Santa Misa, Liturgia de la Palabra y Santo Rosario de hoy Sábado de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario 15112025

 

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Viramontes, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Sábado de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario.

 

Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

Lectura del libro de la Sabiduría 18, 14-16; 19, 6-9.

 

Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu palabra todopoderosa se abalanzó, como paladín inexorable, desde el trono real de los cielos al país condenado; llevaba la espada afilada de tu orden terminante; se detuvo y lo llenó todo de muerte; pisaba la tierra y tocaba el cielo. Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes, cambió radicalmente de naturaleza, para guardar incólumes a tus hijos. Se vio la nube dando sombra al campamento, la tierra firme emergiendo donde había antes agua, el mar Rojo convertido en camino practicable y el violento oleaje hecho una vega verde; por allí pasaron, en formación compacta, los que iban protegidos por tu mano, presenciando prodigios asombrosos. Retozaban como potros y triscaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Salmo 104, 2-3. 36-37. 42-43

 

R/. Recordad las maravillas que hizo el Señor

 

Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas;
gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor. R/.

Hirió de muerte a los primogénitos del país,
primicias de su virilidad.
Sacó a su pueblo cargado de oro y plata,
y entre sus tribus nadie tropezaba. R/.

Porque se acordaba de la palabra sagrada
que había dado a su siervo Abrahán,
sacó a su pueblo con alegría,
a sus escogidos con gritos de triunfo. R/.

 

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 18, 1-8.

 

En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola: «En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’ .Por mucho tiempo el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda voy a hacerle justicia para que no me siga molestando'». Dicho esto, Jesús comentó: «Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la tierra?»

Palabra de El Señor.

Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.

 

Reflexión

 

¿Creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche? Esta parábola nos muestra, por un lado, la necesidad que tiene el hombre de Dios y, por el otro, la respuesta que Dios siempre da a quien se reconoce necesitado y pide la acción divina. Es decir, que Cristo nos promete que nuestra oración siempre es escuchada cuando perseveramos en ella.

Esto no significa que Dios va a hacer exactamente lo que le pedimos, significa que va a hacernos justicia; es decir, que siempre escucha y que va a actuar en nuestra vida, que va a irrumpir con su gracia y bendición para proveer lo que necesitamos y que, en ocasiones, sí, podrá coincidir también con lo que pidamos.

La oración consiste en elevar la mente y el alma hacia Dios, movidos por la reverencia (que es el respetuoso reconocimiento de su grandeza) y movidos también por el amor, ya sea éste sensible o no. Pero la oración es más necesaria para nosotros que para Dios, de hecho, Él no necesita de ella.

Con la oración insistente, no le damos a conocer a Dios algo desconocido a su infinita sabiduría, ni logramos que se alteren los designios de su voluntad, sino que nosotros necesitamos orar para reconocer nuestra pequeñez y su grandeza, para convencernos de nuestra dependencia y de la necesidad de su auxilio; al ser constantes en la oración, Él concederá todo lo que ha dispuesto concedernos, por el mérito de nuestras plegarias. Es decir, que porque Él siempre respeta nuestra libertad, la oración abre como un puerto de comunicación y le va permitiendo obrar a Dios en nuestra vida y derramar las gracias que siempre ha querido derramar sobre nosotros.

Con todo, yo sé que no siempre es fácil orar, que muchas veces queremos y no lo logramos o que a veces no queremos, aunque lo necesitamos y esto forma parte de la vida cristiana, porque en este mundo estamos aprendiendo a amar, a amar a Dios y a vivir en comunión con Él, y si no nos rendimos, esta lucha alcanzará muchas gracias para nosotros, para los que amamos y para el mundo entero.

Por esto, hoy te quiero invitar con Cristo, a buscar siempre la oración diaria: a buscar al Señor en el Sagrario, la Palabra, la naturaleza o en lo profundo de tu corazón; a hablar con Él, ya sea con oraciones institucionales hechas por la Iglesia, o a través de un diálogo de corazón a corazón; en la intimidad de tu habitación, la terraza, la azotea o mientras te diriges al trabajo, la escuela o a ver a la novia, el novio o a un amigo; pero platica con Él. Dile lo que sientes, lo que piensas, necesitas, te alegra o te duele. Dale tiempo para hablar y date tiempo para escuchar porque siempre responde y no dejes que el ruido del mundo te distraiga o te aleje de Él.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo . En colaboración con Evangelización Activa.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.

Pbro. Ernesto María Caro.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

 

 

Conozcamos al santo de hoy, San Alberto Magno con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.

 

Recemos juntos el Santo Rosario, con el P. José Arturo López Cornejo desde México.

 

Hoy contemplamos los Misterios Gozosos.

 

 

Vea y descargue la Hoja dominical de la Arquidiócesis de Guayaquil para el 16-11-2025

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *