Imagen: Jesús Buen Pastor. Theios Parrhesía

Santa Misa presidida por el Presbítero Gabriel Quintero, desde la parroquia María Madre de El Salvador, ciudad de Santa Ana, El Salvador.
Santa Misa presidida por el Presbítero Víctor Torres Cisneros, desde la parroquia San Luis Gonzaga y Bartolomé, Puerto Rico.
Liturgia de la Palabra del Lunes de la IV Semana de Pascua.
Compartido por el P. Roberto Rodríguez, Rector del Seminario Mayor de Guayaquil «Francisco Xavier de Garaycoa»
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 11, 1-18.
En aquellos días, los apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los gentiles habían recibido la palabra de Dios. Cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión le dijeron en son de reproche:
«Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos».
Pedro entonces comenzó a exponerles los hechos por su orden, diciendo:
«Estaba yo orando en la ciudad de Jafa, cuando tuve en éxtasis una visión: una especie de recipiente que bajaba, semejante a un gran lienzo que era descolgado del cielo sostenido por los cuatro extremos, hasta donde yo estaba. Miré dentro y vi cuadrúpedos de la tierra, fieras, reptiles y pájaros del cielo. Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”. Yo respondí:
«De ningún modo, Señor, pues nunca entró en mi boca cosa profana o impura”. Pero la voz del cielo habló de nuevo: «Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano”. Esto sucedió hasta tres veces, y de un tirón lo subieron todo de nuevo al cielo.
En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía. Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos, y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: “Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa”.
En cuanto empecé a hablar, bajó sobre ellos el Espíritu Santo, igual que había bajado sobre nosotros al principio; entonces me acordé de lo que el Señor había dicho: “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo”. Pues, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para oponerme a Dios?».
Oyendo esto, se calmaron y alabaron a Dios diciendo:
«Así pues, también a los gentiles les ha otorgado Dios la conversión que lleva a la vida».
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Reflexión de la primera lectura
De nuevo aparece en escena el binomio: Oración – Voluntad de Dios. Fue precisamente estando en oración como Pedro y el hombre que fue bautizado por éste, fueron advertidos. Y es que la oración es el medio ordinario por el cual Dios va comunicando su voluntad a sus hijos, de manera que una persona que ora todos los días y que busca con todo su corazón al Señor, sin lugar a dudas que, aun en la más oscura de las noches, encontrará el camino seguro; en medio de la crisis, caminos de solución; en la pena y el dolor, la consolación y sobre todo, en todo momento, irá descubriendo la voluntad de Dios para cada uno de sus proyectos e iniciativas. La oración es el «mileu» o lugar en el cual el Espíritu se manifiesta, concediendo a sus fieles abundantes dones, carismas y consolaciones. De manera que no orar puede ser considerado como un verdadero suicidio espiritual. Un santo sacerdote decía: «Nunca dejes lo importante por hacer lo urgente», recuerda siempre que lo más importante de tu día es tu oración.
Salmo 41,2-3; 42, 3-4
R/. Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo.
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? R/.
Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada. R/.
Me acercaré al altar de Dios,
al Dios de mi alegría,
y te daré gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío. R/.
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 10, 11-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el dueño de las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí, así como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre. Yo doy la vida por mis ovejas. Tengo además otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga también a ellas; escucharán mi voz y habrá un solo rebaño y un solo pastor.
El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo también para volverla a tomar. Este es el mandato que he recibido de mi Padre».
Palabra de El Señor.
Gloria y Honor a Ti, Señor Jesús.
Reflexión del Santo Evangelio
Familia, el Evangelio de hoy nos invita a preguntarnos ¿qué o quién hemos considerado como nuestro pastor? Y tenemos que tener mucho cuidado porque a lo largo de nuestra vida se nos van a ir presentando no solo asalariados, sino también mercenarios, ideologías que prometen seguridad, modas que tal vez prometen éxito, criterios mundanos que prometen bienestar, comodidad, pero que van a desaparecer cuando llegue el lobo del sufrimiento, de la enfermedad o de la cruz.
Y por el contrario, vemos a Jesús que se presenta como el buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Cristo siempre va a permanecer, aun cuando todo se derrumbe. O sea, Cristo no nos ama en abstracto; incluso nos conoce y conoce nuestras caídas, nuestras incoherencias, nuestras mediocridades, nuestras falsedades, nuestros pecados y aun así nos ama y da la vida por nosotros.
El Catecismo de la Iglesia dice que la Iglesia es redil y nosotros sus ovejas y, aunque a veces estamos esas ovejas gobernadas por pastores humanos, dígase los obispos o sacerdotes de alguna manera como administradores, son, sin embargo, todas las ovejas de la Iglesia guiadas y alimentadas constantemente por el mismo Cristo.
Y en el Evangelio Jesús afirma que sus ovejas lo conocen y escuchan su voz. La cuestión es si sabemos reconocer a Cristo, si sabemos reconocer su voz, porque a veces su voz se va a manifestar en los acontecimientos de nuestra vida, incluso en esos acontecimientos que no entendemos. Otras veces su voz se deja oír en el silencio de la oración.
Pero para reconocerla hace falta trato, comunión. Quien no ora, quien no se expone a la Palabra, termina confundiendo la voz del Pastor con la del ruido del mundo, de los asalariados o de los mercenarios. Escuchamos su voz porque solo así podremos dejarnos pastorear y quien lo hace experimenta consecuencias concretas: pasa en medio de la incertidumbre, fortaleza en la prueba, claridad moral en la confusión, unidad en lugar de dispersión.
Claro, esto no significa ausencia de sufrimiento, sino presencia de sentido, porque escuchar la voz del Pastor verdadero solo nos conduce a la vida verdadera.
Esta reflexión del Evangelio fue escrita por:
Pbro. Miguel Ortiz, de la Arquidiócesis de Monterrey. En colaboración con Evangelización Activa.
Permite que el amor de Dios llene hoy tu vida. Ábrele tu corazón, como María, todo por Jesús y para Jesús.
Pbro. Ernesto María Caro.
Bendiciones para ti y toda tu familia.
Que tengas un excelente día con Jesús, José y María.

