Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Templo del Dulce Nombre de María Pueblo de Topiltepec, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Martes de la XXII Semana del Tiempo Ordinario.
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 5, 1-6. 9-11.
En lo referente al tiempo y a las circunstancias no necesitáis, hermanos, que os escriba. Sabéis perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», entonces, de improviso, les sobrevendrá la ruina, como los dolores de parto a la que está encinta, y no podrán escapar. Pero vosotros, hermanos, no vivís en tinieblas, para que ese día no os sorprenda como un ladrón, porque todos sois hijos de la luz e hijos del día; no lo sois de la noche ni de las tinieblas. Así, pues, no durmamos como los demás, sino estemos vigilantes y despejados.
Porque Dios no nos ha destinado al castigo, sino a obtener la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo; él murió por nosotros para que, despiertos o dormidos, vivamos con él. Por eso, animaos mutuamente y ayudaos unos a otros a crecer, como ya lo hacéis.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
Es común que circulen, sobre todo por la internet, muchos mensajes alarmantes sobre el fin del mundo, que como vemos en esta lectura, no es novedad, pues ya en tiempos de san Pablo ocurría lo mismo. En este pasaje que acabamos de leer podemos ver cómo el apóstol retoma una de las enseñanzas importantes sobre este tema dada por Jesús al respecto: «Estén siempre preparados, pues no saben ni el día ni la hora… Vendrá como un ladrón en medio de la noche». El cristiano, mis amados hermanos, siempre está preparado, pues vive en gracia y no está pensando en cuándo morirá o cuándo será el final de los tiempos, estas son cosas que sólo nos distraen de nuestras obligaciones diarias, especialmente de la construcción del Reino. Los únicos que viven angustiados son los necios, los que les gusta jugar con fuego y van dejando pasar el tiempo sin confesarse, sin ponerse en paz con Dios, sin llevar una vida ordenada conforme al Evangelio. Esos tales, viven en la oscuridad y no en el día, y si llegan a morir en ese estado, para ellos habrá sido el final de los tiempos y tendrán que enfrentar su necedad que puede constarles la eternidad gloriosa. No seamos así nosotros. Busquemos siempre vivir en gracia. Esto hace que nuestra vida esté siempre llena de la paz de Dios y además tendremos en nosotros la luz del Espíritu, su amor y su gracia para vivir en plenitud esta vida y estaremos listos para cuando el Señor nos llame a su casa a vivir eternamente con él. Vive, pues, siempre en gracia.
Salmo 26, 1. 4. 13-14
R/. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.
Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 4, 31-37.
En aquel tiempo, Jesús fue a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Todos estaban asombrados de sus enseñanzas, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo y se puso a gritar muy fuerte: «¡Déjanos! ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé que tú eres el Santo de Dios». Pero Jesús le ordenó: «Cállate y sal de ese hombre». Entonces el demonio tiró al hombre por tierra, en medio de la gente, y salió de él sin hacerle daño. Todos se espantaron y se decían unos a otros: «¿Qué tendrá su palabra? Porque da órdenes con autoridad y fuerza a los espíritus inmundos y estos se salen». Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
El pasaje del Evangelio de hoy se sitúa en Cafarnaúm. Jesús había estado en Nazaret, donde lo rechazaron y hasta lo amenazaron de muerte. En Cafarnaúm, Jesús encuentra un lugar más tranquilo y amigable para continuar con su misión; ahí aprovecha para predicar en la sinagoga del pueblo. Cada sábado en la sinagoga, se invitaba a los ancianos o a las personas más preparadas a predicar sobre las enseñanzas de las Escrituras.
Cuando Jesús toma la palabra, se nota algo diferente. La gente se asombra porque veía que enseñaba con autoridad. Es tan evidente la diferencia que incluso el demonio lo reconoce. Pero ¿Qué significaba esto? ¿Qué era lo que hacía Jesús de diferente? Algo esencial que nosotros debemos aprender. Sus palabras demostraban autoridad porque enseñaban con el ejemplo. Jesús predicaba sobre el amor amando, sobre el perdón perdonando, sobre el servicio sirviendo. Jesús aplicaba las palabras en todas las actividades y acciones de cada día. Demostraba autoridad porque lo que decía lo cumplía. La Palabra no es una colección de textos históricos que sirven solo para leerse y recordarse y hacer referencia a algo pasado, sino que debe ser algo para aplicarse, es algo actual; es vivo y eficaz. Esto es lo que la convierte en algo de valor. La Palabra debe ser el instructivo para la vida, a la cual debemos ser asiduos y también tenemos que ser obedientes. Tenemos que darle respeto dentro y fuera de la Liturgia. Aplicarla a la vida diaria, conocerla profundamente para que se haga autoridad en nuestra vida. La misma Palabra tiene también poder para que los demonios reconozcan su divinidad y huyan, liberándonos de la esclavitud. Jesús tiene poder en su Palabra para ser autoridad de nuestras vidas y para liberarnos de la esclavitud del pecado. Nosotros debemos reconocerlo y hacer de su Palabra un escudo y la espada para enfrentar la batalla, librarnos de las tentaciones y alejarnos del enemigo y darle el poder para transformar nuestras vidas. Procura que la Palabra de Dios esté presente diariamente como una herramienta para tu vida espiritual y aplícala con acciones concretas. Cuando sientas miedo, duda o veas cerca la tentación que te presenta el enemigo, acude también a la Palabra de Dios porque tiene poder para vencerlo. No debemos temer al enemigo porque la autoridad de Cristo es infinitamente superior a él. Demos testimonio de la autoridad y el poder que Jesús tiene en nuestra vida. Esta es la mejor manera de que su fama se extienda por todo lugar. Y que los demás también lo conozcan
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Conozcamos al santo desconocido de hoy, Beato Bartolomé Gutiérrez, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
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