios problemas con quienes los gobernaban, llegando incluso a dar la misma vida con el fin de mantener la fidelidad a la Alianza. En nuestro mundo moderno es fácil que ocurran cosas semejantes: dejarse arrastrar por los criterios del mundo y dejar de lado el camino del Evangelio. Es triste encontrarnos en nuestros centros de trabajo personas que se confiesan como cristianos, a quienes hemos visto el domingo en Misa y que ahora, con su manera de obrar, de pensar y de hablar, ocultan la realidad que han vivido. Con esto piensan que serán más aceptados por su medio, que quedarán bien con sus superiores, en fin, que como pensaban los israelitas, les iría mejor. La realidad será totalmente contraria. No es fácil ser buen cristiano, nunca lo ha sido. Tomemos la resolución, como lo hicieron algunos de los israelitas, de permanecer firmes y fieles a la vida evangélica. Y recordemos que Dios nunca nos presentará una prueba que sobrepase nuestras fuerzas.
Salmo 118, 53. 61. 134. 150. 155. 158.
R/. Dame vida, Señor, para que observe tus decretos.
Sentí indignación ante los malvados,
que abandonan tu voluntad. R/.
Los lazos de los malvados me envuelven,
pero no olvido tu voluntad. R/.
Líbrame de la opresión de los hombres,
y guardaré tus decretos. R/.
Ya se acercan mis inicuos perseguidores,
están lejos de tu voluntad. R/.
La justicia está lejos de los malvados
que no buscan tus leyes. R/.
Viendo a los renegados, sentía asco,
porque no guardan tus mandatos. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 18, 35-43.
En aquel tiempo, cuando Jesús se acercaba a Jericó, un ciego estaba sentado a un lado del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello, y le explicaron que era Jesús el nazareno, que iba de camino. Entonces él comenzó a gritar: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban adelante lo regañaban para que se callara, pero él se puso a gritar más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»Entonces Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» Él le contestó: «Señor, que vea». Jesús le dijo: «Recobra la vista; tu fe te ha curado».Enseguida el ciego recobró la vista y lo siguió, bendiciendo a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
Este pasaje del ciego que Jesús encuentra en el camino es uno de mis favoritos por dos razones: la tenacidad y la perseverancia del ciego, y la compasión y la misericordia de mi Señor Jesús. Los invito a hacer un poco de silencio, a cerrar los ojos, a ponernos con las manos en oración y adentrarse en su corazón para hablar de corazón a corazón con Jesús.
“Señor, yo al igual que el ciego, pierdo la vista con facilidad, se me nubla el mundo de la fe por tanto smog: las preocupaciones, el correr del día, la superficialidad, el mundo, y de pronto me encuentro totalmente en la oscuridad.
No logro ver tu presencia en la naturaleza, en la creación, en el rostro inocente de un niño, en el descubrir del adolescente, en la fogosidad del joven, en la madurez del adulto, en la sabiduría del anciano.
No logro ver tu presencia constante en el existir de mi vida, escucho tu voz a lo lejos igual que el ciego, no te veo, pero desde el fondo de mi corazón, grito con igual fuerza que el ciego: ‘Señor, que vea’, que vea; cada vez más, Señor, que vea. Señor, que vea tu grandeza, tu amor, tu misericordia; Señor, que vea.
Déjame escuchar aquellas palabras que aclaran mi vista: ‘Ve, tu fe te ha salvado’. Y si tengo alguna ceguera física, Señor, que logre ver con el sentido del oído, que logre ver con el sentido del tacto; que logre ver, Señor, tu presencia en mi vida, con todas aquellas personas que me rodean, que logre ver con los ojos del alma, que logre ver con los ojos del corazón”.
Hoy, caminar con los ojos bien abiertos, repitiendo: ‘Señor, que vea tu presencia hoy en mi día’.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Conozcamos al santo de hoy, Santa Isabel de Hungría con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
Recemos juntos el Santo Rosario, con el P. José Arturo López Cornejo de México.
Hoy contemplamos los Misterios Gozosos.
