Imagen del Santísimo Sacramento, Iglesia Matriz de San Pedro de Pelileo, Tungurahua. Theios Parrhesía.

Santa Misa presidida por el Presbítero Javier Martín, FM desde Madrid, España, Magnificat TV.
Santa Misa presidida por el Presbítero Fernando Monzón, desde la parroquia Madre de El Salvador, ciudad de Santa Ana, El Salvador.
Liturgia de la Palabra del Martes de la IV Semana de Cuaresma.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura de la profecía de Ezequiel 47, 1-9. 12.
En aquellos días, el ángel me hizo volver a la entrada del templo del Señor.
De debajo del umbral del templo corría agua hacia el este —el templo miraba al este—. El agua bajaba por el lado derecho del templo, al sur del altar.
Me hizo salir por el pórtico septentrional y me llevó por fuera hasta el pórtico exterior que mira al este. El agua corría por el lado derecho.
El hombre que llevaba el cordel en la mano salió hacia el este, midió quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta las rodillas. Midió todavía otros quinientos metros y me hizo atravesar el agua, que me llegaba hasta la cintura. Midió otros quinientos metros: era ya un torrente que no se podía vadear, sino cruzar a nado.
Entonces me dijo:
«¿Has visto, hijo de hombre?»,
Después me condujo por la ribera del torrente.
Al volver vi en ambas riberas del torrente una gran arboleda. Me dijo:
«Estas aguas fluyen hacia la zona oriental, descienden hacia la estepa y desembocan en el mar de la Sal, Cuando hayan entrado en él, sus aguas serán saneadas. Todo ser viviente que se agita, allí donde desemboque la corriente, tendrá vida; y habrá peces en abundancia. Porque apenas estas aguas hayan llegado hasta allí, habrán saneado el mar y habrá vida allí donde llegue el torrente.
En ambas riberas del torrente crecerá toda clase de árboles frutales; no se marchitarán sus hojas ni se acabarán sus frutos; darán nuevos frutos cada mes, porque las aguas del torrente fluyen del santuario; su fruto será comestible y sus hojas medicinales».
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la primera lectura
Jesús ha venido para hacerlo todo nuevo, para darnos una vida nueva. De la misma manera como el agua de la profecía de Ezequiel cambiaba el mar en agua dulce, así el amor y la gracia de Dios transforman nuestra amargura, soledad y frustración en paz y gozo. Nos fecunda para que nuestra vida estéril dé fruto y para que este fruto permanezca. Esta pausa que hace la Cuaresma nos recentra en nuestra vida cristiana y nos hace desear, con todas nuestras fuerzas, que los frutos de la redención se hagan presentes en nosotros, en nuestra vida y en nuestra familia. El Agua pura del Espíritu vivifica, renueva, sana. Si quieres que este efecto vivificador de Dios se vaya realizando en tu vida, incrementa un poco tu oración, verás entonces grandes y profundos cambios en tu vida.
Salmo 45, 2-3. 5-6. 8-9
R/. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
V/. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra,
y los montes se desplomen en el mar. R/.
V/. Un río y sus canales alegran la ciudad de Dios,
el Altísimo consagra su morada.
Teniendo a Dios en medio, no vacila;
Dios la socorre al despuntar la aurora. R/.
V/. El Señor del universo está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Venid a ver las obras del Señor,
las maravillas que hace en la tierra. R/.
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 5, 1-16.
Era un día de fiesta para los judíos, cuando Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, una piscina llamada Betesdá, en hebreo, con cinco pórticos, bajo los cuales yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Entre ellos estaba un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Al verlo ahí tendido y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo en tal estado, Jesús le dijo: «¿Quieres curarte?» Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando logró llegar, ya otro ha bajado antes que yo». Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda». Al momento el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.
Aquel día era sábado. Por eso los judíos le dijeron al que había sido curado: «No te es lícito cargar tu camilla». Pero él contestó: «El que me curó me dijo: ‘Toma tu camilla y anda'». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el que te dijo: ‘Toma tu camilla y anda’?» Pero el que había sido curado no lo sabía, porque Jesús había desaparecido entre la muchedumbre. Más tarde lo encontró Jesús en el templo y le dijo: «Mira, ya quedaste sano. No peques más, no sea que te vaya a suceder algo peor». Aquel hombre fue y les contó a los judíos que el que lo había curado era Jesús. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Santo Evangelio
Esta historia del hombre en la piscina de Betesdá nos pone un espejo frente a nosotros y nos obliga a hacernos una pregunta muy honesta en esta Cuaresma ¿realmente queremos sanar o ya nos acomodamos en nuestra enfermedad?
