Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Acatlán, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Sábado de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario
Tomado de: Pan de la Palabra – San Pablo.co
PRIMERA LECTURA
Del libro del Deuteronomio 6, 4-13
Moisés dijo al pueblo: “Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales.
Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra que había de darte, según juró a tus padres, Abrahán, Isaac y Jacob, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, y comas hasta saciarte, guárdate de olvidar al Señor que te sacó de Egipto, de la casa de esclavitud. Al Señor, tu Dios, temerás, a Él servirás y en su nombre jurarás”.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 17
R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza; Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.
Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte. Invoco al Señor de mi alabanza y quedo libre de mis enemigos. R/.
Viva el Señor, bendita sea mi Roca, sea ensalzado mi Dios y Salvador. Tú diste gran victoria a tu rey, tuviste misericordia de tu ungido. R/.
SANTO EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Mateo 17, 14-20
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un hombre que, de rodillas, le dijo: “Señor, ten compasión de mi hijo que es lunático y sufre mucho: muchas veces se cae en el fuego o en el agua. Se lo he traído a tus discípulos y no han sido capaces de curarlo”. Jesús tomó la palabra y dijo: “¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes, hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo”.
Jesús increpó al demonio y salió; en aquel momento se curó el niño. Los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron aparte: “¿Y por qué no pudimos echarlo nosotros?”. Les contestó: “Por su poca fe. En verdad les digo que, si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a aquel monte: ‘Trasládate desde ahí hasta aquí’, y se trasladaría. Nada les sería imposible”.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión
Con el Pbro. Ernesto Maria Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
¿Por qué nosotros no pudimos echar fuera ese demonio? Es una buena pregunta hecha por los discípulos y asimismo, es una buena pregunta que debemos hacernos a nosotros mismos, porque también nosotros estamos en guerra contra el demonio, contra la influencia de la lógica y las dinámicas del mundo sin Dios y contra nuestras propias inclinaciones al bienestar, al placer y a evitar todo lo que nos desagrada.
En efecto, como bien indica san Pablo en su carta a los Efesios, nuestra lucha verdadera no es contra hombres de carne y hueso o carne y sangre porque no hemos venido al mundo para conquistar los puestos más altos en la política o para aprender a hablar muchos idiomas; no nacimos para llegar a ser directores generales de una empresa o viajar por el mundo o ser ganadores de premios deportivos, artísticos o académicos, y ni siquiera para poder tener un trabajo estable o una familia o una casa o salud, ni para coleccionar experiencias o likes en el Facebook o Instagram. ¡No!
Hemos sido creados para conocer a Jesús, para descubrir la inmensidad de su amor y bondad, y para acoger su persona y su Palabra en nuestra vida, para aprender a amar al estilo de Cristo, darlo a conocer a los demás, construir con Él el reino en la tierra y disponernos a una eternidad con Dios en la plenitud del amor.
Pero tendemos a distraernos, a perdernos en cosas buenas, pero no absolutas o en cosas malas, y que, poco a poco, van hiriendo nuestra humanidad. Tendemos a confundir lo esencial con lo superfluo o secundario, y a focalizarnos solo en lo urgente o en lo que el mundo sutilmente nos propone como lo más valioso; tendemos a tener metas cortas, como el tener esto o aquello; o sentir ciertos placeres distractores en un tiempo cercano, o a tener poder sobre otros.
Y entonces caemos en el pecado y hasta en la idolatría. A veces nos hemos dejado levantar por Cristo, pero volvemos a caer y, en ocasiones, pactamos con nuestras debilidades, porque no queremos dejar las recompensas pasajeras que nos proveen nuestras caídas, porque en ciertos aspectos de mi vida, lo que me pide mi Creador y Redentor, simplemente no me interesa; haciendo un credo a mi manera, que endiosa mis criterios y me aleja de los de Dios en ciertas áreas de mi vida.
Por eso, el Señor también hoy nos dice a nosotros, los discípulos del tercer milenio, “¿Hasta cuándo estaré con esta gente incrédula y perversa? ¿Hasta cuándo tendré que aguantarla?” Son palabras duras, es cierto, pero que brotan del corazón amoroso de Cristo. Repasa tu vida y enumera si puedes, las incontables bendiciones con las que Dios te ha bendecido a lo largo de tu vida.
Repasa las veces en las que Él te ha rescatado del demonio, de la herida, de la soledad, de tu pecado. Y aun así, sigues sin ver que, solo Él es quien tiene poder para darte vida, para hacerte feliz, para rescatarte de las garras del maligno; que solo Cristo puede sanarte y darte la plenitud.
El único camino a seguir es fortalecer tu relación con Cristo desde la verdad de quien es Él, que no es tu amigo o cómplice que te solapa o incita, sino tu amigo que te ha revelado la verdad de tu persona, del hombre, de la mujer, del ser humano; porque busca siempre tu bien, y por eso es también el Maestro de la verdadera humanidad, el prototipo de todo ser humano. Él es el Verbo, el Hijo de Dios, el Dios con nosotros… contigo.
Por eso, con la plena conciencia de tu incapacidad para vencer el demonio y vencer a tu pecado, el único camino de salvación es el de aquel hombre del Evangelio que se puso de rodillas ante Jesús y le rogó que tuviera compasión. Recuerda que hay una clase de demonios que solamente pueden ser expulsados con ayuno y oración.
No tengas miedo. ¿Y qué importa si te duelen las rodillas? Arrodíllate tú también ante Cristo, pídele que intervenga, que tenga compasión de ti, que te libere a ti y a los tuyos del poder del demonio. Pídele que aumente tu fe.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Abrele tu corazón. Cómo Maria, todo por Jesús y para Jesús.

Conozcamos a la santa de hoy, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, conocida como Edith Stein, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
Edith Stein, La vida de los santos.
Homilía de hoy con Monseñor José Ignacio Munilla Aguirre, Obispo de Orihuela-Alicante, España.
Película de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein.
Ver y descargar la Hoja dominical de la Arquidiócesis de Guayaquil 10-08-2025
