Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el Pueblo de Pochauixco, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Jueves de la XXIX Semana del Tiempo Ordinario.
Con el Pbro. Ernesto María Caro. Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 6, 19-23.
Uso un lenguaje corriente, adaptándome a vuestra debilidad, propia de hombres; quiero decir esto: si antes cedisteis vuestros miembros como esclavos a la inmoralidad y al desorden, para el desorden total, ponedlos ahora al servicio de la justicia para vuestra santificación. Cuando erais esclavos del pecado, la justicia no os gobernaba. ¿Qué frutos dabais entonces? Frutos de los que ahora os avergonzáis, porque acaban en la muerte. Ahora, en cambio, emancipados del pecado y hechos esclavos de Dios, producís frutos que llevan a la santidad y acaban en vida eterna. Porque el pecado paga con muerte, mientras que Dios regala vida eterna por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la Primera Lectura
San Pablo termina esta primera exposición, que podríamos llamar «exterior», sobre el pecado (el capítulo 7 hablará del mismo tema pero desde la perspectiva interna del hombre), con una frase que debe de quedar grabada a fuego en nuestro corazón: EL PECADO PAGA CON LA MUERTE. Esto no siempre es fácil de comprender, como él mismo lo dice y menos en este momento de nuestra historia en donde todo busca ser explicado por medio de la ciencia y de la psicología. Debemos entender que el pecado es una realidad que afecta toda nuestra vida y no sólo nuestra parte espiritual (el alma), por ello sus consecuencias se hacen evidentes en nuestra vida y en nuestro entorno. El pecado destruye todo lo que encuentra a su paso: destruye nuestra sociedad, nuestros hogares, amistades; nos quita la alegría, la paz, la felicidad y nos hace ser personas solas, tristes, llenas de temores, remordimientos y angustias. No existe en el mundo una fuerza tan destructiva como el pecado. No permitas que esta fuerza destructora se apodere de ti y de tu entorno; pon tu vida en las manos del Señor, de quien recibirás gracia y poder para construir la sociedad del amor: busca evitar las ocasiones próximas de pecado, mantente lejos del león y no serás devorado.
Salmo 1, 1-4. 6.
R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.
Será como un árbol plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.
No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 12, 49-53.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «He venido a traer fuego a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo ¡y cómo me angustio mientras llega!¿Piensan acaso que he venido a traer paz a la tierra? De ningún modo. No he venido a traer la paz, sino la división. De aquí en adelante, de cinco que haya en una familia, estarán divididos tres contra dos y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Evangelio
No he venido a traer la paz, sino la división. Encontrarse con Cristo y dejarse tocar por su amor, necesariamente va cambiando la vida; conocerlo de verdad va renovando los criterios, los afectos y las acciones y, si no hay transformación, es necesario que te cuestiones cómo está tu relación con el Hijo de Dios y cuánto has acogido al Paráclito en tu vida.
La amistad con el Señor nos va haciendo amantes de la paz y la verdad; nos ayuda a tomar conciencia del mal realizado y por lo mismo, nos va impidiendo juzgar a los demás; nos va llevando a amar a pesar del mal recibido, a salir de nosotros mismos, a dar testimonio del amor de Dios, a ser anunciadores de la verdad que libera y, por amor a Dios y al prójimo, nos lleva a denunciar el pecado en todas sus formas; el encuentro con Cristo nos hace buscar la salvación de todos los hombres.
Y todo esto, hermano, hermana, nos va haciendo diferentes, nos va haciendo hijos y portadores de la luz, lo que nos distancia de aquellos que quieren estar sumergidos en las tinieblas del mundo. Y es justo esta diferencia, estos distintos comportamientos, metas y acciones, lo que causa la división de la que habla Cristo en el Evangelio, pues Él no ha venido para evitar conflictos a través de falsos respetos humanos, no ha venido a callar, pues Él es la Palabra eterna del Padre, sino que ha venido a enseñarnos el único camino hacia la plenitud en esta vida y la próxima y nos ha llamado para que lo anunciemos a todos los hombres.
Asumir el ser cristiano de verdad, provocará que los amantes del mundo quieran cambiarte o callarte, que personas que amas se alejen o te ataquen; y es necesario asumir esas consecuencias sin dejar de amar.
Ahora bien, si te ha pasado, te invito a que disciernas si realmente es porque rechazan a Cristo en ti, o porque tus modos, palabras o formas, se han cargado de soberbia y arrogancia; es necesario que delante de Dios, descubras si en verdad es Cristo la causa del rechazo o tu propio pecado. Si es Cristo, abraza la cruz; pero si es tu pecado, busca a tu Señor, reconcíliate con Él y con tus hermanos y trabaja arduamente en cambiar los malos modos para que no seas ocasión de pecado sino portador de la luz que ilumina las tinieblas del mundo, aunque esa luz encandile a algunos.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por: P. Luis Alberto Tirado Becerril, misionero del Espíritu Santo . En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.
Hoy Jueves Sacerdotal y Eucarístico, Jesús, te espera en el Santísimo Sacramento del Altar.
Ser adorador del Santísimo Sacramento es lo mejor en lo que puedes convertirte, con el P. Ángel Espinosa de los Monteros.
Conozcamos al santo de hoy, San Juan de Capistrano, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés desde México.
