Santa Misa del IV Domingo de Cuaresma «Laetare» presidida por el Pbro. Martín Ávalos desde la parroquia Madre del Salvador, en Santa Ana, El Salvador
Santa Misa del IV Domingo de Cuaresma «Laetare» presidida por el Pbro. José Arturo López Cornejo desde la Comunidad de Viramontes, estado de Guerrero, México
Liturgia de la Palabra del IV Domingo de Cuaresma «Laetare». Domingo, 30 de Marzo de 2.025
Compartido por P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil
Lectura del libro de Josué 5, 9a.-12.
En aquellos días, dijo el Señor a Josué:
– «Hoy os he quitado de encima el oprobio de Egipto.»
Los hijos de Israel acamparon en Guilgal y celebraron allí la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó.
El día siguiente a la Pascua, comieron ya de los productos de la tierra: ese día, panes ácimos y espigas tostadas.
Y desde ese día en que comenzaron a comer de los productos de la tierra, cesó el maná. Los hijos de Israel ya no tuvieron maná, sino que ya aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.
Palabra de Dios
Salmo 33, 2-7
R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloria en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
él lo escucha y lo salvó de sus angustias. R/.
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 17-21.
Hermanos:
Si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo .
Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la
reconciliación.
Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y
ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de
de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
Palabra de Dios
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 15, 1-3. 11-32.
En aquel tiempo, solían acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
– «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
– «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.»
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo,se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
«Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. «
Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, «
Pero el padre dijo a sus criados:
«Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.»
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
«Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.»
El se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
«Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.»
El padre le dijo:
«Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado»».
Palabra del Señor
Reflexión
DIOS RESTAURA Y RECONCILIA
La lectura de Josué nos presenta la nueva etapa del pueblo de Dios. Israel deja atrás la esclavitud de Egipto y empieza una nueva vida en la Tierra Prometida. El maná cesa: ya no es necesario, porque han alcanzado la promesa de Dios: «Los hijos de Israel ya no tuvieron maná, sino que ya aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán». Imagen de la conversión: dejar atrás lo viejo para vivir de la providencia de Dios en plenitud.
El Dios-amor se concreta en el Padre misericordioso, que a través del Hijo sale al encuentro de las «ovejas descarriadas de Israel», y les regala su Espíritu Santo, sin pedirles nada a cambio. Dios nos ofrece el cielo como un don: esto no nos ahorra las pruebas y trabajos, sino que nos da los consuelos suficientes para poder superarlos, y así perseverar en el camino de la salvación.
La alegría del perdón de corazón
El salmo nos muestra la alegría única que proviene del perdón de corazón y la confianza puesta en Dios. Se trata de un salmo de acción de gracias y de alabanza. Dios libra de la angustia a quienes lo buscan: es un canto confiado que reconoce el hecho de que Dios es la fuente del perdón y de la confianza, del amor y la alegría. Un amor que es tan misericordioso como misterioso. Las palabras inspiradas del salmista nos invitan a bendecir al Señor en todo momento: a tiempo y a destiempo. Porque toda nuestra vida es tiempo de oportunidad, y siempre es oportuno darle gracias a Dios por sus dones y asistencia constante. Y pedirle su ayuda eficaz, especialmente cuando más la necesitemos.
La perícopa de la segunda carta de san Pablo a los Corintios se centra en nuestra renovación en Cristo. La idea transmitida es que «somos nuevas criaturas en Cristo». La reconciliación con Dios transforma al hombre: no se trata solo de una transformación externa, sino profundamente interna e íntegra. La Palabra divina fortalece nuestro corazón y da nuevas luces a nuestros sentidos.
Cristo es quien hace posible la restauración total. Su concreta humanidad, su santa humanidad, sirve como un puente universal entre el mundo divino y el mundo humano. No en vano, Jesucristo es «sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec». Estamos llamados a ser embajadores de la paz y de la reconciliación: signos de unidad en medio de las dificultades de la vida.
La paradoja de los hermanos: hijo pródigo vs. «hijo prodigio»
El Evangelio de Lucas nos ofrece la parábola del hijo pródigo. Este relato nos recuerda el amor ilimitado de Dios: el Padre nos acoge, perdona y restituye; reconcilia a todos con todos, y al mundo con Dios mismo. Pero también las exigencias del amor cristiano: la gracia es gratis, pero no barata (cf. Bonhoeffer).
Por un lado, el hijo menor, el hijo pródigo, ha experimentado una fuerte conversión, tras experimentar el vacío derivado del alejamiento de su verdadero hogar. Ahora su único anhelo es «regresar a Ítaca», tras un largo periplo repleto de peligro. Es recibido de un modo inesperado por parte del anfitrión de la casa. Por otro lado, el hijo mayor es como un niño prodigio: dotado de talentos ya desde niño; dones que ha dispuesto fielmente al servicio del Padre. Pero este servicio lo ve como un privilegio, que ha envanecido y endurecido su corazón. Se siente orgulloso de sus logros, así que exige al pater familias recompensa por su trabajo.
Nuestra vida espiritual se compone de dos etapas: fase ascética y fase mística (es una cuestión de acentos, no de compartimentos estancos). Algunos intérpretes del Evangelio han asociado al hijo mayor con la fase ascética, en la cual nuestra voluntad trata de hacer la voluntad del Padre, con no poco esfuerzo. En cambio, el hijo pródigo queda ligado a la vida mística: Dios accediendo al alma, por pura gracia y misericordia. Experimentar el misterio del Dios vivo en nuestro interior es el fundamento de la vida mística. El hijo pródigo experimenta el don de la conversión: abundante paz, liberación interior y una nueva felicidad.
El hijo mayor exigía recompensa por su arduo trabajo junto al Padre, pero el hijo menor recibe la salvación sin merecerlo, desde el punto de vista humano. El Padre tiene misericordia con ambos hijos, pero no trata a los dos por igual. No debe hacerlo: la ascética y la mística caminan juntas, pero no se confunden. Dios tiene sorprendentes formas de actuar. He aquí una paradoja que se nos escapa: la «paradoja de los hermanos».
Atte: Fr. Bernardo Sastre Zamora O.P.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
Hoy Domingo, Día del Señor, Jesús te espera en la Santa Eucaristía.

Ver y descargar: Hoja Dominical de la Arquidiócesis de Guayaquil 30-03-2025
En este día les dejamos este hermoso y nutritivo vídeo para nuestro crecimiento espiritual, Cinco pasos para una buena confesión, con nuestro querido P. José Arturo López Cornejo desde Chilpancingo, México; para que en esta Cuaresma nos preparemos con verdadera contrición para recibir a Jesús en la Santa Eucaristía.
