Imagen del Santísimo Sacramento, Iglesia Matriz de San Pedro de Pelileo, Tungurahua. Theios Parrhesía.

Santa Misa presidida por el Presbítero Javier Martín, FM desde Madrid, España, Magnificat TV.
Santa Misa presidida por el Presbítero José Arturo López Cornejo, desde el pueblo de Acatlán, estado de Guerrero, México.
Liturgia de la Palabra del Lunes de la IV Semana de Cuaresma.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del libro de Isaías 65, 17-21.
Esto dice el Señor:
«Mirad: voy a crear un nuevo cielo
y una nueva tierra:
de las cosas pasadas
ni habrá recuerdo ni vendrá pensamiento.
Regocijaos, alegraos por siempre
por lo que voy a crear:
yo creo a Jerusalén “alegría”,
y a su pueblo, “júbilo”.
Me alegraré por Jerusalén
y me regocijaré con mi pueblo,
ya no se oirá en ella ni llanto ni gemido;
ya no habrá allí niño
que dure pocos días,
ni adulto que no colme sus años,
pues será joven quien muera a los cien años,
y quien no los alcance se tendrá por maldito.
Construirán casas y las habitarán,
plantarán viñas y comerán los frutos».
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de primera lectura
Esta semana, después de haber ya trabajado en nuestra vida de conversión por espacio de tres semanas, la liturgia nos invita a reflexionar sobre los frutos de esta conversión. Inicia presentándonos este pasaje de Isaías, el cual nos dice que el Señor no recordará nuestra vida pasada, es decir, nuestras infidelidades, nuestra falta de amor y compromiso, de haber estado lejos de él. Dios nos ofrece «un cielo nuevo y una tierra nueva», es decir, una nueva vía vivida en su amor y en su paz. Para ello, es necesario que también nosotros nos perdonemos. Es increíble la cantidad de personas que acuden al sacramento de la reconciliación, en donde reciben el perdón de Dios y, con ello, el olvido de sus faltas, pero que apenas salen de ahí y continúan llenas de remordimientos y sin paz. Esto es porque no se han perdonado a sí mismas, esto es dudar del perdón, del amor y de la misericordia de Dios. Si bien es cierto que el pecado nos lastima y hiere también, lo es más que el amor de Dios todo lo sana y todo lo perdona. Reconoce en ti el amor y el perdón de Dios y disfruta ya en esta tierra de la felicidad de Dios.
Salmo 29, 2. 4-6. 11-12a.13b
R/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
V/. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R/.
V/. Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R/.
V/. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R/.
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 4, 43-54.
En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.
Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: «Si no ven ustedes señales y prodigios, no creen». Pero el funcionario del rey insistió: «Señor, ven antes de que mi muchachito muera». Jesús le contestó: «Vete, tu hijo ya está sano».
Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre». El padre reconoció que a esa hora Jesús le había dicho: ‘Tu hijo ya está sano’, y creyó con todos los de su casa.
Esta fue la segunda señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Santo Evangelio
Fíjense, hay una frase que atraviesa todo este Evangelio: ‘Si no ven signos y prodigios, no creen’. No es un reproche al funcionario real solamente, es un espejo para todos nosotros.
El funcionario va donde Jesús por necesidad, no por una fe profunda, como a veces muchos de nosotros; cuando todo falla, cuando la enfermedad, el miedo o el dolor nos acorralan, es ahí entonces cuando buscamos a Dios. Y Jesús no hace un gesto espectacular, sino que solo pronuncia: ‘vete, tu hijo ya vive’.
El hombre no creyó cuando vio a su hijo curado, sino que primero creyó en la Palabra de Jesús y se puso en camino, se dio vuelta sin pruebas, sin garantías, sin evidencias. Es entonces donde manifiesta una fe auténtica, la que no se apoya primero en lo visible, sino en la Palabra de Dios. Como nos lo enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: ‘La fe es ante todo una adhesión personal a Dios. Es un asentimiento libre a su verdad revelada’.
Ahora, el signo podrá venir después, pero nunca va a sustituir el acto de fe. Por eso creer de verdad no es decir: ‘Señor, si me curas, creeré’. Eso es negociación. La verdadera fe cristiana nos lleva a decir: ‘Señor, confío en tu Palabra, incluso cuando todavía no veo nada, ni que estés actuando, ¡creo!
Bueno, esto ya lo comprendía San Agustín cuando afirmaba en uno de sus sermones: ‘No busques entender para creer, sino cree para entender’. Muchos de nosotros a veces queremos primero ver, entender y controlar, y ya después creer, pero Jesús invierte este orden. Primero es creer y confiar, luego comprender, para después ver, ver su Reino en nuestra vida. Él tiene su hora y su Palabra es eficaz, incluso cuando parece que nada está pasando.
Y hay otra cosa que quiero resaltar, otro milagro del Evangelio es que al creer el padre, toda su familia comienza a creer. La fe transforma la casa entera. Cuando alguien cree de verdad, la fe se contagia. Y hoy el Evangelio nos confronta con una pregunta muy concreta ¿En qué se apoya nuestra fe? ¿En lo que vemos o en la Palabra de Cristo? Porque al final, solo una fe que confiesa sin ver es una fe que realmente salva.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Miguel Ortiz, de la Arquidiócesis de Monterrey. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Reflexión del vigésimo séptimo día de la Cuaresma con el P. José Gabriel Ansaldi, (OSE), desde Paján, Ecuador.
Homilía de hoy con el P. Javier Carralón, Sacerdote del Instituto Secular Stabat Mater, Guadalajara, Jalisco, México.
Conozcamos a la santa de hoy, san José Gabriel Brochero con ACI Prensa y Padre Umaña Ángel desde Estados Unidos.
Recemos juntos el Santo Rosario en latín con el Proyecto Dominus Tecum
Hoy contemplamos los Misterios Gozosos.
Hoy rezamos el sexto día de la Novena a San José con el P. José Gabriel Ansaldi, Orden San Elías OSE.
¡Esta Cuaresma, hagamos que la Iglesia florezca hasta los confines de la tierra!
Desde 2016, nuestros misioneros han estado proclamando el Evangelio en los lugares más remotos.
Pero aunque la Fe es gratuita llegar a las misiones no lo es! Nuestros misioneros necesitan tu ayuda para llegar a aquellos lugares donde Cristo aún no ha sido proclamado.
¡Gracias de corazón por tu generosidad!
Haz una donación única o regular a Omnes Gentes:
• https://donorbox.org/omnesgentesproject
• https://omnesgentesproject.com/dona/
Contacto:
WhatsApp: +1 980 860 0772
Correo electrónico: donations@omnesgentesproject.com
¡Viva Cristo Rey!
Ver también: Santa Misa Dominical y Liturgia De La Palabra del Domingo de Laetare – Alégrate Jerusalén – IV Semana de Cuaresma 15032026
Les obsequiamos un especial de Cuaresma: El Santo Rosario: un camino sencillo para encontrarse con Dios, incluye el Santo Rosario en latín y español – Theios Parrhesía para ver y descargar.
Ver también: Dos sacerdotes que dieron la vida por amor: testimonio de fe, dolor y esperanza
