Santa Misa presidida por el P. José Arturo López Cornejo desde la Comunidad de Acatlán, estado de Guerrero, México
Liturgia de la Palabra del Lunes de la IV Semana de Cuaresma
Pbro. Ernesto María Caro – Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil
Lectura del libro de Isaías 65, 17-21.
Esto dice el Señor:
«Mirad: voy a crear un nuevo cielo y una nueva tierra:
de las cosas pasadas ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.
Regocijaos, alegraos por siempre por lo que voy a crear:
yo creo a Jerusalén “alegría”, y a su pueblo, “júbilo”.
Me alegraré por Jerusalén y me regocijaré con mi pueblo,
ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido; ya no habrá allí niño
que dure pocos días, ni adulto que no colme sus años,
pues será joven quien muera a los cien años, y quien no los alcance se tendrá por maldito.
Construirán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán los frutos».
Palabra de Dios
Te alabamos Señor
Reflexión de la Primera Lectura
Esta semana, después de haber ya trabajado en nuestra vida de conversión por espacio de tres semanas, la liturgia nos invita a reflexionar sobre los frutos de esta conversión.
Inicia presentándonos este pasaje de Isaías, el cual nos dice que el Señor no recordará nuestra vida pasada, es decir, nuestras infidelidades, nuestra falta de amor y compromiso, de haber estado lejos de él. Dios nos ofrece «un cielo nuevo y una tierra nueva», es decir, una nueva vía vivida en su amor y en su paz. Para ello, es necesario que también nosotros nos perdonemos. Es increíble la cantidad de personas que acuden al sacramento de la reconciliación, en donde reciben el perdón de Dios y, con ello, el olvido de sus faltas, pero que apenas salen de ahí y continúan llenas de remordimientos y sin paz.
Esto es porque no se han perdonado a sí mismas, esto es dudar del perdón, del amor y de la misericordia de Dios. Si bien es cierto que el pecado nos lastima y hiere también, lo es más que el amor de Dios todo lo sana y todo lo perdona. Reconoce en ti el amor y el perdón de Dios y disfruta ya en esta tierra de la felicidad de Dios.
Salmo 29, 2. 4-6. 11-12a. 13b.
R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
V/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.
V/. Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R/.
V/. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan 4, 43-54.
En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.
Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: «Si no ven ustedes señales y prodigios, no creen». Pero el funcionario del rey insistió: «Señor, ven antes de que mi muchachito muera». Jesús le contestó: «Vete, tu hijo ya está sano».
Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre». El padre reconoció que a esa hora Jesús le había dicho: ‘Tu hijo ya está sano’, y creyó con todos los de su casa.
Esta fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.
Palabra del Señor
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
Ya en otras ocasiones hemos dicho que no es lo mismo «creer en Jesús» que «creerle a Jesús». Creerle a Jesús implica aceptar su palabra, por ilógica e irracional que ésta pudiera parecer. El padre de este muchacho le «creyó a Jesús» y se encontró con su hijo sano.
Un problema que se extiende en nuestro cristianismo, es la falta de congruencia entre nuestra fe y nuestra vida. Si nosotros preguntamos a nuestro alrededor nos encontraremos, sin mucha sorpresa, que la mayoría son cristianos, es decir, hombres y mujeres que creen en Jesús. Sin embrago, con tristeza nos damos cuenta que algunos o tal vez muchos, dan un testimonio de vida bastante lejano a lo que Jesús nos ha enseñado.
Ser buen cristiano implica creer en Jesús pero también creerle a Jesús y hacer lo que él nos pide en el evangelio, tenerlo como verdadero maestro y Señor de nuestras vidas. ¿Tú eres de los que simplemente cree en Jesús, o de los que han decidido hacer de su Palabra una norma de vida?
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Hoy como regalo de Cuaresma les dejamos la Reflexión del Santo Evangelio de ayer Domingo de la IV de Cuaresma con Monseñor Rafael Escudero López-Brea, Obispo Prelado de Moyobamba, Perú.
