Imagen de Santa Cecilia, la patrona de la música por error – Vatican.news
Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Viramontes, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Sábado de la XXXIII Semana del Tiempo Ordinario.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del primer libro de los Macabeos 6, 1-13.
En aquellos días, el rey Antíoco recorría las provincias del norte, cuando se enteró de que en Persia había una ciudad llamada Elimaida, famosa por su riqueza en plata y oro, con un templo lleno de tesoros: escudos dorados, lorigas y armas dejadas allí por Alejandro, el de Filipo, rey de Macedonia, que había sido el primer rey de Grecia. Antíoco fue allá e intentó apoderarse de la ciudad y saquearla; pero no pudo, porque los de la ciudad, dándose cuenta de lo que pretendía, salieron a atacarle. Antíoco tuvo que huir, y emprendió el viaje de vuelta a Babilonia, apesadumbrado. Entonces llegó a Persia un mensajero, con la noticia de que la expedición militar contra Judá había fracasado: Lisias, que había ido como caudillo de un ejército poderoso, había huido ante el enemigo; los judíos, sintiéndose fuertes con las armas y pertrechos, y el enorme botín de los campamentos saqueados, habían derribado el arca sacrílega construida sobre el altar de Jerusalén, habían levantado en torno al santuario una muralla alta como la de antes, y lo mismo en Betsur, ciudad que pertenecía al rey. Al oír este informe, el rey se asustó y se impresionó de tal forma que cayó en cama con una gran depresión, porque no le habían salido las cosas como quería. Allí pasó muchos días, cada vez más deprimido.
Pensó que se moría, llamó a todos sus grandes y les dijo: «El sueño ha huido de mis ojos; me siento abrumado de pena y me digo: «¡A qué tribulación he llegado, en qué violento oleaje estoy metido, yo, feliz y querido cuando era poderoso!» Pero ahora me viene a la memoria el daño que hice en Jerusalén, robando el ajuar de plata y oro que había allí, y enviando gente que exterminase a los habitantes de Judá, sin motivo. Reconozco que por eso me han venido estas desgracias. Ya veis, muero de tristeza en tierra extranjera.»
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Salmo 9, 2-4. 6. 16. 19
R/. Gozaré, Señor, de tu salvación
Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo. R/.
Porque mis enemigos retrocedieron,
cayeron y perecieron ante tu rostro.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido. R/.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron.
Él no olvida jamás al pobre,
ni la esperanza del humilde perecerá. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 20, 27-40.
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tiene un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?» Jesús les dijo: «En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado. Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven». Entonces, unos escribas le dijeron: «Maestro, has hablado bien». Y a partir de ese momento ya no se atrevieron a preguntarle nada.
Palabra de El Señor.
Te alabamos Señor.
Reflexión
Los saduceos niegan la resurrección de los muertos. ¿Y tú? Y es que resucitar literalmente implica que al final de los tiempos nuestras almas recobrarán la carne, recuperaremos nuestros cuerpos, aunque en una condición glorificada, es decir, no limitada por el tiempo y el espacio, tal como el mismo Jesús lo ha experimentado después de la muerte.
No se trata de un lenguaje simbólico, poético o meramente espiritual, sino de una verdad revelada por nuestro Señor y custodiada y transmitida por la Iglesia. Es una realidad experimentada ya por el mismo Cristo y atestiguada por cientos de sus discípulos cuando se lo encontraban cara a cara después de haber muerto en la cruz. Realidad verdadera que ha hecho dar la vida a una gran multitud de apóstoles y discípulos desde entonces y hasta los tiempos actuales.
Ahora bien, la resurrección corporal de Cristo instaura la futura resurrección corporal de los hombres. Al vencer la muerte por la fuerza de su divinidad, la humanidad misma ha sido restaurada. Por lo tanto, la muerte material ya no prevalecerá. Porque ser humano significa ser cuerpo y alma, alma y cuerpo. Por eso los evangelistas insisten en que Cristo resucitado no era un fantasma. Por eso Jesús camina con los discípulos, les muestra las llagas y les pide ser tocado. Por eso Jesús les cocina y hasta come con ellos.
Sin embargo, dice el Señor, no todos serán juzgados dignos de la vida futura, sí, seremos juzgados por nuestras obras y por nuestra fe y fidelidad a Cristo y a su Iglesia, no tanto por el número de nuestras caídas o victorias, sino por aceptar o no a Cristo y su doctrina con toda la mente y el corazón, y por la firme determinación o no de querer ser de Él y de su Padre.
Por lo tanto, desde este Evangelio, creo que Dios te pide ordenar el corazón, formar tu mente y ejercitar tu voluntad. Es decir: 1.- Educa tus afectos para no ser esclavo de ellos y para no dejarte llevar por la emocionalidad. 2.- Fórmate en el conocimiento de Cristo y de su enseñanza, custodiada y transmitida fielmente por la Iglesia unida al ministerio Petrino. Y 3.- Entrénate en la capacidad de ser fiel a tus “sís” y a tus “nos” desde lo más ordinario de la vida cotidiana, ponte límites y aprende a respetarlos para que puedas vivir en congruencia con la vida que Cristo vino a traerte. Así tu vida será plena y después de esta vida, tu plenitud será eterna.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo . En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Conozcamos a la santa de hoy, Santa Cecilia de Roma, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés de México.
Escuchemos la “Somos Hijos de la Resurrección» | Homilía, Sta. Cecilia, Virgen y Mártir (22-11-25) | P. Santiago M
Recemos juntos el Santo Rosario con el P. Javier Olivera Ravasi, SE, San Francisco, USA. Canal QNTLC.
Hoy contemplamos los Misterios Gozosos.
