Santo Domingo de Guzmán – Santa Misa y Liturgia de la Palabra de hoy Viernes de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario 08082025

Imagen de Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Congregación de los Dominicos. Tomada de Radio Estrella del Mar de Nicaragua

 

Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Acatlán, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Viernes de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario

 

Con: Pan de la Palabra – San Pablo.ec y el Pbro. Ernesto María Caro, compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

PRIMERA LECTURA

 

Del libro del Deuteronomio 4, 32-40

 

En aquellos días, habló Moisés al pueblo y le dijo: “Pregunta a los tiempos pasados, investiga desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra. ¿Hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, una cosa tan grande como esta? ¿Se oyó algo semejante? ¿Qué pueblo ha oído, sin perecer, que Dios le hable desde el fuego, como tú lo has oído? ¿Hubo algún dios que haya ido a buscarse un pueblo en medio de otro pueblo, a fuerza de pruebas, de milagros y de guerras, con mano fuerte y brazo poderoso? ¿Hubo acaso hechos tan grandes como los que, ante sus propios ojos, hizo por ustedes en Egipto el Señor su Dios? A ti se te ha concedido ver todo esto, para que reconozcas que el Señor es Dios y que no hay otro fuera de Él.

Desde el cielo hizo resonar su voz para enseñarte; en la tierra te mostró aquel gran fuego y oíste sus palabras que salían del fuego. Él amó a tus padres y después eligió a sus descendientes. Con su gran poder, en persona, te sacó de Egipto. Desposeyó ante ti a pueblos más grandes y fuertes que tú. Te hizo entrar en su tierra y te la dio en herencia, como puedes comprobarlo. Reconoce, pues, y graba hoy en tu corazón que el Señor es el Dios del cielo y de la tierra y que no hay otro. Cumple sus leyes y mandamientos, que yo te prescribo hoy, para que seas feliz tú y tu descendencia, y para que vivas muchos años en la tierra que el Señor, tu Dios, te da para siempre”.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Reflexión de la Primera Lectura

 

La fe del pueblo judío, como la cristiana, tienen una nota característica ausente en las demás religiones: la profesión de fe en la participación de Dios dentro la historia humana. Nosotros no hablamos de mitos, de hechos supratemporales o supraterrenales, hablamos de hechos históricos, de la participación activa de Dios en la historia de la humanidad, que comienza con la creación misma. Pero, para la fe del pueblo judío, su historia como pueblo, comienza con la liberación del país de Egipto. Dios ha liberado a su pueblo de la opresión, para que viva en el servicio al Dios que le ha rescatado y hecho su propio pueblo.

Salir de Egipto, tiene en la mente de Dios una finalidad: establecer la alianza con Israel; el pueblo es invitado a establecer un pacto de amistad y amor con Dios. Esta alianza es el resultado de la primera acción salvadora divina: la liberación de Israel de la esclavitud; ahora el pueblo, ha de vivir en obediencia a quien le ha consagrado como pueblo de su propiedad.

En Jesús, la iglesia y la humanidad, hemos sido llamados a la liberación definitiva; también profesamos la fe en un acto histórico salvador: la alianza establecida por la muerte y resurrección de Jesús y por este hecho, hemos sido hechos no pueblo de Dios, sino familia suya, porque por medio de Jesús, hemos sido constituidos en hijos del Padre.

 

SALMO RESPONSORIAL

 

Salmo 76

 

R. Recordaré los prodigios del Señor.

Recuerdo los prodigios del Señor, / recuerdo tus antiguos portentos, / medito todas tus obras / y considero tus maravillas. R/.

Dios mío, tus designios son santos. / ¿Qué dios es tan grande como nuestro Dios? / Tú, Dios nuestro, hiciste maravillas / y les mostraste tu poder a los pueblos. R/.

Con tu brazo rescataste a tu pueblo, / a los hijos de Jacob y de José. / Condujiste a tu pueblo como a un rebaño, / por medio de Moisés y de Aarón. R/.

 

SANTO EVANGELIO

 

Del santo Evangelio según san Mateo 16, 24-28

 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces dará a cada uno lo que merecen sus obras. Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán, sin haber visto primero llegar al Hijo del hombre como rey”.

Palabra de El Señor.

Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Evangelio

 

En la primera parte de esta escena del Evangelio, Jesús anuncia su muerte; los discípulos no lo aceptan y no lo entienden, incluso el mismo Pedro, lo lleva aparte para tratar de convencerlo de que eso no le podía pasar. Cosa que será inútil porque Jesús tenía clara su misión y su objetivo. La pregunta contundente de Jesús para nosotros es: ¿Quieres ser mi discípulo?

Si es así, entonces tienes que seguir mis pasos. ¿Y cuál es el reto? Negarse a sí mismo y tomar la cruz. Esto en primer lugar, significa que debemos saber que no somos dueños de nosotros mismos. Dios tiene el control de nuestras vidas. Nos pasamos la vida planeando y haciendo cosas en busca de nuestros propios deseos y satisfacción. Muchas veces buscando una vida de comodidad, buscando el reconocimiento de los demás.

Y, no es que esto sea del todo mal; el tema es saber si esto se alinea a lo que Dios quiere de nosotros y que no afecte la vida de los demás. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si pierde su vida? Y ¿Qué pasa cuando las cosas no suceden como nosotros las planeamos? Nos frustramos y nos enojamos. No solo no nos negamos a nosotros mismos, sino que además renegamos de Dios. Debemos saber que Dios tiene el control de nuestras vidas y poner, en primer lugar, el deseo de hacer todo para su gloria y que hay que tomar la cruz.

Hay que estar conscientes que la vida, en ocasiones, nos pondrá enfrente situaciones de dolor, en las que debemos estar dispuestos al sacrificio y al sufrimiento como parte de un proceso de purificación. Morir a nuestros deseos o a nuestra propia comodidad cuando debemos de ayudar a alguien necesitado, saber que la muerte a nuestros propios deseos produce vida en la vida de nuestro prójimo.

¿Qué debemos de hacer? Revisa tus actividades y prioridades, y pregúntate: ¿Estoy persiguiendo cosas temporales, éxito, comodidad, reconocimiento o verdaderamente podría decir que estoy invirtiendo en las cosas del reino? Ajusta tus metas diarias para que te puedas aplicar en tu vida espiritual. Pide a Dios que te muestre las cosas en las que puedes poner en práctica el negarte a ti mismo con pequeños detalles, con pequeñas cosas.

Por ejemplo, dar un servicio en tu comunidad, en tu parroquia, en tu empresa, durante ese tiempo libre que tienes, o hablar con alguien que necesita de tu compañía, en lugar de descansar o en lugar de ponerte a hacer alguna otra actividad de manera individual. Háblale a Jesús de tus miedos y preocupaciones para el momento en el que debas tomar la cruz, que Él te dé la fuerza que necesitas para los momentos de sufrimiento. Y recuerda su promesa: «El que pierda su vida por mí, la encontrará.»
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: Juan Lara miembro de Vivir en Cristo

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

 

Reflexión del Santo Evangelio de hoy con el P. Santiago Martín, fundador de la Congregación Franciscanos de María, España

 

 

Conozcamos al santo de hoy, santo Domingo de Guzmán, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.

 

 

Santo Domingo de Guzmán, maestro de la predicación, La Vida de los santos.

 

 

Ver y descargar la Hoja dominical de la Arquidiócesis de Guayaquil 10-08-2025

 

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