Santa Misa y Liturgia de La Palabra del Martes de la III Semana de Pascua 21042026

Imagen: El sermón junto al agua. Theios Parrhesía.

 

 

Santa Misa presidida por el  Presbítero Martín Ávalos Magaña, desde la parroquia Madre de El Salvador, ciudad de Santa Ana, El Salvador.

 

 

Santa Misa presidida por el  Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el pueblo de La Mojonera, estado de Guerrero, México.

 

 

Liturgia de la Palabra del Martes de la III Semana de Pascua.

 

Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»

 

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 7, 51–8,1a.

 

En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la ley por mediación de ángeles y no la habéis observado».
Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia. Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y, con estas palabras, murió.
Saulo aprobaba su ejecución.

Palabra de Dios.

Te alabamos Señor.

 

Reflexión de la primera lectura

 

Duras pero ciertas las palabras de San Esteban dirigidas a todos nosotros: «Hombres de cabeza dura, cerrados de corazón y de oídos. Ustedes resisten siempre al Espíritu Santo». Y es que la verdad, pensemos, ¿Cuántas veces hemos tenido la oportunidad de crecer más en el amor de Jesús, de asistir a un retiro? ¿Cuántas veces por pereza o por darle prioridad a otras actividades hemos faltado a misa? ¿Cuántas veces, pudiendo hacer la caridad, un favor, un servicio no lo hemos hecho? ¿Cuántas veces hemos preferido ver la televisión en lugar de atender a nuestros hijos, hermanos o a nuestros padres? O ¿Cuántas veces hemos dejado la oración por alguna otra actividad? En esta Pascua, Jesús nos ofrece de nuevo la posibilidad de abrirle totalmente nuestro corazón y dejar que sea el Espíritu Santo quien dirija nuestra vida; nos hace de nuevo la invitación para que tomemos el Evangelio como norma de nuestro diario obrar y para que hagamos de la caridad un estilo de vida.

 

Salmo 30

 

R/. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

 

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R/.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás.
Yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R/.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R/.

 

Lectura del Santo Evangelio según san Juan 6, 30-35.

 

En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: «¿Qué señal vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo».

Jesús les respondió: «Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo».

Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Jesús les contestó: «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed».

Palabra de El Señor.

Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Santo Evangelio

 

Alégrate, porque Jesús está vivo. La gente recién acababa de presenciar el milagro de los panes y en lugar de confiar y creer, se pone exigente con Jesús. Le sacan el tema del maná en el desierto, como diciendo: ‘a ver, danos algo igual de impresionante para que te creamos’.

Y es que la insatisfacción humana no tiene límites. Siempre estamos queriendo una señal más o algo extra para sentirnos seguros, pero Jesús pone las cosas bien claras: ‘No fue Moisés quien dio el pan, fue el Padre’. Y ese maná solo les quitó el hambre un rato.

Esto se parece a todas las cosas que a veces estamos buscando, siempre dinero, los likes en las redes sociales, el éxito o el consumismo, son como ese pan del Antiguo Testamento: nos sirven hoy, pero en muy poco tiempo despertamos con el mismo vacío, con la misma hambre que no logramos saciar.

Jesús explica que el verdadero pan de Dios es el que baja del cielo y que da la vida al mundo. Y cuando ellos todavía están pensando en el estómago, le dicen: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. Y Jesús lo aclara: ‘Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí no tendrá sed jamás’.

¿Qué es lo que tú y yo debemos aprender para nuestra vida? Que todavía a veces andamos buscando la solución en lugares equivocados. La paz que dura, esa que no se te quita cuando el día se pone difícil, no viene de los bienes materiales, sino de nuestra relación con Jesús.

Él no nos ofrece un producto de consumo, Él se ofrece a sí mismo como el sentido para todo lo que hacemos. La clave es dejar de estar persiguiendo las cosas que solo quitan el hambre un rato. Hay que aprender a buscar a Jesús, no solo por los milagros que puede hacer, sino por quién es Él.

Cuando dejas que Él sea tu pan de vida, ese hueco que a veces sentimos, empieza a llenarse con algo que el mundo no nos puede dar ni quitar. Y ese pan se encuentra en una espiritualidad sólida, basada en una relación íntima con Él por medio de la Oración, de la lectura de su Palabra y principalmente de la participación en la Sagrada Eucaristía, vivida en la medida de tus posibilidades de manera diaria.

Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.

Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.

Pbro. Ernesto María Caro.

Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

 

 

Homilía de hoy con Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante, España.

 

 

Homilía de hoy con el P. Javier Carralón, Sacerdote del Instituto Secular Stabat Mater, Guadalajara, Jalisco, México.

 

 

Homilía de hoy con el P. Martín Ávalos Magaña, desde la parroquia Madre de El Salvador, ciudad de Santa Ana, El Salvador.

 

 

Homilía de hoy con el P. Santiago Martín, desde Madrid – España, Franciscanos de María, Magnificat TV.

 

 

Durante la Pascua hasta el día de Pentecostés rezaremos la oración «Regina Caeli» en vez del Ángelus .

 

 

ESPAÑOL

G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.
T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.

G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.
T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.

G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.

Oremos:
Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen. (tres veces)

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LATÍN

V: Regina caeli, laetare, alleluia.
R: Quia quem meruisti portare, alleluia.

V: Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
R: Ora pro nobis Deum, alleluia.

V: Gaude et laetare Virgo María, alleluia.
R: Quia surrexit Dominus vere, alleluia.

Oremus:
Deus, qui per resurrectionem Filii tui, Domini nostri Iesu Christi, mundum laetificare dignatus es: praesta, quaesumus; ut, per eius Genetricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.

Gloria Patri, et Fili, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc et semper, et in saeccula saeculorum. Amen. (3 veces)

Benedicto XIV estableció, en 1742, que durante el tiempo Pascual (desde la Resurrección del Señor hasta el día de Pentecostés) se sustituyera el rezo del Ángelus por la antífona «Regina Coeli».

 

Reflexión: Práctica de la paz interior – desearla serenamente, con el P. José Gabriel Ansaldi, (OSE), desde Paján, Ecuador.

 

 

Conozcamos al santo de hoy, san Anselmo, con los canales P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México y Despertar con Dios.

 

 

Recemos juntos el Santo Rosario en latín con el  Proyecto Dominus Tecum

 

Hoy contemplamos los Misterios Dolorosos.

 

 

Ver también: Santa Misa y Liturgia de La Palabra del Lunes de la III Semana de Pascua 20042026

 

Les obsequiamos un especial de Pascua de Resurrección: El Santo Rosario: un camino sencillo para encontrarse con Dios, incluye el Santo Rosario en latín y español – Theios Parrhesía para ver y descargar.

 

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