Homilía de hoy con Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante, España.
Homilía de hoy con el P. Javier Carralón, Sacerdote del Instituto Secular Stabat Mater, Guadalajara, Jalisco, México.
Homilía de hoy con el P. Santiago Martín, FM desde Madrid, España. Magnificat.TV
Homilía de hoy con el P. Martín Ávalos Magaña, parroquia Madre de El Salvador, ciudad de Santa Ana, El Salvador.
Durante la Pascua hasta el día de Pentecostés rezaremos la oración «Regina Caeli» en vez del Ángelus .

ESPAÑOL
G: Reina del cielo, alégrate, aleluya.
T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.
G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.
T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
G: Goza y alégrate Virgen María, aleluya.
T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.
Oremos:
Oh Dios, que por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amen. (tres veces)
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LATÍN
V: Regina caeli, laetare, alleluia.
R: Quia quem meruisti portare, alleluia.
V: Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
R: Ora pro nobis Deum, alleluia.
V: Gaude et laetare Virgo María, alleluia.
R: Quia surrexit Dominus vere, alleluia.
Oremus:
Deus, qui per resurrectionem Filii tui, Domini nostri Iesu Christi, mundum laetificare dignatus es: praesta, quaesumus; ut, per eius Genetricem Virginem Mariam, perpetuae capiamus gaudia vitae. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.
Gloria Patri, et Fili, et Spiritui Sancto. Sicut erat in principio, et nunc et semper, et in saeccula saeculorum. Amen. (3 veces)
Benedicto XIV estableció, en 1742, que durante el tiempo Pascual (desde la Resurrección del Señor hasta el día de Pentecostés) se sustituyera el rezo del Ángelus por la antífona «Regina Caeli».
Reflexión: Medios para adquirir la paz interior – padecer sin inquietud las arideces , con el P. José Gabriel Ansaldi, (OSE), desde Paján, Ecuador.
Conozcamos al santo de hoy, Santa Zita, con el P. José de Jesús Aguilar Valdés, desde México y Despertar con Dios.
Recemos juntos el Santo Rosario en latín con el Proyecto Dominus Tecum
Hoy contemplamos los Misterios Gozosos.
Ver también: Liturgia de Las Horas para hoy Lunes de la IV Semana de Pascua
Ver también: Jesús Buen Pastor – Santa Misa y Liturgia de La Palabra del IV Domingo de Pascua 26042026