Este hombre llevaba 38 años esperando un milagro, pero cuando Jesús se le acerca, lo primero que hace es dar excusas y culpar a los demás por su situación. En nuestra vida es muy fácil caer en lo mismo, a veces nos quejamos de que estamos estancados, de que nuestra relación no mejora o de que no podemos dejar un mal hábito, pero en el fondo nos hemos acostumbrado tanto a nuestra camilla que nos da miedo intentar algo diferente.
Lo que Jesús hace es romper este círculo de excusas con una orden directa: ‘Levántate, toma tu camilla y camina’. No esperó a que el agua se moviera ni a que alguien viniera a cargarlo; le pidió que hiciera precisamente aquello que pensaba que era imposible.
Esta reflexión nos invita a entender que Dios ya puso su parte, pero a nosotros nos toca la acción de levantarnos; en el día a día esto significa dejar de esperar que las condiciones sean perfectas para cambiar. La Cuaresma es el tiempo de dejar de mirar la piscina de los lamentos y empezar a caminar con la fuerza que el Señor nos da. Aunque sintamos que todavía nos tiemblan las piernas, debemos tomar la iniciativa, aprovechar el entorno y los recursos que la Iglesia nos da en este tiempo: la ayuda de nuestro pastor, el sacerdote, nuestros hermanos que caminan más adelante de nosotros en la fe.
El Evangelio también nos hace ver que cuando nos decidimos a cambiar y mejorar, siempre va a haber alguien, siempre va a haber voces que nos critiquen o que prefieran vernos igual que antes. No hagamos caso, Jesús nos dice: ‘mira, ya quedaste sano, no peques más, no sea que te vaya a suceder algo peor’. La sanación que buscamos en Jesús no es solo sentirnos mejor por un rato, no es una pastilla que nos va a aliviar momentáneamente el dolor, sino vivir mejor en una vida en plenitud.
No dejes que el milagro se pierda por volver a los mismos errores de siempre. Levantar la camilla es el primer paso, pero caminar hacia una vida nueva es la tarea que tenemos todos los días.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Juan Lara, miembro de Vivir en Cristo. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Reflexión del vigésimo octavo día de la Cuaresma con el P. José Gabriel Ansaldi, (OSE), desde Paján, Ecuador.
Homilía de hoy con el P. Javier Carralón, Sacerdote del Instituto Secular Stabat Mater, Guadalajara, Jalisco, México.
Conozcamos al santo de hoy, san Patricio con los canales de youtube Santuario de los Mártires y La vida de los santos.
Recemos juntos el Santo Rosario en latín con el Proyecto Dominus Tecum
Hoy contemplamos los Misterios Dolorosos.
Hoy rezamos el séptimo día de la Novena a San José con el P. José Gabriel Ansaldi, Orden San Elías OSE.
¡Esta Cuaresma, hagamos que la Iglesia florezca hasta los confines de la tierra!
Desde 2016, nuestros misioneros han estado proclamando el Evangelio en los lugares más remotos.
Pero aunque la Fe es gratuita llegar a las misiones no lo es! Nuestros misioneros necesitan tu ayuda para llegar a aquellos lugares donde Cristo aún no ha sido proclamado.
¡Gracias de corazón por tu generosidad!
Haz una donación única o regular a Omnes Gentes:
• https://donorbox.org/omnesgentesproject
• https://omnesgentesproject.com/dona/
Contacto:
WhatsApp: +1 980 860 0772
Correo electrónico: donations@omnesgentesproject.com
¡Viva Cristo Rey!
Ver también: Santa Misa y Liturgia De La Palabra del Lunes de la IV Semana de Cuaresma 16032026
Les obsequiamos un especial de Cuaresma: El Santo Rosario: un camino sencillo para encontrarse con Dios, incluye el Santo Rosario en latín y español – Theios Parrhesía para ver y descargar.
Ver también: Dos sacerdotes que dieron la vida por amor: testimonio de fe, dolor y esperanza
